Créditos universitarios: ¿mejora de la educación o lastre de por vida?

Un grupo de economistas estudia la implantación de préstamos ligados a la renta; la fórmula ya existió en España y, al cambiar las condiciones, dejó endeudados a 5.000 graduados


Redacción / La Voz

¿Paga poco un universitario en España por su formación? ¿Le sale caro al sistema? El debate ha vuelto a los estudios de los economistas. El último ha sido el de Fedea, la Fundación de Estudios de Economía Aplicada, que analiza la implantación en nuestro país de los préstamos para universitarios: que cada estudiante se haga cargo del precio real de su formación.

Un estudiante de la Universidade de Santiago paga de matrícula entre 600 y 1.000 euros por curso. Si el grado es de Humanidades, el alumno abonará unos 2.400 euros. Una carrera completa que a la USC le cuesta más de 18.000 euros. Si es una ingeniería, la USC invertirá 28.000 euros. El alumno pagará 3.300. «El gobierno abona el 80 % de los gastos universitarios», dicen Antonio Cabrales, Maia Güell, Rocío Madera y Analía Viola, autores del estudio. Su idea son los préstamos universitarios contingentes a la renta. Es decir, cada estudiante solicitaría el importe del coste real de su carrera y lo devolvería cuando empezase a tener ingresos. Y ponen el siguiente ejemplo: un alumno solicita 21.000 euros, que empezaría a pagar solo cuando tenga unos ingresos de 15.000 euros al año, al 0 % de interés y con una tasa de devolución del 10 % de la renta anual por encima del mínimo exento. Es decir, si el titulado no trabaja o cobra menos de 15.000 euros, no pagaría y la deuda se cancelaría a los 25 años. Una propuesta con muchos flecos. ¿Cuál sería el tipo de interés? ¿Se pagaría en función de la renta? «Que los intereses varíen es una decisión política. Cuanto más bajo es el interés, menos progresivo es el sistema y el Estado tiene que hacerse cargo de una mayor proporción del coste de la educación», apunta Cabrales.

¿Habría penalización por dejar de pagar? Y si pide una carencia, ¿iría arrastrando deuda? «Si el graduado pierde el empleo, o pasa a ganar menos del mínimo exento, no pagaría nada. La única penalización existe si el tipo de interés es distinto a cero. En ese caso se acumulan intereses del período que no se paga. El Estado podría decidir que no se acumulen intereses en ese tiempo».

Es en todo esto donde surgen las dudas de cuánto devolvería en realidad de un préstamo de 21.000 euros un estudiante español. Los cálculos de Fedea apuntan a que el 25 % de los graduados que acaben cobrando más sufragarían los estudios del 10 % que peores condiciones laborales tengan. «Aquellos que ganen menos, no pagarían el total de sus estudios por dos vías. Mientras ganan por debajo de 15.000 euros, no pagan nada. La segunda es que, llegado el límite de pago, 25 años, la deuda se cancela. Los que ingresan algo más, pueden pagar algo más del coste de la educación por la vía del tipo de interés».

Alberto Vaquero, profesor de Economía Aplicada de la Universidade de Vigo, y experto en la materia, cree que es necesario encontrar «vías alternativas de recursos» para la universidad. Cree que el préstamo-renta sería una buena solución para aquellos que no puedan optar a becas o ayudas. «Además, el alumno adquiere cierta corresponsabilidad, mejorando el aprovechamiento de los estudios». Piensa incluso que muchas familias se liberarían del esfuerzo de pagar la educación de los hijos, «salvo que sean avalistas».

Muchos se preguntan ya si la realidad del mercado laboral posibilitaría la devolución de los préstamos. El pasado julio, el paro juvenil se situaba en la UE en el 14,8 % (en el 2013 era del 24 %). En España los números suben. Ahora mismo, el 33,4 % de los jóvenes están desocupados. En Galicia, la EPA dice que, de 318.000 chicos y chicas de entre 16 y 29 años, el 38,3 % (122.000 personas) están ocupados. El 11,6 % (37.000) están parados. Pero existe otra categoría: «inactivos». Ellos y ellas son más de 159.000, es decir, más del 50 %. Y vamos más al detalle: de los 122.000 que trabajan, 41.000 jóvenes tienen un contrato indefinido frente a los 71.000 que han firmado un acuerdo temporal. De esos 122.000 que trabajan, 55.400 tienen educación superior.

Fedea se basa en casos reales como los de Nueva Zelanda, Australia o Reino Unido. En este último, cada curso se puede mover entre los 7.800 euros y los casi 17.000. Los préstamos se dividen en dos: el importe de la matrícula, que puede llegar como máximo a las 9.250 libras al año, 10.423 euros, y la parte del mantenimiento que son 8.700 libras fuera de Londres y más de 11.000 en la capital. Una cuenta que depende de la renta familiar. Los estudiantes no tienen que devolver el crédito hasta que cobran 21.000 libras, poco más de 23.000 euros. Y solo lo hacen por el porcentaje que supere esa cifra. Si un graduado gana al año 25.000 libras (27.974 euros), pagará el 9 % de 4.000 libras. Es decir, 360 libras al año, 30 libras al mes (33,54 euros). Pasados 35 años el préstamo se invalida y el estudiante ya no debería nada. «En Reino Unido es un organismo público quien otorga los préstamos. El Estado se hace cargo de los impagos, si los intereses de los que pagan no son suficientes para compensarlos», dice Cabrales. Un sistema que en Inglaterra funciona, entre otras cosas, porque el paro juvenil no llega al 15 %.

Otro caso de referencia: Nueva Zelanda. Un graduado en Arquitectura habría pedido durante su formación entre 40.000 y 50.000 dólares neozelandeses. Es decir, entre 22.800 y 28.500 euros. Ahora mismo tiene 25 años, su salario anual, en euros, es de 28.000. ¿Cuánto devuelve al mes de su préstamo estudiantil? 171 euros al mes, sin intereses.

Muy diferente a lo que sucede en Estados Unidos. Las familias ahorran obsesivamente para pagar la formación de sus hijos. Una carrera cuesta allí de media por curso 30.000 euros. 44 millones de estadounidenses deben 1.400 millones de dólares, que pagarán de por vida.

«Esta fórmula debería centrarse en los estudiantes de los últimos cursos y solo para universitarios. El tipo de interés durante los primeros años tendría que ser muy bajo. El posterior, debería ser suficiente para que el alumno tenga un incentivo para finalizar la carrera cuanto antes. Además, la devolución de cuotas debe ser flexible», explica Alberto Vaquero. Este economista gallego lo dice porque este tipo de préstamos ha dejado ya en España a 5.000 estudiantes atrapados. Los creó Zapatero en el 2007: el tipo de interés era 0 y se tenía que devolver por encima de 22.000 euros al año. Poco después, la devolución del crédito se desligó de la renta, pero había que pagarlo sí o sí. El ministro Pedro Duque anunciaba hace unos días que buscará una solución para personas como Ana Méndez, una viguesa de 38 años acuciada por las deudas. Ella pidió 12.000 euros para un máster. No consiguió trabajo y pidió una carencia de 3 años. Los intereses no dejaron de acumularse y ahora paga 110 euros al mes, que en breve pasarán a ser el doble. «He ido trampeando con trabajos de todo tipo. Hace dos meses que estoy en lo mío, pero es temporal. Llevo pagando tres años y es insostenible. Además, el banco me acosa telefónicamente». Fedea reconoce que su propuesta es similar a esta. «La primera convocatoria tenía interés cero. El período de pago fue reduciéndose con el tiempo y es lo que ha dado lugar a los problemas actuales», dice Cabrales. «La falta de flexibilidad para pagar el crédito conlleva estas graves situaciones. La aplicación en España no ha tenido éxito. Habría que rediseñar su funcionamiento», sentencia Vaquero.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
0 votos
Comentarios

Créditos universitarios: ¿mejora de la educación o lastre de por vida?