«Encadenar contratos temporales llega a afectar al declive demográfico»

El profesor Ramón Núñez advierte de que la temporalidad obliga a «organizar la vida en función de tus posibilidades»


Redacción / La Voz

Ramón Núñez es profesor de Economía Aplicada en la Universidade da Coruña. Alerta sobre el «grave problema» al que se enfrenta la economía española ante la elevada tasa de temporalidad.

-¿La reforma de 1984 marca el inicio de la temporalidad?

-Es un mercado anómalo, con una elevadísima temporalidad y altas tasas de paro. Te hace único en Europa. La temporalidad arranca ese año, con unos contratos para flexibilizar las condiciones de entrada y salida de trabajadores. Sobre el papel, está bien. Pero da con la realidad de cómo es la economía española, con sectores muy tradicionales. Hay muy poca innovación.

-¿Cómo afecta eso a la duración de los contratos?

-Tendemos a sectores que hemos sabido hacer durante toda la vida: turismo, hostelería y construcción. Eso tiene que ver con cómo es la estructura de las empresas. En el 2015, de 3,4 millones de empresas, 1,9 millones tienen a un solo empleado. Son autónomos que, en mayor medida, están buscando sobrevivir. Trabajan más pendientes por su supervivencia que por un plan de negocio a largo plazo.

-Y ahí también aparecen los falsos autónomos de hoy.

-Claro. Es importante que haya un marco jurídico estable y respetado. El problema es que ese marco, sobre todo a partir del 2012, no ha conseguido acabar con la temporalidad. Un ejemplo: en agosto se firmaron 1,4 millones de contratos indefinidos y 13 millones de temporales. No es todo empleo nuevo, sino gente que entra y sale con contratos por días o por horas.

-¿Hay forma de revertir esto?

-Es difícil. Con el marco jurídico no llega. Si pones uno muy estricto, puedes afectar a la estructura de coste de las empresas o hacer que pierdan competitividad. El grupo de los trabajadores temporales se iría, rápidamente, a la economía sumergida. Más del 90 % de las empresas son microempresas, estamos lejos del resto de países europeos. Es difícil competir así.

-¿Para qué sirve un mercado de trabajo dual equilibrado?

-La contratación temporal es necesaria, pero en España abusamos de ese mecanismo. Lo utilizamos para abaratar costes laborales. Entiendo que, cuando la gente empieza a trabajar, sea del nivel que sea, esté en ese período de prueba durante unos meses. Pero no creo que haga falta más de un año para ver si ese trabajador te sirve o no. Lo que no es razonable es que los jóvenes estén en esta situación de temporalidad durante 4 o más años. Y, entre mujeres, es aún peor esa tasa.

-En agosto, la mitad de los menores de 35 años tenían contratos temporales. ¿Les afecta en las decisiones de su futuro?

-Eso es un problema gordo. A contratos temporales podemos asociar rentas un poco más bajas y la ausencia de planificación. Asumes un riesgo notable a la hora de organizar tu futuro. Si estás encadenando contratos temporales, eso afecta a tus decisiones de ahorro y de consumo. No te planteas determinados gastos. La emancipación del hogar paterno se posterga a etapas muy tardías, la media de edad para tener hijos es cada vez más alta y eso también influye en el propio declive demográfico español y gallego. Organizas la vida en función de tus posibilidades.

-¿Cómo influye esa incertidumbre a la economía del país?

-Hay algunos bienes, como los de consumo diario, que no deberían verse especialmente afectados. Pero ya se está viendo en la tardanza de la salida al mercado de la vivienda. Aunque hay un espejismo: antes había crecido mucho durante la burbuja porque había crédito muy fácil. Si este hubiese sido más duro, sería la temporalidad la que hubiese dominado las decisiones.

-¿Contribuye esto a inflar la burbuja del alquiler?

-Otra burbuja más. Si la gente está con contratos temporales y con condiciones crediticias tan duras como ahora, la gente no se mete a comprar un piso. Como mucho, alquiler. Eso explica, en parte, cómo están subiendo los alquileres. 

«Me pasé la vida aplazando cosas por no ser indefinida»

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La incertidumbre de los trabajadores temporales baja el consumo interno, que supone más del 57 % del PIB nacional. España es líder europeo en temporalidad

Claudia tiene 37 años y un contrato en prácticas. No es su verdadero nombre, pero ve arriesgado presentarse sin saber hasta cuándo mantendrá su puesto. «No sé lo que va a pasar. Tengo esa sensación de que, mientras no te echen, ya es un triunfo», sonríe. En España hay otras 600.000 personas como ella, profesionales de entre 35 y 40 años con fecha de caducidad en su lugar de trabajo. Pero no siempre fue así, al menos para esta informática. 

«No había contratos como los que hay ahora. Estuve en sitios donde ya era fija pasados tres meses», recuerda. Claudia calcula que «todo empezó a ir de mal en peor» en el 2008, el año en que comenzó una crisis económica que en cuestión de meses segó más de un millón de empleos hasta alcanzar una tasa de paro que rozó el 15 % en diciembre. «Ahí se estropeó la cosa. Se tomaron decisiones que no favorecieron nada a los contratos».

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