Ana García: «No estoy de acuerdo con la gasolinera de autoservicio»

Empezó a trabajar muy joven como comercial en el campo de los hidrocarburos y estuvo 22 años en la misma empresa, pero llegó la crisis, se quedó sin trabajo y se puso el mundo por montera; hipotecó la herencia de su abuela y creó su propia marca de gasolineras, SBC. Ya tiene cinco y va a por la sexta. Está satisfecha, aunque reconoce que vivía más tranquila cuando cobraba un sueldo fijo.


Santiago / La Voz

Hija de un matrimonio de emigrantes de Boqueixón, Ana García nació en París, pero con un año de vida regresó para que la cuidase su abuela, que como suele ocurrir en estos casos, «fue mi verdadera madre». No le gustaba estudiar, así que reconoce que tomó el camino más fácil e hizo Administrativo. Pero el destino le deparaba otras metas: enseguida se incorporó al mercado laboral y trabajó duro durante 22 años en la misma empresa.

-¿Eligió usted trabajar en el sector de los hidrocarburos? No es lo habitual en el campo laboral femenino...

-No, no fue así. Mandaba currículos y no aparecía nada, y al final, por mi entorno, acabé encontrando trabajo como agente comercial en la operadora petrolífera Saras Energía. Tenía 22 años y empecé de cero. Al principio me costó porque no era muy habladora, mi primer sueldo fue de 25.000 pesetas. Pero poco a poco fue mejorando la situación y descubrí que me gustaba la parte comercial, hablar y tratar con el cliente. Le vendía el gasoil a las gasolineras de Galicia y parte de Asturias.

-¿En qué momento dio el paso y se hizo empresaria?

-Con la crisis me quedé sin trabajo porque hubo reducción de personal y en el 2013 todo se centralizó en Madrid. La verdad es que mi jefe y yo lo veíamos venir y ya habíamos hablado de la posibilidad de montar alguna gasolinera. La dueña soy yo, pero él fue quien me buscó la financiación en Madrid, porque aquí en Galicia, los bancos se reían de mí. Él consiguió los préstamos para las tres primeras gasolineras, que las abrimos en Santiago, Ribeira y A Coruña, de ahí el nombre de la empresa, SBC, por Santiago, Barbanza y A Coruña.

-No habrá sido fácil...

-Pues no, la verdad es que tuve que hipotecar la herencia que me había dejado mi abuela. Tuve que arriesgar y al principio no dormía, era mucho más cómodo vivir con un sueldo fijo. Pero estoy muy satisfecha, ha valido la pena.

-¿Cuántas gasolineras tiene ahora?

-Después de esas tres abrimos otra en Narón y el año pasado, otra en A Estrada. Este mes vamos a abrir otra en Cambados.

-¿Cuál es la línea de negocio? Aunque tienen descuentos, las suyas no son exactamente gasolineras low cost, ¿verdad?

-Las gasolineras low cost propiamente dichas son las de autoservicio, y yo no estoy de acuerdo con la gasolinera de autoservicio, el cliente no debería tocar la manguera. Pueden tener el precio más bajo porque no tienen gastos de personal, pero no dan el mismo servicio. Yo creo que tener personal debería ser obligatorio. De hecho, yo siempre hablo en plural porque somos un equipo. En realidad, todas cargamos el combustible en A Coruña, pero luego puedes usar el combustible aditivado o no. En mi caso, registré mi marca y el aditivo es lo que marca la diferencia, porque es más caro pero limpia el motor y no echa tanto humo. Yo, lo que quiero para mí, lo quiero para mis clientes. Soy muy exigente y tengo muy en cuenta la limpieza y la atención al cliente. Tenemos acuerdos con empresas y con autónomos a los que ofrecemos descuentos dependiendo del consumo, y una tarjeta de fidelización. Ahora también pusimos en marcha el pago con móvil, de tal manera que, desde cualquier lugar, puedes abrir el surtidor. Nosotros tenemos un margen de ganancia y yo, con mi beneficio, puedo hacerle un descuento al cliente, en eso consiste el negocio. Para los operadores, el precio es para todos el mismo; es como un pantalón de una determinada marca, que te puede costar más o menos dependiendo de dónde lo compres.

La casa, la cocina... y París

Ana García está casada y los hijos ya los tiene más o menos criados: «La mayor tiene 20 años y está haciendo Derecho en Madrid, y el niño tiene 13 y está estudiando». Así que ahora podría disfrutar de más libertad, pero asegura que es muy casera y que a ella lo que más le gusta es cocinar. «Además, mi marido se dedica al transporte de mercancías peligrosas y tiene también una constructora, y yo me paso el día en las gasolineras y el sábado por la mañana también, así que tampoco tenemos tanto tiempo libre, lo que hacemos es trabajar. Vacaciones no podemos cogerlas, como mucho aprovechamos algún puente para pasar unos días los cuatro juntos». Vive en Santiago pero restauró la casa de Boqueixón que le dejó su abuela para pasar los fines de semana. Y si bien no viaja mucho, sí le encanta volver siempre que puede a París, donde sigue teniendo parientes y amigos. «La Navidad siempre la pasamos allí, es una ciudad que nos gusta mucho».

«Soy feminista y apoyo a la mujer, pero también tengo algunos empleados varones»

En las gasolineras SBC trabajan, sobre todo, mujeres. No es un sector tradicionalmente femenino, pero se debe a un empeño personal de la empresaria. «Soy feminista y apoyo a la mujer», asegura. «Pero también tengo algunos empleados varones y estoy igualmente contenta con ellos».

-¿Cuántos trabajan en la actualidad en las estaciones de servicio?

-Somos 35 personas y solo 6 empleados son hombres. No es que tenga ningún problema con ellos, eso lo quiero dejar claro. Pero es que, aunque yo no lo haya sufrido, he visto muchos desprecios y cosas así. Yo defiendo a mis empleadas y no comparto que vayan a crearte un problema después por tener hijos. Simplemente se cogen su baja, la cubres, y luego vuelven. Y si tienen hijos, mejor, porque son más responsables. ¿Que tienen que coger un día por asuntos familiares? Pues lo cogen... Yo muchas veces a los hombres les pregunto, ‘¿pero a ti quién te trajo al mundo, tu madre o tu padre?’ Pues habrá que defender a las madres...

-¿Es un mundo machista?

-Sí que lo es.

-¿No hay mujeres empresarias como usted?

-Sí, hay algunas más, aunque no muchas. La mayoría, porque heredaron el negocio.

-¿Qué opina de las declaraciones de la ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, cuando dijo que el diésel tiene los días contados?

-No creo que sea cierto y hay una confusión respecto a la contaminación del diésel. Cada vez hay más coches híbridos, pero las eléctricas y la energía eólica también contaminan. Yo creo que se precipitó la ministra.

-El precio del combustible está por las nubes. ¿Afecta a las ventas?

-Sí, siempre afecta. Cuando sube, en lugar de echar 50 euros hay gente que echa 10. Hay personas que tienen un presupuesto para combustible y de ahí no pasan.

-¿A qué se debe ahora esta subida de precios tan exagerada?

-A veces hay picos por conflictos en los países árabes, pero lo que sube el precio, sobre todo, son los impuestos, y sube tanto para nosotros como para los clientes. Pero es que de alguna manera tenemos que pagar los servicios públicos...

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