«Los mayores quieren estar en casa y somos casi como su familia»

Quería estudiar Medicina pero no pudo ser. «Soy una médica frustrada», dice. Pero dio con su vocación, los servicios sociales, y creó una empresa de ayuda a domicilio y a la dependencia que ya tiene 43 trabajadores y 160 usuarios. Como la del médico, la finalidad es asistencial. «Los mayores te cogen de la mano hasta el último día, y eso es lo mejor»


Santiago / La Voz

No pudo entrar en Medicina pero se diplomó en Trabajo Social y ahí encontró María José Veiga su vocación y su futuro. Natural de Melide, realizó diversos trabajos hasta que se casó, se fue a vivir a Oleiros y se quedó embarazada. Entonces decidió que los horarios se los tenía que marcar ella y que quería ser su propia jefa.

-¿Por qué se decidió por una empresa de ayuda en el hogar?

-Me gustaban tanto los mayores como los niños, pero cuando hice prácticas tuve que intervenir en un caso de un menor que hubo que separar de su madre, y me di cuenta de que eso no era para mí. Con los mayores es diferente, la población está envejecida y muchos están abandonados, cuando en realidad la sabiduría la tienen ellos. Es el respeto que les tengo hasta el último día de su vida y las lecciones que te dan... Con los años te das cuenta de la razón que tenían los tuyos cuando te aconsejaban, y ahora muchas veces no se les hace caso.

-¿Y por qué en Melide?

-Hice un estudio de campo en la zona de Cambre y A Coruña, pero en Cambre ya había una empresa de ayuda a domicilio y nunca me gustó entrar pisando a nadie porque hay mercado para todos. Ya había hecho las prácticas en Melide y conocía al personal del concello y a muchos usuarios, y soy de Melide, mis padres también son de Melide, y ya se sabe cómo es: ‘¿E logo ti de quen ven sendo’? Y eso te facilita mucho las cosas, entras en las casas y no te quedas en la puerta, vas hasta la cocina.

-¿Qué zona abarca Amigos Maduros?

-Es una zona muy amplia en la que hay mucha gente mayor. Melide, Arzúa, Toques, Santiso, Curtis, Boimorto, y hasta Palas de Rei, que es de Lugo pero nos llaman porque no tenían servicio. Nos llaman incluso de Pontevedra, pero creo que no podría dar un servicio de calidad y eso es lo que tiene que primar. En esta zona ya no encontramos trabajadoras que tengan la formación y la titulación que exige la ley. Nos cuesta mucho encontrar gente preparada porque esto tiene que ser vocacional, hay que atender a personas con patologías muy complicadas.

-¿Son servicios concertados o particulares?

-En el caso de Melide hemos ganado un concurso y trabajamos el servicio de ayuda básica y la atención a la dependencia de todo el concello. De otros ayuntamientos nos llaman y cubrimos bajas o vacaciones, y la mayoría, son usuarios que vienen derivados de la trabajadora social del centro de salud de Melide o de Arzúa, y también de los concellos colindantes, o bien por el boca a boca nos llegan los usuarios. Basta que una auxiliar vaya a un domicilio para que un vecino lo quiera, y no te preguntan ni el precio.

-La mayoría quiere quedarse en su casa, ¿verdad?

-Todos prefieren quedarse en su casa hasta el último día de sus vidas. Los mayores quieren quedarse en casa y nosotros somos casi como su familia, porque tú en tu casa haces y deshaces, y nosotros vamos al domicilio pero no imponemos, es una negociación con ellos que a fin de cuentas siguen siendo los dueños de la casa. A veces, van a una residencia y al mes se mueren, y yo creo que se mueren de pena. Nosotros los cogemos muchas veces sanos y estamos con ellos hasta que fallecen; los mayores te cogen de la mano hasta el último día y eso es lo mejor. Te cuentan su vida, sus problemas, te preguntan si deben vender una finca... Hay una relación.

María José Veiga, en la oficina de Amigos Maduros, en Melide. sandra alonso

concienciar a los hijos sobre las necesidades del prójimo

el detalle

Tiene una gran familia llena de hombres; su marido, y cuatro hijos varones: Adrián, de 17 años; Sergio, de 12; Luis, de 10; y Jaime, el benjamín, de 6 años. El desayuno y la cena los comparte con ellos. «Eso lo llevo a rajatabla». Y en más de una ocasión los llevó al trabajo, no solo por necesidad, sino también «para que sepan dónde trabajo y los problemas que tiene alguna gente». María José Veiga es una persona inquieta a la que también le gusta mucho la decoración y ya dejó su impronta en las casas de algunos amigos y en un hotelito que ella misma decoró. Mucho tiempo libre no le queda, pero ya está en marcha también una empresa de limpieza, porque a raíz de los servicios de ayuda a domicilio, se dio cuenta de que había también esa demanda en la zona. Y las horas libres las dedica a los suyos, a cuidar de su gran familia y, cuando puede, disfrutar con ellos y salir al mar, que es otra de las aficiones con las que disfruta «y donde realmente desconecto».

«Esta es una profesión de mujeres, pero he contratado a un hombre y estoy encantada»

Hago lo posible para que mi familia no me eche de menos, y creo que lo he conseguido; les dedico todo mi tiempo libre»

La empresa lleva más de 18 años y ha crecido mucho.

-¿Cuántos son ahora?

-Ahora somos 43 personas; 39 auxiliares de ayuda a domicilio, una administrativa, una trabajadora social y yo. Esta es una profesión de mujeres, pero he contratado a un hombre y estoy encantada. En este trabajo la igualdad hay que trabajarla en sentido contrario. Queda mucho recorrido, pero la mayoría de los usuarios están contentos con esta persona. Además, somos una plantilla estable, ya se jubiló una persona conmigo y estoy muy orgullosa de eso. Y en igualdad de condiciones, procuro coger a madres solteras o mujeres maltratadas y personas con dificultades para entrar en el mercado laboral.

-Organizar los turnos tiene que ser complicado, ¿no?

-Mucho, yo soy la que me encargo de las guardias y las urgencias y llevo el móvil las 24 horas conmigo, nuestra atención es permanente. Tenemos 160 usuarios pero eso fluctúa mucho, porque como digo yo, con la caída de la hoja suelen fallecer personas, a lo mejor te ves de golpe con diez bajas. Y la plantilla varía, en verano necesitamos más gente porque hay que cubrir las vacaciones, y siempre procuramos que el sustituto conozca al usuario, para que no se pongan nerviosos con los cambios.

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