La inteligencia artificial focaliza el trabajo de las élites investigadoras

Catorce de los 35 proyectos seleccionados por el MIT a nivel mundial por su potencial innovador se apoyan en esta disciplina; ningún español forma parte de este selecto club


Redacción / La Voz

Algunos coquetearán con el Nobel, otros se harán millonarios con su trabajo, la mayoría podrán presumir de haber forjado prometedoras carreras... Cada año, el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) identifica a los 35 investigadores jóvenes más prometedores del planeta, seleccionados por su capacidad de inventar, de visualizar nuevos campos o de impulsar notables avances sociales. Figuras que dan mucho que hablar hoy, pero que lo harán aún más en el futuro. La gran novedad del listado del 2018 es la irrupción imparable de la inteligencia artificial (IA) como la disciplina clave del conocimiento y la innovación: 14 de los 35 proyectos seleccionados por el MIT están relacionados con esta disciplina. La energía, el transporte o los nuevos materiales son igualmente especialidades con una presencia destacada en el informe, pero lejos del impacto de la IA.

La otra novedad del listado (que se puede consultar íntegramente en la dirección web https://www.technologyreview.es/innovadores-menores-35-global-2018) guarda relación con el género. Por primera vez figuran más mujeres que hombres en este selecto club. Club del que, por cierto, no forma parte ningún español, seguramente una señal más de los malos tiempos que corren en tierras ibéricas para la inversión en I+D, una voz de alarma sobre la que han insistido en reiteradas ocasiones multitud de organismos científicos.

Más allá de estas cuestiones, lo que parece evidente es que el análisis sobre la innovación que viene elaborado por el MIT, considerada la mejor universidad del mundo y un referente internacional en el ámbito de la investigación, reserva para la IA un papel hegemónico. Y no es casualidad. Amparo Alonso Betanzos, catedrática de Computación de la Universidade da Coruña y presidenta de la Sociedad Española de Inteligencia Artificial, entiende que, por su carácter transversal, es lógico que esta disciplina acapare tanto protagonismo. «Al final, el objetivo de la IA es desarrollar algoritmos que emulen un comportamiento similar al de los seres humanos, y los seres humanos estamos en todas partes, de ahí la fuerza con la que está irrumpiendo».

El bum de la IA, a su juicio, está relacionado con el potencial tecnológico implementado en los últimos años, vinculado, por ejemplo, a la capacidad de obtener y procesar millones de datos y a los avances de la computación en nube, hoy al alcance de todos los investigadores con una inversión muy asumible, cuando hace solo unos años era prohibitiva por sus elevados costes. Alonso Betanzos considera que asistimos aún a una fase germinal del desarrollo de la IA, por lo que a lo largo de los próximos años se irán sucediendo avances más notables en este campo, especialmente en áreas como la educación o la sanidad.

En el listado del MIT, sin ir más lejos, aparecen destacados varios proyectos que, utilizando la inteligencia artificial como soporte, exploran avances notables en el universo de la salud. Los chips neuromórficos del indio Manan Suri; los patrones médicos de Shinjini Kundu y los tratamientos contra el párkinson y el alzhéimer de Alice Zhang, ambas norteamericanas; o el algoritmo médico de la canadiense Marzyeh Ghassemi son solo algunos ejemplos.

La capacidad transversal de la IA está detrás del bum innovador por el que atraviesa esta disciplina

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