Elon Musk se electrocuta con Tesla

La compañía cae en bolsa después de que su fundador apareciese en un programa bebiendo whisky y fumando marihuana; el director financiero dura en el cargo menos de un mes


Redacción / La Voz

Las turbulencias vuelven a afectar a los motores de Tesla, pero esta vez el origen de los problemas parece estar en su propio fundador y consejero delegado, Elon Musk. La compañía de coches eléctricos cayó en bolsa la semana pasada más de un 5 % después de la dimisión de su director financiero, Dave Morton -aguantó solamente un mes en el cargo-, y de que el propio Musk apareciese en un programa de radio fumando un porro de marihuana y bebiendo whisky.

Los títulos de la firma estadounidense se sitúan actualmente alrededor de los 280 dólares por acción, cuando hace un año estaban en casi 380 dólares. Pero más que un problema con el Nasdaq -la cotización de Tesla, si nos fijamos en su histórico, siempre ha tenido vaivenes pero refleja un incuestionable alza a lo largo del tiempo-, la clave parece estar en el errático comportamiento de su máximo responsable, con unos bandazos en los últimos meses poco acordes con la estabilidad que exige una empresa de las características de la estadounidense.

La personalidad de esta especie de Tony Stark de la vida real habría sido demasiado para Dave Morton. «Desde que me incorporé a Tesla el 6 de agosto, el nivel de atención pública que se le dio a la empresa, así como el ritmo dentro de la compañía, han excedido mis expectativas. Como resultado, esto me llevó a reconsiderar mi futuro», explicó el ya ex encargado de las cuentas de la compañía, a cuya renuncia se unió la del director de recursos humanos, Gaby Toledano. Morton quiso aclarar, sin embargo, que «creo firmemente en Tesla, en su misión y sus perspectivas futuras».

La reacción de Musk se parece a la que tuvo en abril, cuando bromeó sobre la supuesta bancarrota de Tesla «a pesar de la venta masiva de huevos de Pascua para captar capital» y publicó también una foto suya con aspecto de sin techo y desmayado junto a un Model 3. Es decir, tomárselo a broma.

En The Joe Rogan Experience (un podcast en directo que se emite por YouTube), el presentador invitó a Musk a fumar marihuana y este, pese a las reticencias iniciales -«es legal, ¿no?», se preguntó antes de darle una calada al cigarrillo-, acabó aceptando y bebiendo además alcohol en público. Unas boutades que no contribuyen precisamente a dar tranquilidad y confianza sobre la gestión de una compañía que lleva algún tiempo despertando muchas dudas entre los inversores.

A finales de julio, Tesla protagonizaba otro retroceso bursátil después de que Musk se echara atrás en su intención de retirar la firma de la bolsa al considerar que sería «lo mejor» tanto para la empresa como para sus accionistas. El consejo de administración estudiaba desde principios de ese mes la propuesta, cuyo objetivo era mejorar la flexibilidad y no tener que estar sujeta a la presión de la presentación de los resultados económicos trimestrales.

Según Musk, sus inversores son extremadamente importantes. «Casi todos nos han acompañado desde que hicimos la empresa pública en el 2010, cuando no teníamos coches en producción y solo teníamos una visión de lo que queríamos ser», apuntó. Además, señaló que el fabricante de automóviles debe mantenerse «enfocado» en aumentar la fabricación del Model 3 y en ser rentable. «Hemos demostrado que podemos hacer grandes productos de energía sostenible y ahora tenemos que demostrar que también podemos ser rentables», subrayó.

Producción detenida

La producción del llamado a ser el Ford T de Tesla, el vehículo que democratizaría la propiedad y el uso de los coches eléctricos, ha tenido que ser detenida en dos ocasiones ante la falta de garantías de que la compañía sea capaz de atender la demanda. Mientras la competencia (los fabricantes tradicionales) se empieza a desperezar en el jugoso mercado de la movilidad por baterías de íon-litio, a Musk se le está haciendo más cuesta arriba llevar su sueño sobre ruedas a todo el mundo que poner en órbita un carguero espacial.

Musk está nervioso y otro ejemplo es el patinazo que cometió al llamar «pederasta» al buzo británico Vern Unsworth, involucrado en el rescate de los niños en una cueva de Tailandia. Unsworth había insinuado que el envío de un minisubmarino -que finalmente no se usó- por parte de Musk era una «artimaña de relaciones públicas». La reacción del dueño de Tesla fue la peor campaña de márketing en mucho tiempo.

Su conducta errática lo ha llevado a echarse atrás en su decisión de retirar del Nasdaq la firma de coches eléctricos

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