«Guarderías y geriátricos son una necesidad social»

En su diccionario, tanto profesional como personal, no existe la palabra castigo, «solo motivación y cariño». La red de escuelas infantiles que dirige, Os Pequerrechos, está a punto de cumplir dos décadas: «En septiembre hacemos 20 años». Toda una institución. Lo celebrarán con un nuevo reto: la apertura de un colegio británico, el primero en A Coruña


Redacción / La Voz

A pesar de los premios recibidos (el primero que otorgó Voz Natura en su categoría, el de la Comunidad de Madrid por su proyecto en la capital o el concurso para la escuela infantil de la Universidad), la mejor de las recompensas, dice Paula Gundín, es la satisfacción de los padres.

-Su hija mayor tuvo la culpa. Con ella empezó todo. Podemos decir que Os Pequerrechos fue fruto de una necesidad personal...

-Acababa de terminar la carrera de Empresariales en Inglaterra, empecé a trabajar en una empresa y me quedé embarazada. Me puse a buscar un centro. No quería una guardería sino una escuela infantil, pero las que tenían buenas instalaciones carecían de un proyecto educativo interesante y viceversa, así que me embarqué en la aventura de crearla yo misma, con mi marido y con mi socio Óscar Doval.

No teníamos nada, solo empeño y corazón. Tuvimos que pedir una hipoteca...

-Toda una visionaria...

-Yo tenía claro que las empresas que iban a triunfar serían las de servicios: escuelas infantiles y geriátricos. Era el futuro. En aquella época podía haber alguna mujer al frente de una guardería, pero no de nuestra magnitud. Los inicios fueron duros. Al principio, cuando abrimos en Matogrande, no nos conocía nadie. A los tres años ya estábamos sin plazas. Luego me llamaban madres de Culleredo y de concellos del área metropolitana para preguntarme ‘¿y cuándo vais a abrir aquí?’.

-Veinte escuelas repartidas por Galicia y una en Madrid, Peques School. ¿Cómo decidieron dar el salto a la capital?

-Fue en plena crisis, cuando no se movía nada. Los empresarios no se atrevían a crecer. Pero nosotros deseábamos dar a conocer nuestro proyecto fuera de la comunidad. Y fue un éxito, aunque supuso un esfuerzo grandísimo.

-Fue pionera en conciliación, en adaptar los horarios de sus centros a los ritmos de trabajo de los padres.

-A finales de los 90 éramos los únicos que cerrábamos a las 20:30, con dos turnos, para el personal y para los niños. Y la escuela que hay en el Clínico de Santiago es la única de Galicia que abre hasta las 22:00, por los turnos de médicos y enfermeros del hospital. Abrimos todo el mes de julio y también la segunda quincena de agosto, hasta las 16:30. Yo viví esa misma realidad, como madre trabajadora, así que sé lo que las familias demandan. Simplemente me piden algo y yo se lo doy.

-A punto de cumplir veinte años, lejos de acomodarse, dan un nuevo paso abriendo su primer colegio.

-Los padres nos pedían una continuidad de Os Pequerrechos más allá de los cuatro años. Se trata del primer colegio británico de A Coruña. Estará en A Zapateira y nos estrenamos este curso. Estamos muy ilusionados. El inglés es una de las grandes asignaturas pendientes. Hemos introducido en nuestras escuelas el programa jolly phonics, que enseña a leer y escribir pero en inglés. Es uno de nuestros pilares, pero también la tecnología, el arte, el medio ambiente, la alimentación ecológica -aquí no hay catering- o la educación vial.

-Hablando de tecnología... ¿Cómo se controla el creciente enganche de los más pequeños a móviles y tablets?

-Sí se utilizan tabletas media hora cada tres días para las clases pero siempre desde una óptica pedagógica. En nuestras escuelas no hay televisión.

Gundín fundó la empresa a partir de una necesidad personal. | os pequerrechos

«Me paran por la calle chavales de 18 años que fueron alumnos nuestros»

En sus escuelas han dado los primeros pasos decenas de generaciones, niños que hoy ya han cumplido la mayoría de edad. «Se me acercan chicos que fueron nuestros alumnos, me dan un beso y me dicen ‘¿te acuerdas de mí? Te veo todos los días en la orla que tengo en mi habitación’. Lo que más me importa es que nos recuerden con cariño».

Y entre los recuerdos más gratos, la fundadora y directora de la red de guarderías menciona una historia: «Un día vino una madre con su hijo, llorando. El médico le había dicho que su hijo no iba a volver a caminar. Hoy lo veo yendo al cole solo y por su propio pie. Esos son los logros que merecen la pena». No ahorra palabras de agradecimiento para su equipo: «Nuestras profesoras son cariñosísimas y contagian su felicidad a los niños. Mi primera empleada sigue trabajando con nosotros». La paran en la calle. A cada momento: «Mi marido dice que no podemos salir porque no hay manera de avanzar», sonríe. «El sábado nos encontramos con otra familia. El niño llevaba puesto el chándal de Os Pequerrechos. No se lo quita ni en fin de semana».

Los lunes voy feliz al trabajo, porque me apasiona lo que hago. Tengo esa gran suerte. ¡Me encantan los niños!

«MIS HIJOS ME DICEN QUE SOY UNA BUENAZA»

el detalle

Paula Gundín González podría tener el carnet CTV (Coruñesa de toda la Vida): «Soy de la plaza de Vigo», uno de sus rincones preferidos junto a María Pita. Y presume de sus orígenes allá donde va. «A la inauguración en Madrid me llevé un grupo de gaiteiros». Acaba de pasar unos días de vacaciones con su familia en Alicante. «Alquilamos un apartamento, días de playa y Manuel Rivas como lectura». Gran parte de su tiempo libre lo dedica a ayudar a los demás: «Cuando has tenido tanta suerte en la vida, es como una obligación». Le encanta viajar por España o hacer escapadas rurales. «Cuando mis tres hijos eran más pequeños, les enseñábamos a hacer queso o pan, a montar a caballo...». ¿Y cómo desconectaba al volver a casa? «Yo llegaba y estaba encantada de seguir con niños. Siempre los he llevado al cole y los he ido a recoger, con el bocata y el plátano. Ellos son lo más importante, por encima de mi trabajo como empresaria».

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