El espacio se democratiza desde Vigo

Tras diez años de experiencia, la Agrupación Estratégica Aeroespacial de la Universidade de Vigo ha creado la «spin off» Alén Space, centrada en los nanosatélites. Este año lanzarán Lume-I, una estructura dentro de un proyecto piloto de detección de incendios forestales

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«Hace diez años, cuando nosotros empezamos, los nanosatélites se veían como una herramienta de aprendizaje, de primeros pasos en el mundo del espacio». Por aquel entonces, se creaba en la Universidade de Vigo la Agrupación Estratéxica Aeroespacial, el equipo que se encargó del diseño y fabricación del primer satélite gallego, el Xatcobeo. «De cuatro años a esta parte, estamos viviendo una revolución». Lo afirma el director ejecutivo de Alén Space, la startup que nació, con el apoyo de la universidad y del programa Ignicia de la Xunta, de esa agrupación estratégica que durante cuatro años, y con un equipo de 15 ingenieros, desarrolló el primer nanosatélite español.

Esa revolución de la que habla Guillermo Lamelas llevó al grupo de investigación vigués a constituirse como empresa, entre otras cosas porque «los nanosatélites, mucho más profesionalizados, están siendo utilizados para aplicaciones comerciales». Los investigadores vieron «una gran oportunidad de democratizar el uso del espacio» a través de la creación de la empresa.

Pero, ¿qué es una nanosatélite? Su definición es algo difusa, pero como referencia, se trata de un satélite que pesa menos de 20 kilos, que cuesta menos de 500.000 euros y requiere menos de un año para su fabricación y puesta en órbita. Los satélites tradicionales pesan más de 500 kilos y necesitan entre 5 y 15 años de desarrollo. El coste también es muy superior, de entre cien y trescientos millones de euros.

Los nanosatélites se lanzan no individualmente, sino en lo que se llaman constelaciones, en grupos. Por ejemplo, para dar una cobertura global de 24 horas, en el lugar en el que habría que poner cinco satélites geoestacionarios -un coste aproximado de mil millones de euros- habría que situar unos sesenta nanosatélites -una inversión de unos veinte millones de euros-.

Pero la principal ventaja de los nanosatélites es que el concepto de vida útil, que en los satélites es de unos diez años, no se aplica a ellos. Las constelaciones están pensadas para ser renovadas un cuarto cada año, mientras que el satélite, en cuanto termina su vida útil, se convierte en basura espacial y hay que desarrollar uno nuevo. Durante esos diez años, además, el satélite se queda desfasado. «En el momento que se lanzan, la tecnología que llevan tiene que estar tan probada, porque te juegas 300 millones, que ya está desfasada frente a la tecnología que ya tenemos en nuestros móviles». En el caso de los nanosatélites, esa constante renovación asegura a quien gestiona la constelación ofrecer siempre los mejores servicios a sus clientes y subir nuevos servicios que el mercado va demandando. Ese cambio en el sistema de trabajo es la verdadera revolución que han traído estas estructuras.

 2.600 satélites en cinco años

El crecimiento del mercado ha sido impresionante durante los últimos años, y en el 2017 se superó la barrera de los 300 lanzamientos, una cifra que seguirá aumentando. Según las previsiones de la agencia SpaceWorks, en los próximo cinco años se podría producir el lanzamiento de cerca de 2.600 satélites, que se utilizan en ámbitos como el de la observación de la Tierra, las comunicaciones, la navegación o la ciencia. «Los satélites que hemos lanzado hasta ahora se han centrado en las fortalezas del grupo -explica Lamelas- sobre todo aquello que tiene que ver con comunicación» y aunque el equipo no se cierra a ningún mercado «sí que es cierto que donde somos referentes es en temas de comunicación». A finales de este mismo año, Alén Space tiene previsto lanzar Lume-I, un nanosatélite desarrollado dentro del proyecto europeo Fire-Rs con socios gallegos, portugueses y franceses, que pone la tecnología de estas unidades al servicio de la detección temprana y apoyo a la extinción de los incendios forestales.

Antón Vázquez es uno de los ingenieros responsables de este proyecto, un sistema piloto que se testará en los montes del sur de Galicia para probar su eficacia: «Vai haber uns sensores no monte e se un deles detecta un incendio, transmite esa información ao satélite». Ese satélite, a su vez, transmitirá a tierra un aviso y desde los hangares saldrían drones «que caracterizarían o lume».

Esa información obtenida por los aviones no tripulados se trasladaría a un software que, tras procesarla, modelaría el fuego. «Poderíase prever cara a onde vai evolucionar o lume, ou de que xeito é mellor atacalo para poder extinguilo antes. Prover información extra aos axentes forestais ou aos bombeiros de cara ao traballo».

Las claves

¿Qué ofrecen? Provee un servicio integral y es capaz de hacerse cargo del diseño de la constelación y los satélites, los preparativos para la fabricación y verificación en serie y de dar soporte a la operación en órbita . 

La experiencia. Diseñaron el primer nanosatélite español. En el 2014 lanzaron Humsat-D, respaldado por la ONU y la Agencia Espacial Europea.En el 2013 fueron contratados por la Agencia Espacial Brasileña y ahora están inmersos en el proyecto europeo FIre-Rs.

El mercado. El año pasado se superó la barrera de los 300 lanzamientos de nanosatélites y según la consultora SpaceWorks, en los próximos cincos se alcanzarán los 2.600.

La ventaja. La capacidad de renovación de los nanosatélites es su principal ventaja frente a los satélites convencionales.

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