La cara B del casete en la era Spotify

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La facturación de cintas en todo el mundo bate marcas históricas, aunque la mayor parte de las ventas se debe a una saga de películas

10 ago 2018 . Actualizado a las 19:41 h.

El oído musical coruñés le debe mucho a Discos Portobello. Hace 38 años que Jaime Manso recibe en la rúa Ciega a los melómanos con un disco girando, cientos de vinilos (más los que guarda arriba, en el almacén), cedés, pósteres con los mejores conciertos que se organizan en Galicia y casetes. La cinta, aquella con la que se rebobinaba manualmente usando un bolígrafo, se ha revalorizado en los últimos tiempos. Tal es su vuelta que, en el 2017, llegaron a venderse en Estados Unidos 175.000 unidades, un 35 % más que el año anterior, según el informe anual sobre la industria musical elaborado por la multinacional Nielsen Media Research.

¿Auge del casete? «Aquí los hemos tenido siempre», responde Manso. A su izquierda, al otro lado del pequeño pasillo que separa el tocadiscos siempre en marcha y una mesa con cinco columnas de discos compactos, debajo, se apilan varios casetes que recuerdan a otro tiempo. En la misma fila están Presuntos Implicados, Tom Jones o Joe Cocker. Algunos conservan aún el precio marcado en pesetas. Reliquias que hace 20 años se vendían a cien duros y hoy a 6 euros; el coste no ha variado pese a la inflación y la moneda común. «Son todos originales. Los vendo por esa cantidad y tengo visto alguno por Amazon a 80 euros, además siendo copias», subraya Manso.

El vendedor asegura que los casetes tienen mejor calidad de sonido que los cedés, sobre todo si el material con el que está hecha la cinta es cromo. «La gente los compra porque todo vuelve, pero también por su calidad. Muchos lo hacen porque tienen radiocasete en el coche», añade. La moda es tal que incluso hay varias aplicación disponibles para iOS y Android que permiten hacer sonar las canciones del móvil con el típico ruido sucio de las cintas pasando por los rodillos.

El fenómeno ha llevado a los Arctic Monkeys a vender su último trabajo, Tranquility Base Hotel & Casino, en formato casete a través de su página oficial. Lo hacen a 6 libras, unos 6,7 euros, y ofrecen siete canciones en la cara A y otras cuatro en la B. No son los primeros en recuperarlo. Antes que los británicos lo han hecho en los últimos tiempos Kylie Minogue, Snow Patrol, 30 Seconds to Mars, Taylor Swift o Kanye West. Hasta la serie de animación Rick y Morty sacará una cinta con su banda sonora.

La evolución a nivel internacional parece incontestable para este formato. En el Reino Unido, según Official Charts, hasta junio de 2018 se vendieron 18.500 copias, el doble que el año anterior. La cifra en 2017 también había duplicado a la de 2016. Volviendo al informe de Nielsen, el incremento en Estados Unidos es seis veces mayor respecto al 2010, cuando solo se despacharon 21.000 casetes en los establecimientos americanos.

Star-Lord rompe el sueño

Pero detrás de las impresionantes cifras de las cintas hay una realidad que apunta, directamente, a Hollywood. Lo hace a una saga, «Guardianes de la Galaxia», y hasta podría ponérsele nombre y apellido al responsable: Star-Lord o Peter Quill, el personaje que interpreta el actor Chris Pratt. En la primera película, al inicio, la madre del protagonista le regala un casete antes de morir. Una cinta con el título «Awesome Mix» (‘Mezcla increíble’, en español) donde figuran clásicos como «My Sweet Lord», «Hooked on a Feeling», «Spirit in the Sky» o «I Want You Back». Se convierte en objeto fetiche de Star-Lord y, como siempre en la meca del cine, los productores supieron sacarle partido llevando el casete a la venta. Solo en el 2017, los tres trabajos más vendidos en este formato estaban asociados a la saga de películas de Marvel. Supusieron el 22,4 % del total de ventas.

Lo mismo hicieron los creadores de la serie Stranger Things, la superproducción de Netflix que mejor logró aprovechar el tirón de la nostalgia ochentera. En total vendieron 3.000 casetes con la banda sonora, ocupando el cuarto lugar de los más demandados. Los mismos vendió Eminem, seguido por un recopilatorio con canciones de Prince, otro del grupo Twenty One Pilots, el rapero Kanye West y el Nevermind de Nirvana. Otra serie con cintas de por medio es 13 Reasons Why, de la que no hay casete recopilatorio pero que tiene a la cantante Selena Gomes detrás del proyecto.

En el mercado nacional no existen cifras oficiales sobre el número de casetes despachados. El informe sobre la música grabada en España, publicado por Promusicae (Productores de Música de España), refleja que durante el 2017 se facturaron 77,8 millones de euros en el mercado físico, un 1,16 % más que el año anterior. Los cedés representan el 84 % de las ventas, pese a haber vendido cerca de 2 millones de euros menos que en el 2016. Los casetes figuran dentro de la categoría de otros: 1,1 millones de euros facturados hace dos años por 791.000 euros en el 2017.

La realidad del vinilo

Las cintas parecen reservadas en España a los melómanos que acuden a tiendas como la de Jaime Manso y a los grupos independientes que buscan producir a bajo coste. El portal Bandcamp, principal almacén de música expuesta sin intermediarios, destacó en su informe anual que, en el 2017, las ventas de casetes aumentaron un 41 %. Algunos sellos han nacido en los últimos años con el objetivo de producir y vender lejos de las grandes discográficas. El producto que sí ha conseguido regresar para quedarse es el vinilo. Solo en España se despacharon durante el año pasado cerca de 700.000 vinilos, un incremento del 46 % respecto al 2016. Y lo hace mientras los cedés bajan, pese a llegar a vender 8 millones de unidades.

«Son auténticos tesoros. Los que hay aquí se revalorizan; vienen de Estados Unidos, Japón o Alemania», subraya Manso. Al sonido del vinilo hay que sumarle sus enormes carátulas, en ocasiones iconos de la cultura pop, como la portada del «Sgt. Pepper’s Lonley Hearts Club Band» de los Beatles o el plátano diseñado por Andy Warhol para el disco de la Velvet Underground con Nico. Eso y, de nuevo como en el casete, una forma de diferenciarse con un elemento nostálgico.

El auge de este material contrasta con el imparable crecimiento del mercado digital, que en España equivale ya al 65,8 % del sector. Desde el 2014, los ingresos de la industria discográfica por descargas y streaming de canciones superan a los obtenidos por la venta de cedés y vinilos, según el informe anual de la Federación Internacional de la Industria Discográfica. Durante el 2017, las ventas de música en formato digital ascendieron a 6.850 millones de dólares , mientras que las de formato físico se quedaron en 6.820 millones de dólares.

Tampoco es fácil para spotify

Al vinilo le toca competir en un mundo donde plataformas como Spotify parecen no tener techo. Durante el último lustro, el número de usuarios en todo el mundo es de 157 millones, de los que 70 millones son premium, once veces más que hace solo cinco años. La predicción desde la compañía es cerrar el año con 26 millones más. Eso sí, el éxito de suscriptores contrasta con los resultados económicos. En los últimos seis años, Spotify ha sumado 2.800 millones de dólares de pérdidas. La compañía sueca se enfrenta al reto de mejorar sus beneficios, ya que la mayor parte de lo que ingresa se va a sellos discográficos. Por cada euro que entra en Spotify para escuchar su música, 90 céntimos proceden de quienes pagan por el servicio y los 10 restantes vienen de la publicidad.

Los ingresos se reparten después entre los artistas, las discográficas y el propio Spotify. Los sellos se llevan la mayor parte del pastel, con 50 céntimos frente a los 29 que se quedan en el servicio de música.