África, en nuestro destino


Veintidós mil personas a pie de playa, y en tan solo seis meses ¿Muchas? En todo el 2016, fueron menos de la mitad. Si pensaba que España estaba plagada de problemas, sepa que ha llegado otro, la inmigración africana, y lo ha hecho para quedarse. En paralelo, muchos españoles, en acto lógico de empatía, minimizan los costes sociales de la inmigración irregular y, en esa dinámica, la comparan con la que en el pasado realizamos a las tierras de América. Ofrezcamos a los otros el trato que a nosotros nos dieron. Una buena máxima sino fuera porque en América más que inmigrantes fuimos colonos. Argentina, al término del siglo XIX, daba la bienvenida a todos aquellos sin antecedentes penales y menores de sesenta años, e incluso, algún Gobierno, el de Chile puede ser un ejemplo, mantuvo hasta 1980 el Ministerio de Tierras y Colonización. Ellos necesitaban población y talento y la Europa previa a la segunda guerra mundial era un lugar hostil para aquel que había nacido pobre, como hoy lo es el África subsahariana. ¿Cuál es la diferencia? Solo una, la definición del talento. Las estructuras productivas de la Europa de finales del XIX eran similares o incluso superiores a las instaladas en América, por tanto, la integración laboral no tenía coste para el receptor. Hoy, el tejido económico de las áreas subdesarrolladas de África está a años luz del nuevo paradigma industrial europeo, la industria 4.0. Este es uno, no el único, de los motivos por el que debemos regular la inmigración, los costes de la integración. Si tras la valla de Melilla estuvieran cincuenta mil ingenieros perfectamente cualificados, nosotros mismos la tiraríamos y, es más, haríamos un puente de plata para que se esparcieran a la máxima velocidad por Europa.

Y si alguien considera que este es un problema menor, o que cerrando los ojos y dejando pasar el tiempo, todo pasará, es que desconoce los focos de inestabilidad del golfo. El Ministerio de Defensa, a través de su revista de Defensa visualizó, en su día, el siguiente marco de riesgos: A) Ausencia de fronteras claramente definidas. Las heredadas de la colonización en la mayoría de los casos no han sido delimitadas por tratados bilaterales. B) Conflictos activos o potenciales acerca de las aguas territoriales. Nunca se habían preocupado de delimitar sus aguas territoriales hasta el descubrimiento de los yacimientos petrolíferos off-shore. C) Litigios acerca de la propiedad de los yacimientos energéticos y mineros. D) Conflictos interétnicos latentes y activos. E) El Movimiento por la Emancipación del Delta del Níger. Ha generado multitud de bandas armadas. F) Movimiento Boko-Haram en el norte fronterizo de Nigeria. Formado en el 2002 entre las poblaciones analfabetas de antiguos esclavos, fácilmente manipulables. G) Los movimientos yihadistas armados que se han constituido en la región del Sahel. H) Gobiernos y regímenes políticos que provocan situaciones sociales explosivas. I) Destrucción de las tierras agrícolas con la subsiguiente inmigración del campo a la ciudad primero, y del país hacia Europa después. J) Desigualdad social y empobrecimiento paulatino, explotada por las mafias del tráfico de personas. K) Degradación del medio ambiente marino, que puede generar una caída drástica de los recursos alimenticios. L) Narcotráfico. Un tercio de la producción de cocaína procedente de los países de Latinoamérica con destino a Europa transita por el golfo. M) Piratería marítima. El golfo es hoy la primera región del mundo en actos de piratería. Catorce focos de inestabilidad. A juicio de los analistas del Ministerio de Defensa de España, cada uno de ellos, cuando crece, solo genera un efecto, expulsión de población, y si recuerda que la distancia en coche desde el epicentro del golfo a España es poco más de cincuenta horas, ya me dirá. ¿Hay un grave problema o no? Lo hay.

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