«Es un privilegio ayudar a mejorar la vida de las personas»

Nada más licenciarse en Económicas, una beca le dio la primera oportunidad laboral en el ámbito empresarial. Pero fue su entrada en la política lo que permitió a Amparo González trabajar en el campo que más le gusta, el de los servicios sociales; primero como directora de la Fundación Galega para a Tutela de Adultos (Funga) y ahora en la Dirección Xeral de Familia

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Redacción / La Voz

Amparo González Méndez (Ourense, 1973) se licenció en Ciencias Económicas por la USC sin saber muy claro lo que quería hacer, pero la suerte la acompañó: «Fue a través de una beca; en junio acabé la carrera y el 10 de julio ya empecé a trabajar en la asociación de empresarios del polígono de San Cibrao das Viñas. Fue mi primera experiencia profesional y empresarial, y lo digo con mucho cariño porque ahí aprendí muchas cosas».

-¿Estuvo muchos años en el campo empresarial?

-Fui también directora de formación y empleo en la Confederación de Empresarios de Ourense, pero en el 2005 di el salto a la política. Fui cabeza de lista del Partido Popular por la provincia de Ourense y estuve como parlamentaria hasta el 2009; en ese año entré en la Funga, la Fundación Galega para a Tutela de Adultos, donde estuve de directora casi tres años, y fue un punto de inflexión porque fue mi primer contacto con el área social, muy importante para mí tanto en el aspecto profesional como en el personal, porque empiezas a ver muchas cosas, algunas tan difíciles...

-Se suele pensar que eso no va con uno hasta que no lo ve de cerca, ¿verdad?

-Es así; cuando estás dentro te pones en los pies de las personas que lo están sufriendo y dices: ‘Pues esto me puede pasar a mí’. Y creo que es muy importante darte cuenta de eso.

-Usted es la directora xeral de Familia, Infancia y Dinamización Demográfica. Engloba en su departamento los problemas sociales más acuciantes de Galicia. ¿Hay medios para gestionar todo esto?

-Tenemos 133 millones, se incrementó un 50 % en quince años. ¿Qué hacemos con esa partida? Creo que es fundamental trabajar por el bienestar de las familias y, sobre todo, crear un entorno favorable para que las familias puedan tener los hijos que desean. Hemos puesto en marcha el programa de apoyo a la natalidad con distintas líneas de trabajo; conciliación de la vida personal, laboral y familiar y con medidas como la que salió esta semana en el DOG, el Bono Concilia, una ayuda para que los niños menores de 3 años puedan ir a una escuela infantil, en este caso privada, pero financiada entre 45 y 250 euros por la Xunta. Lo que pretendemos es que no haya listas de espera, y por eso hemos incrementado de forma muy importante la ratio de cobertura; en estos momentos estamos en el 41 % y la UE habla de un 33 % de ratio de cobertura entre 0 y 3 años. Sostenemos en estos momentos con fondos públicos más de 24.000 plazas, y con el Bono Concilia logramos la lista de espera cero, porque seguimos esforzándonos para crear más plazas públicas, pero si no la tienen en una pública, la tienen financiada en una privada. Por supuesto que tenemos que poner en marcha más medidas, pero la conciliación es fundamental. Está demostrado que en los países en los que incrementan las ayudas para conciliar, aumenta la natalidad.

-¿Le satisface más el trabajo social que el empresarial en el que dio sus primeros pasos?

-Son cuestiones diferentes, pero incluso dentro del área empresarial puedes trabajar en la parte social. Cuando trabajaba dotando a las personas de herramientas para crear sus propias empresas pensaba que también estaba ayudando a las familias. Personalmente me enriquece mucho y creo que es un privilegio ayudar a mejorar la vida de las personas.

Amparo González es de una aldea de Ourense y es madre trabajadora; es decir, conoce bien los problemas que gestiona a diario desde San Caetano. | xoán a. soler

«¡soy del rural!»

el detalle

A Amparo González jamás se le subirán los humos porque tiene los pies muy bien anclados en la tierra; en su tierra, precisamente: «Desconecto con mi familia y con mi niña en Laias (Cenlle), en la casa que era de mis abuelos y donde viven mis padres. Voy todos los fines de semana para estar con ellos, con mi hermano y con mi sobrina. Para mí es mi vida, yo siempre digo que soy de pueblo, y ese pueblo es Laias. ¡Soy del rural! Y creo que es importante tener ese espacio tuyo». En las vacaciones, los fines de semana, y por la semana cuando puede, Amparo González arranca horas al día para estar con su hija de 10 años, que se llama, precisamente, Laia, como la patrona de Laias: «Ella es la que lo sufre, porque los horarios a veces son muy complicados, aunque yo creo que lo entiende». Por eso no pierde la perspectiva; porque es del rural y conoce los problemas de la sangría demográfica, y porque es mujer trabajadora, madre y esposa y sabe lo que es hacer malabarismos para conciliar. «La verdad es que sí, vivo muy de cerca los dos problemas. Pero esa es mi vida, tengo una vida muy sencilla».

«Tenemos que atraer nueva población: inmigrantes, pero también retornados»

Amparo González asume también el reto de frenar la sangría demográfica de Galicia.

-¿Hay una varita mágica para frenar la sangría demográfica?

-Trabajamos a través del Observatorio de Dinamización Xeográfica, que creo que es el único que existe en España, donde no solo está representada la Administración, también los grupos políticos, sindicatos, empresarios, la universidad, la Fegamp... En España hay más comunidades con este problema; de hecho, en el Foro de Regiones con Desafíos Demográficos hay ocho. Pero es cierto que si nos comparamos con países como Francia, que lleva años con políticas de impulso de la natalidad y tiene unos índices de fecundidad buenos, vemos que las políticas de apoyo son muy importantes. Hay un pacto de todas las fuerzas políticas para que, independientemente de quien gobierne, se sigan impulsando estas medidas.

-¿Y atraer población?

-También tenemos que hacerlo, pero no solo inmigrantes, también retornados, y tenemos un plan para eso. Lo fundamental es crear un entorno favorable para que puedan desarrollar su proyecto vital y familiar.

Siempre digo que soy de pueblo, y ese pueblo es Laias. Es el mejor sitio del mundo; tenemos buenos vinos y buenas aguas termales»

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