Que una foto vale por mil recuerdos

La plataforma web coruñesa Phottic recopila, archiva y gestiona fotografías que son historias: «Recuperamos todas esas historias que están escondidas en los cajones de las casas, en las cabezas de la gente, y que es importantísimo rescatar porque, si no, se pierden»

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Redacción / La Voz

En pleno debut del siglo XX, Manuel Rodríguez-Arijón Pallas dejó su Carballo natal y puso rumbo a Estados Unidos. Tenía solo 16 años. Antes de instalarse en la ciudad de los rascacielos, hizo escala en Tampa, donde aprovechó para inmortalizarse impecable -boina, corbata, pañuelo en la solapa y en la mano, un fajo de billetes- y demostrar así a su familia que no solamente había superado la travesía, sino que al otro lado del océano, en la bahía de Florida, las cosas no le estaban yendo nada mal. Se instalaría más tarde en Nueva York, inventaría los clips de los tirantes (que hasta entonces eran botones) y patentaría su ingenio: unas pequeñas pinzas que, desde entonces, pasaron a sustituir a los latiguillos de corchete. Corría el año 1936.

Manuel seguiría siendo un gallego anónimo, un número más de ese censo de emigrantes que constituyen la Galicia sin suelo, pero con identidad, si no fuese por un puñado de fotografías ajadas que uno de sus familiares, espabilado, encontró un buen día en algún rincón y entregó al Concello de Carballo tras un llamamiento a la ciudadanía a fisgonear en la memoria fotográfica familiar. La iniciativa para recuperar el pasado colectivo de la comarca no fue solo cosa del consistorio; trajinaba en sus tripas Phottic, una plataforma que desde hace cinco años se afana por rescatar del olvido todas esas historias que se pierden en cajones y álbumes viejos, que después de ir de boca en boca, y de boca en boca, y de boca en boca, suelen acabar, sin más bocas, por apagarse en el silencio.

Phottic nació en el 2013 con vocación de convertirse en una red social global de fotografías con historia. De la necesidad de gestionar con facilidad archivos amplios de imágenes -ni los blogs ni las redes sociales han resultado ser herramientas cómodas para ello: ni para localizar los fondos, ni para ordenarlos, ni para administrar los derechos de las aportaciones-, Manuel Pan, Daniel Cerqueiro y Alejandro Lamas desarrollaron una página web que ahora permite a coleccionistas, administraciones y particulares almacenar sus instantáneas, ordenarlas y explotarlas, una inmensa base de datos que además es social, que cualquiera que pulule por la red puede consultar, compartir y comentar.

«Lo que hacemos es recuperar las historias de la gente -insiste Pan para explicar bien su cometido-, no aquellas ya recopiladas por historiadores y eruditos, sino las que están escondidas en las casas, en las cabezas y en los corazones. Por eso nuestros usuarios principales son personas de entre 35 y 65 años, conscientes de que hay vivencias que se pierden y que es importantísimo recuperar; lo resumimos en que cada día que pasa se pierde una historia». Ellos las cazan, las documentan, les ponen fecha y hasta las colocan en el mapa. ¿Por ejemplo? Un repaso minucioso por la Guerrilla Guatemalteca, una ojeada al pasado del Deportivo, un vistazo a la Coruña de anteayer. El material, además de valiosísimo, es copioso: la colección Navia, lembranzas con futuro acumula 1.728 imágenes; O fútbol na Costa da Morte, 920; Daquela As Pontes, más de 900; y O Faiado da Memoria, la historia de Vilagarcía con la que todo comenzó, 6.371.

En total, a día de hoy, Phottic atesora más de 50.000 fotografías subidas por más de 10.000 usuarios desde todos los rincones del mundo, «administraciones o entidades públicas, sobre todo concellos y asociaciones de habla hispana, que alimentan el archivo con información de sus entornos y sus trabajos particulares, pero también con proyectos más abiertos, como el de Mi abuelo tenía una igual, que rescata la historia de la Vespa por todo el mundo».

La plataforma coruñesa, que ha publicado además cuatro libros y que acaba de cerrar un acuerdo con la Editorial Galaxia, factura a través de la ejecución de proyectos de recuperación histórica: localidades, marcas o empresas desembolsan para hacer ejercicios de nostalgia para los que no tienen ni los medios ni el tiempo necesario. No pueden hacerlo ellas; ellos se encargan. «En un futuro, cuando el número de imágenes sea el adecuado, tenemos en mente habilitar una tienda virtual para que los usuarios que quieran puedan poner a la venta sus imágenes», avanza Pan, adelantando también su interés en los proyectos de difusión de grandes fondos.

Y la gran duda: ¿por qué solo fotos antiguas en los repertorios de Phottic? «Porque las personas que nos pueden contar sus historias están desapareciendo, es cuestión de priorizar. Pero, bueno, en realidad, la historia comienza ayer». Sujetar el pasado, lo que fue. De eso se trata.

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