«Los nuevos materiales van a ser la revolución de este siglo»


Redacción / La Voz

No los vemos, pero existen muchos productos comerciales que contienen nanomateriales o incorporan nanoestructuras: productos de belleza, fármacos, procesadores o pantallas. «Lo nano está en casi todo, sino en todo». Lo explica María Giménez, investigadora del CIQUS, el Centro de Investigación en Química Biolóxica e Materiais Moleculares. Esta valenciana lleva solo unos meses en Santiago. Aquí desembarcó con un contrato Ramón y Cajal, satisfecha de trabajar en una «plataforma única para el desarrollo de nuevos materiales funcionales». Es la líder del proyecto europeo Nanocomp, con una Starting Grant. «Buscamos desarrollar nanoestructuras híbridas que incorporen interruptores inteligentes. Contribuirán al desarrollo de dispositivos más rápidos, con menor consumo energético y más pequeños». María se maneja, entre otras cosas, con nanotubos de carbono, «estructuras cilíndricas huecas de láminas de grafeno enrolladas con un diámetro de unos pocos nanómetros». Algo 10.000 veces más fino que un cabello humano. «Los nuevos materiales van a ser la revolución del siglo XXI. Aumentan la competitividad industrial y, en algunos casos, se abaratan los costes. Por ejemplo, ahora tenemos materiales cementíceos más resistentes, ligeros y duraderos».

Massimo Lazzari es otra de las mentes de CIQUS. Es muy conocido por su proyecto Nanorestart. «Aplicamos nanomateriales y nanotecnología para la conservación del arte contemporáneo. Tenemos un kit de diagnóstico para saber si la obra presenta síntomas de envejecimiento. La otra parte es una especie de crema antiedad, que ralentiza el deterioro de la obra», apunta. Un desarrollo que ya se ha usado en el CGAC, entre otros lugares de referencia. Además, Massimo investiga sobre plásticos, «para que se degraden lo antes posible sin hacer daño y para producir plásticos con propiedades novedosas: aplicaciones biomédicas, por ejemplo». Mientras, el equipo de Francisco Rivadulla, otro de los veteranos del CIQUS, trabaja en la fabricación de partículas delgadas y en el estudio de las propiedades del transporte térmico en líquidos. «Intentamos hacer un interruptor que permita controlar el paso del calor. En cualquier proceso de un organismo vivo o máquina se disipa energía en forma de calor. Imagina que hubiese un interruptor en la ventana que dejase pasar el calor del exterior e interrumpirlo cuando tú quieras». Francisco insiste en que la investigación resuelve problemas, pero que sus aplicaciones tardan. «Siempre se nos pide lo mismo. ¿Tiene que ser mañana? ¿Cuál es la aplicación de las ondas gravitacionales? Ninguna. Y no por eso deja de ser interesante. Lo importante es hacer ciencia de calidad y no pedir resultados inmediatos». Es el caballo de batalla de la investigación, unido a la escasa inversión. «Podría haber más investigaciones aplicadas a la industria. Hace falta dinero para investigar y diez veces más para llevar el producto al mercado», dice Massimo. «El nano se incorpora cada vez más a la industria, pero empresa, investigadores y Administración tenemos que hacer del I+D+i una realidad en España», apunta María.

El arte o la energía son algunos de los ámbitos que reciben el talento de este equipo. | PACO RODRÍGUEZ

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