«El mundo del vino tiene pocas mujeres en puestos directivos»

Le gustaba el mundo del arte, pero sus padres la convencieron sutilmente para que hiciese una carrera que le permitiese trabajar en la empresa familiar, las bodegas del grupo Reboreda Morgadío. E hizo ADE, y se quedó en la bodega, y hoy reconoce que no querría hacer otra cosa, aunque admite la presión que supone mantener las expectativas de un negocio con una trayectoria consolidada


Redacción / La Voz

Su abuelo fundó en 1940 las bodegas Campante, y la siguiente generación logró que el proyecto creciese hasta lo que es hoy el grupo Reboreda Morgadío, con una bodega de vino ribeiro y otra de albariño que ya facturan cuatro millones de euros en el mercado regional, nacional e internacional. Parecía que su camino estaba marcado, aunque Ana Méndez trató de resistirse inclinándose por las artes. «Pero mis padres fueron muy listos y me recomendaron, sutilmente, que estudiase algo que me permitiese volver a la empresa».

-Estudió ADE en Madrid. ¿Por qué decidió regresar a casa?

-Me crié entre botellas de vino, pero siempre fui una apasionada del arte, me encanta el diseño y la pintura, me entusiasma el Renacimiento. La carrera la hice sin problemas en Madrid y traté de combinarla con los idiomas; de hecho, estudié en la Universidad Americana y en inglés, que me ayudó como directora de exportación del grupo. Todos los veranos volvía a casa y acabé aquí, y ahora si me quitan de este mundo me moriría. Pero sigo teniendo el arte para mis tiempos libres. Y el vino está muy unido al arte, es historia y es cultura.

-¿El mundo del vino se le resiste todavía a la mujer?

-La mujer en Galicia ha sido fundamental para el desarrollo de la viticultura y eso no se ha tenido en cuenta. La mayoría trabajaba en los viñedos y en la poda. Lo único que no hacían era la parte comercial, que quedaba en manos de los hombres. Pero nunca se le ha dado valor. Ahora empieza a cambiar pero de forma muy lenta. Hay cada vez más mujeres en el campo técnico y somos muy buenas sumilleres, porque tenemos muy desarrollado el sentido gustativo y el olfativo. Pero el mundo del vino tiene muy pocas mujeres en puestos directivos.

-¿Su formación la llevó de forma natural al departamento de exportación?

-Soy directora de exportación pero en una empresa familiar hay que hacer de todo. Empecé en la bodega y pasé por todos los estadios. Primero las viñas y luego en los distintos departamentos de la bodega. Es algo que le agradezco a mi padre, porque es la única manera de aprender. La gente cree que te lo han dado todo hecho y eso no es cierto. Es difícil crear algo de la nada, pero también lo es mantener un negocio que ya tiene una trayectoria. Los tiempos cambian y coger un negocio que funciona implica asumir muchos riesgos.

-¿Por qué el mundo del vino tiene la necesidad de seguir abriendo mercados en el extranjero?

-Más que una necesidad es una obligación. Somos los que hacemos los mejores vinos del mundo y, sin embargo, en el consumo no acompañan las cifras. En eso también hemos tenido culpa las bodegas, no hemos sabido decirle a la gente joven que el vino es apasionante. Esa parcela la copó la cerveza, que la prefieren para momentos de ocio y diversión o para compartir con los amigos. En Estados Unidos, en cambio, a las dos de la madrugada te encuentras una buena carta de vinos en cualquier pub.

-¿Fue usted la que asumió el reto de la internacionalización?

-Ya había empezado mi padre con países europeos. A mí el idioma me abrió puertas y el crecimiento fue exponencial, yo ya tenía claro que la exportación era el futuro. Ahora estamos en más de quince países: EE. UU., Canadá, México, Colombia, Alemania, Reino Unido, Francia y también Japón. De hecho, dentro de poco me voy a una feria a Tokio. Los países asiáticos son un mercado nuevo, pero para nosotros el más interesante es Japón. En China van más a bodegas de gran producción, pero en Japón tienen mucho éxito las variedades del vino gallego. Ahora exportamos un 15 % de la producción.

Ana Méndez compagina el crecimiento de un negocio ya asentado con la ilusión de su proyecto personal. | santi m. amil

un agridulce sacrificio personal

el detalle

Tiene pareja, pero por su entrega al trabajo, renunció a los hijos. Fue una opción personal de la que a veces se arrepiente y a veces no, depende del día. «Me siento realizada, pero a veces la presión social es muy fuerte, parece que si no tienes hijos, no eres una mujer completa». Por eso, haber creado sus propios vinos, «para mí fue como dar un golpe en la mesa, decir que yo también soy capaz, y conseguir que se me valore como viticultora y como mujer». Nunca dejó de lado su pasión por el arte, y los libros y los viajes complementan su entrega total a la viticultura. Es más, aprovecha sus viajes para conocer otras bodegas. «En Rioja hay empresas pequeñas que son espectaculares. Con la cantidad de años que llevan ahí y siguen innovando...». E Italia, donde combina sus visitas a históricos viñedos con viajes a los templos del arte. «Recuerdo La Piedad de Miguel Ángel. Hicimos un viaje toda la familia antes de que falleciese mi madre, a ella también le apasionaba y fue una experiencia muy bonita»

Si tuviera que vivir en otro país sería en Italia; cada piedra, cada rincón está cargado de historia y eso me encanta»

«En mi proyecto personal hago unos vinos artesanos y también un poco reivindicativos»

Asume los retos con mentalidad empresarial y está empeñada en que siga creciendo la expansión internacional del grupo. Pero su lado creativo necesitaba de un hijo propio, y ya lo tiene. Se llama Genus de Vinum.

-¿Por qué tenía la necesidad de sacar al mercado su propio vino?

-En una empresa familiar tienes que tratar de hacerla crecer y seguir mejorándola, pero a nivel personal hay cosas que no puedes hacer como tú quisieras. Quería hacer un vino que me permitiese olvidarme del tiempo, hacer algo manual que reflejase de verdad cómo es la variedad de cada botella. Y empecé a trabajar con la Estación de Viticultura y Enología de Galicia para hacer el mejor vino que refleje realmente cómo es nuestra tierra, y he conseguido sacar tres vinos: un treixadura-godello de ribeiro con dos mil botellas, otras tantas de un albariño y un Ribeira Sacra que hago en colaboración con otra empresa. Los blancos son añada 2016 y el tinto es del 2015. Acaban de salir y voy a hacer yo la comercialización. Estoy muy ilusionada, me ha costado tanto... Ya me han hecho una reseña en la revista MiVino.

-¿Qué es Genus de Vinum?

-Es mi proyecto personal, hago unos vinos artesanos y un poco reivindicativos. Un embotellado muy cuidado, con tiempo antes de salir al mercado, con mucho mimo y quietud. Es volver a las raíces y a los inicios del ribeiro y del albariño, como se hacía el vino antes de que naciese la denominación de origen, recuperar el sabor de los vinos de antes.

-¿Hay un nuevo consumidor que reclama ese tipo de vinos?

-Quizás sea con estos vinos con los que tenemos que conseguir que la gente joven se interese. Antes se bebía más vino pero la gente no te preguntaba de dónde era. Ahora exigen información sobre lo que consumen. Y prefieren beber menos pero que sea de calidad.

-¿Viajar por trabajo es para usted un placer?

-Sí, me gusta saber lo que se hace en otras zonas vitícolas. Es otra forma de trabajar con la que se aprende mucho. Yo, de hecho, sigo formándome, hice un máster de sumiller y en octubre tengo pendiente un viaje a Jerez. He descubierto sus vinos en el curso y a ver si me puedo escapar unos días.

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