Galicia exporta tecnología para el tratamiento de aguas

La compostelana Espina Obras Hidráulicas ya factura en el resto del mundo ocho de cada diez euros; con presencia en Uruguay y Costa de Marfil, la compañía ha abierto recientemente nuevos mercados en Cuba y Panamá

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Santiago / La Voz

Tal vez la fortaleza de un territorio deba medirse por la consistencia de su tejido industrial. Hacen falta gigantes multinacionales, pero también una gran clase media de pymes industriales. El País Vasco es, seguramente, el ejemplo. Por eso en Galicia quizá sean necesarias muchas más empresas como Espina Obras Hidráulicas, una firma puntera en el ámbito de la ingeniería y cuyo negocio está, fundamentalmente, en el exterior. Con menos de 150 empleados y una facturación ligeramente por debajo de los 35 millones, la compañía factura el 80 % en el extranjero, donde en los últimos años ha ganado importantes proyectos.

En Costa de Marfil, por ejemplo, llevó a cabo todo el trabajo de saneamiento del agua del lago Bokabo, hizo la construcción de cuatro embalses para prevenir inundaciones y construyó la planta de tratamiento de agua potable en la ciudad de Yamusukro. También se ha hecho con adjudicaciones en Europa. Por ejemplo, en países como Rumanía, con el desarrollo de estaciones depuradoras de aguas residuales y de tratamiento de agua potable; pero tal vez donde más fuertes se han hecho es en Uruguay, donde ganó el concurso para los trabajos de ampliación de la red de saneamiento de Ciudad de la Costa, una zona de alto valor turístico, próxima a Montevideo.

En una unión temporal de empresas con Aqualia, una filial de la española FCC, la gallega Espina se adjudicó los trabajos para desarrollar el emisario de Punta Yeguas, una obra que permite la evacuación de aguas residuales para que no se quedasen en la desembocadura del Río de la Plata. Un proyecto financiado con más de 30 millones de euros y que supuso la mayor obra de saneamiento de agua hecha en Uruguay.

En Ruanda, donde hizo toda la red para llevar el agua potable a su capital, Kigali, o en Sudán, donde construyó una planta potabilizadora, Espina ha llevado a cabo proyectos internacionales de mucho peso, incluso en Marruecos. Pero ahora la expansión exterior se centra en dos nuevos países para ganar cuota de mercado: Cuba y Panamá. La empresa gallega desarrolla toda la tecnología en Santiago, donde ensambla las piezas y luego las transporta vía contenedor por mar al lugar de destino.

Por su trayectoria a lo largo de los últimos años, Espina Obras Hidráulicas se ha convertido en un referente de la innovación industrial del tejido empresarial compostelano, no dominado precisamente por estas compañías.

Innovación y salida al exterior, la fórmula que permitió salvar los años de crisis

Los recortes en el gasto público para la obra civil en España, muy drásticos en los años de crisis, han propiciado que la empresa de ingeniería hidráulica centrase casi todo su volumen de negocio en el exterior, sobre todo en aquellos países pobres o en vías de desarrollo, con un acusado déficit de infraestructuras hidráulicas y que demandan la tecnología de la compañía santiaguesa. Aunque se ha recuperado, la adjudicación de obras públicas no ha vuelto ni de lejos todavía a los niveles precrisis y las empresas que mejor han sobrevivido al brusco desplome de la demanda doméstica fueron aquellas que, aprovechando su innovación y su alto valor añadido, empezaron a ganar concursos y contratos en el extranjero al ofrecer productos de alta calidad y con capacidad para competir en el mundo.

Aproximadamente, Espina invierte cada año en actividades relacionadas con el I+D+i un 5 % de los beneficios. Esta empresa familiar, en colaboración con la USC, también ha desarrollado una tecnología -patentada por el departamento de Ingeniería Química- que permite reutilizar para otros usos (como por ejemplo el riego de zonas verdes) el agua contaminada con fármacos, como la que procede de los centros hospitalarios. De hecho, esta iniciativa ya se está probando en la comarca de O Salnés, y de momento, con resultados esperanzadores, explican desde la empresa.

«Tenemos una plantilla de trabajadores de muy alto nivel»

M. Beramendi
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Desde la perspectiva que dan los años, el presidente ejecutivo y fundador de la compañía, Antonio González, confía en que este 2018 será un buen ejercicio para la empresa en términos de facturación. Este empresario ha vivido ya varias crisis al mando del negocio, y ha visto los tiempos de abundante oferta de proyectos y aquellos en los que había que levantar las piedras. El presidente de la compañía celebra que en este 2018 se haya recuperado algo el mercado interno. «Estamos teniendo obras con dos plantas de tratamiento en Huesca y en Teruel, otra de aguas residuales en A Lama y una cuarta de agua potable en Oza-Cesuras», precisa Antonio González.

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