En busca de la cerveza perfecta

Galician Brew elabora variedades cien por cien naturales, con múltiples matices; la firma ponteareana acaba de ser seleccionada por VíaGalicia entre más de 200 iniciativas

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Redacción / La Voz

Lo primero que a uno le llama la atención cuando escucha hablar a Isabel Viéitez es su marcado acento andaluz; hambriento, urgente. Confirma tras la pregunta de rigor sus orígenes: es sevillana de nacimiento, pero lleva, explica, más de 20 años asentada en esta esquina del mapa, tierra donde la rama paterna de su árbol genealógico hunde sus raíces. Galician Brew, uno de los 15 nuevos proyectos seleccionados por la aceleradora VíaGalicia para su próxima edición, es fruto de su particular y sincera pasión por la cerveza: durante mucho tiempo, se dedicó a jugar con ingredientes, a ensayar, a tantear. A elaborar por su cuenta, ella sola, lotes y lotes de líquido casero. Y un buen día, hábil ya en el universo cervecero gracias a ferias, foros y simposios, se matriculó en la Universidad de Alicante dispuesta a hacer de su afición un arte y, de paso, un modo de vida.

En el centro valenciano se acreditó académicamente como microcervecera, para después completar su formación en el CIFP A Granxa de Ponteareas con el ciclo superior de vinos, cervezas y licores. «Siempre tuve un interés extremo por las elaboraciones», reconoce. De casta le viene al galgo: es la suya una de esas familias dedicadas en cuerpo y alma a la restauración. Colibrí entre hornillos y fogones, Viéitez se quedó completamente fascinada cuando descubrió las infinitas posibilidades del jugo de cebada.

En el 2015, compró con sus propios ahorros la primera máquina para elaborar cerveza. Y lo que hizo -confiesa con sorpresa- gustó. Fue en aquel momento cuando Isabel decidió restaurar la antigua bodega de sus abuelos, una casa de piedra del 1800 ubicada en Ponteareas que hoy funciona como cuartel general de Galician Brew. «Empecé produciendo cantidades muy pequeñas, 500 litros nada más, y con expectativas muy realistas, a nivel local -recuerda-, pero la demanda se disparó».

El secreto de sus cervezas, dicen, es la «drinkability»

La Curuxa y la Sabela fueron sus primeras referencias; femeninas, gallegas y singulares. Porque esta microfábrica tiene, sobre todo, nombre de mujer. Son mayoría en el equipo -solo hay un hombre-, defendiéndose más que bien en un sector fundamentalmente masculino -«es así ahora, porque antiguamente la cerveza la elaboraban las mujeres», apunta Viéitez- y, por si esto fuera poco, en el rural. No es pequeño el desafío.

Tras la avanzadilla, llegaron la Curuxa negra, la IPA y la Bio, pero también la Rock in Río Tea y la Miña Terra Galega. «Y todas se vendían», evoca su creadora, todavía algo perpleja. Fue ella misma, al principio, quien se lanzó a recorrer, botellines en mano, todos los bares y establecimientos gourmet de la comarca. Enseñaba el producto, hablaba maravillas de él. Dejaba sobre los mostradores varias unidades de muestra para que dueños y clientes pudiesen catarlas. Y enseguida Galician Brew saltó de las tiendas más pequeñas a los pasillos de los supermercados y a las ferias de productos artesanales. Un año después de meter la llave en el contacto, Isabel tenía su nave llena de fermentadoras.

Hoy son cuatro personas y nueve cervezas, tres de ellas certificadas ecológicamente. Porque de si algo ha hecho bandera esta emprendedora es de la calidad. Cuando se propuso elaborar profesionalmente variedades artesanas tuvo claro que o serían con las mejores condiciones máximas, o no serían; que su producto tenía que ser singular, pero sobre todo impecable, con los mejores granos -producen su propio lúpulo, nada de químicos- agua y levadura. Guardaba un as bajo la manga: la ventaja que les da su enclave estratégico, zona de excepcionales manantiales.

Para acercarse todavía más a la perfección, Galician Brew decidió cuidar con mimo el diseño de sus productos y recurrir a tecnologías punteras. «En los métodos de elaboración empleamos técnicas e instrumentos innovadores: fermentadores isobáricos que nos permiten recuperar el mismo CO2 o sistemas de embotellamiento directo, por ejemplo, porque no les añadimos azúcares para forzar el gas -explica la maestra cervecera-. Y nos valemos de ellos no solo para conseguir un resultado mejor, sino también para mantenerlo, para que las cervezas estén siempre igual de equilibradas, para que el proceso no cambie».

No les está yendo mal por este camino. Su género es hoy, garantizan, lo que se conoce como drinkability: bebida que produce placer al ser consumida; «la tomas y eres feliz». «Por dos cosas -detallan-, porque te gusta su sabor, pero también porque te sienta bien». Porque al acordarse, el consumidor tiene un buen recuerdo. Y quiere repetir.

Las claves

1. 125.000 euros.

Es el préstamo participativo que reciben de la aceleradora, más una subvención a fondo perdido.

2. Premios

El año pasado, dos de sus cervezas, Curuxa Black y Rock in Río Tea, fueron premiadas en el Festival Beer de Barcelona, y hace solo una semana Curuxa e Miña Terra Galega consiguieron medallas de plata y bronce en el Ibeerian Awards que se celebró en Aveiro.

 3. Nueve referencias.

La Sabela y la Curuxa fueron las primeras, pero hoy Galician Brew cuenta con nueve variedades distintas, en las que además del sabor se cuida la imagen con especial atención.

 4. Mujeres

Tres de las cuatro personas que forman parte de este equipo son mujeres. Viéitez es, además, miembro de la asociación americana Pink Boots, una red femenina que trabaja en torno a la cerveza. 

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