Donde la ingeniería es creativa

Deseño Industrial, en Ferrol, es multidisciplinar y los estudiantes trabajan sobre problemas reales; eos aprobados en Matemáticas se duplicaron con un aprendizaje práctico


Redacción / La Voz

Muy interesados. Aunque su nota de corte no es de las más altas, desde la escuela destacan que la mayoría de los estudiantes la eligen como primera opción.

El diseño de un producto y de su fabricación es un pilar fundamental de su éxito, pero si acortar y simplificar el proceso es básico, la experiencia demuestra que un diseño correcto puede favorecer el abaratamiento del objeto final. Por eso, el grado de Enxeñería de Deseño Industrial e Desenvolvemento de Producto es una titulación tan interesante y con tanto futuro.

La escuela está radicada en el campus de Ferrol, pertenece a la UDC, y es única en Galicia. De ahí que cada año llene sus aulas (70 plazas). Ronda los 400 alumnos en el único grado que oferta y tiene unos 50 profesores en el claustro.

La carrera no es fácil y su duración media es de cinco años y medio. Una ingeniería, por muy multidisciplinar que sea, y esta lo es, exige unos profundos conocimientos de matemáticas y física, y tal y como explica con humor el director del centro, José Ramón Méndez, «esta titulación responde a una demanda profesional, no es terapia ocupacional». Lo que sí ofrece, y eso la convierte en una escuela muy bien valorada entre los alumnos, es una formación práctica. «Intentamos -recalca Méndez- unificar el modelo matemático que usas como creativo con el que usas en la fábrica. El lenguaje matemático es el mismo en una tableta que en el estampado de una tela». No se trata de evitar conceptos teóricos, obviamente imprescindibles, sino de aplicarlos en la práctica.

Trabajar con esa perspectiva de aprender haciendo ha cambiado la implicación de los estudiantes: «Antes les costaba muchísimo aprobar Matemáticas, y ahora casi hemos doblado el número de aprobados. Y el nivel de exigencia es el mismo, solo que comprueban lo práctico de sus conocimientos».

Y esto enlaza con otro de los objetivos de la EUDI: preparar a los alumnos para el trabajo. Así, cuando terminan el grado de cuatro años están «dotados de herramientas sociales» y saben defender un proyecto o trabajar en equipo. «Su tiempo de integración en una empresa es cortísimo, en tres o cuatro meses ya están completamente familiarizados con todos los procesos, cuando en muchas ocasiones se calcula que un técnico nuevo tarda casi un año en saber qué preguntar, en ser proactivos, en implicarse en la dinámica con eficacia...»

Como plus para esta titulación, la creatividad. «Desde la Ilustración se separaron los campos del saber de las ciencias y el arte, pero no hay diferencias. Tenemos que gestionar los conocimientos y la sensibilidad, porque hay una relación directa entre ambos». Para «diseñar un producto hay que tener conocimientos explícitos» y pone como ejemplo un sofá: no se trata solo de una forma más o menos bonita o llamativa; hay que tener en cuenta el material del que estará construido, su gramaje y cualidades ante el peso o el ambiente. Es la suma de conocimiento y dedicación lo que da un producto creativo que sea interesante.

¿Y tiene Galicia tejido industrial para una facultad así? «Galicia es el espejo cóncavo de España. El otro día salieron los nuevos autobuses ecológicos y maravillosos de Barcelona, pero no se dice que son hechos aquí, de Castrosúa. Lo que pasa es que la industria tiene el mercado resuelto, porque si no ni siquiera nace, y entonces no lo conocemos, no se publicita como una marca». Y menciona casos de diseño puntero en el mundo, desde Tattoo (equipamiento para hoteles y oficinas, o incluso el metro de Catar) hasta los artesanos Calzados Losal de Monforte. «Nosotros -dice Méndez- trabajamos a diario con empresas gallegas, que vienen a presentar sus productos y con las que compartimos experiencias, y eso se nota en los egresados, que tienen una formación muy pegada a la realidad».

Deseño Industrial, una titulación de Ferrol única en Galicia, tiene una imagen muy actual. | josé pardo

«Nos vimos preparados para abrir un estudio»

Cuando Alberto Frutos terminó la carrera de Deseño Industrial, en el 2004, la suya era una titulación bastante nueva. Tanto, que las principales salidas laborales estaban en los departamento de diseño de las grandes empresas. También se podía fichar por compañías de diseño, pero esas solo estaban en Madrid, Barcelona y poco más. Fue en una de estas, en Bilbao, donde Alberto y dos de sus compañeros decidieron que ellos quería trabajar así.

«En la última parte de la carrera -recuerda el hoy socio de Adndesign- empezamos a desarrollar nuestra idea, junto con Eduardo, uno de los profesores, que nos iba orientando». Pidieron una plaza en el vivero de empresas de la Cámara de Comercio de Ferrol e iniciaron su andadura. Por qué se metieron en la aventura de abrir un estudio propio lo tiene claro: «Nos vimos preparados para hacerlo». Hoy pueden decir que sí lo estaban: «Fallas en la poca experiencia negociando, en la parte comercial, hacer presupuestos, emitir facturas... pero en la Cámara nos ayudaron bastante».

Ante la pregunta de si cree que la escuela les había dado formación suficiente, Alberto no lo duda: «Fue muy buena y eso es algo que agradezco profundamente. En general, todos los compañeros estamos muy agradecidos a la formación recibida. En nuestro caso nos animamos a montar nuestro estudio porque en la escuela había trabajado con empresas y ese bagaje es muy importante si quieres dar el paso». Lo único que echó de menos en su momento fue el impulso emprendedor, algo que ahora parece estar solucionado: «Ahora los estudiantes tienen mucha suerte porque el emprendimiento es una alternativa a considerar».

Pero si bien los comienzos fueron complicados y después llegó la crisis, Frutos puede presumir de haberse consolidado y «esas semanas de sesenta horas de trabajo ya son historia».

 

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