La transición energética europea revoluciona el mercado laboral

Bruselas quiere que las renovables aporten el 27 % del total de la electricidad producida en el año 2030; solo Holanda busca ya a 50.000 profesionales para hacer frente a esta nueva era

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Bruselas / La Voz

Holanda busca 50.000 profesionales. Mano de obra cualificada y experimentada para asentar las bases de su transición energética hasta el 2030. Las cifras fueron reveladas por el Consejo Económico y Social (SER) holandés en un informe reciente en el que los expertos también advierten a su primer ministro, Mark Rutte, de que hay que buscar nuevo talento dentro o fuera del país para aumentar el ritmo de construcción e instalación de placas solares y molinos, sistemas de almacenamiento y mejoras de la red para evitar pérdidas: «Puedes tener un plan bueno para reducir el CO2, pero si no hay gente que haga ese trabajo, no vale de nada», explicó su presidenta, Mariëtte Hamer.

Holanda está dispuesta a pisar el acelerador, dejar atrás la economía del carbón y cumplir con los compromisos europeos, aunque eso se traduzca en el cierre de sus centrales eléctricas de carbón y la pérdida de unos 3.000 empleos. La UE se fijó como objetivo lograr que en el 2020 el 20 % de la energía que se consuma sea renovable. Una cifra que ascenderá como mínimo al 27 % en el 2030. Para entonces se espera una mejora de la eficiencia energética del 27 % y una reducción del 40 % de las emisiones de gases de efecto invernadero respecto a las registradas en 1990. Pocos estados han hecho los deberes. Al menos 21 de los 28 países da la UE han dejado la tarea para última hora o han rebajado su nivel de ambición. Por el momento, solo Suecia (53,8 %), Finlandia (38,8 %), Dinamarca (32,2 %), Estonia (28,8 %), Croacia (29,3 %), Lituania (25,6 %) y Rumanía (25 %) han alcanzado la meta en uso de renovables. Y eso que el grado de exigencia «es claramente insuficiente», como reconoce el comisario de Acción por el Clima y Energía, Miguel Arias Cañete. Holanda va a la cola, a ocho puntos de su meta, seguida de Francia, Irlanda, Reino Unido y Luxemburgo. España (17,3 %) se acerca al objetivo, pero la potencia instalada de energías limpias se ha ralentizado en los últimos años.

Nuevas oportunidades

Holanda no es el único país que reclama mano de obra. El mismo problema lo experimentaron antes sus vecinos alemanes o daneses. Berlín dio el carpetazo definitivo a la energía nuclear en el 2011, anunciando el apagón progresivo de sus reactores y su apuesta firme por la energía limpia. Esto se tradujo en un aumento del precio final en la factura de los consumidores, pero también en un alza considerable de la capacidad eléctrica renovable instalada. Si en el 2010 contaban con 26.903 MW procedentes de la energía eólica y 18.005 MW de la solar, esas cifras aumentaron en el 2016 a los 49.592 MW y los 40.714 MW, respectivamente. No en vano, Alemania es el país europeo líder en creación de empleo, especialmente en instalaciones fotovoltaicas. Concentra una tercera parte de los trabajos vinculados a la transición energética. Las oportunidades no se quedan en el presente sino en las necesidades del futuro que seguirán teniendo países como China, Brasil, Estados Unidos, India, Japón y la propia Alemania, quienes concentran el 70 % del trabajo. La Agencia Internacional de Energías Renovables (Irena) calcula que este área de actividad podría generar 24 millones de empleos globales en la próxima década.

Medidas políticas

El impulso a las energías limpias está encontrando buenos aliados dentro del sector privado a falta de empuje público. «Las inversiones privadas se incrementaron desde el 2010 hasta llegar al 85 % del total en el 2014», señala la Comisión Europea. La crisis pasó factura al conjunto de la UE. Los gobiernos nacionales recortaron sus partidas a investigación y desarrollo dejando el timón de la transición energética global en manos del gigante chino. Bruselas trató de inyectar energía a través de los presupuestos europeos, que en el último ejercicio (2014-2020) reservaron 29.100 millones de euros para fomentar la energía hipocarbónica, pero insiste en que los planes nacionales «deben ir acompañados de acciones apropiadas en el ámbito de la financiación». Suecia fue de los primeros en introducir cambios fiscales para facilitar la penetración de las renovables en la economía. Estonia y Alemania conceden créditos para la mejora de la eficiencia energética en edificios e instalaciones empresariales. Reino Unido, Dinamarca, Italia, Francia y Bélgica imponen obligaciones de eficiencia a los servicios.

Desempeño español

Es ahí donde cojea España. La Comisión de Expertos para la transición energética lanzó varias recomendaciones al Gobierno en un informe reciente para no perder el tren de la modernización. Y es que España «se ha desvinculado en los últimos años» de la tendencia mundial de apostar por las renovables. Esa inacción ha pasado factura al mercado laboral. Mientras la industria de la energía renovable creó en el mundo más de 500.000 empleos nuevos en el 2017 (+5,3 %), España fue perdiendo fuelle. «Partimos de un escenario base poco ambicioso dada la capacidad industrial y el potencial (eólico) exportador de nuestro país», aseguran los expertos, quienes recomiendan también diseñar una «adecuada fiscalidad energética» para atraer más inversión privada y hacer al sector más atractivo. El momento es propicio. Según la Agencia Internacional de Energías Renovables, sus costes de producción ya están por debajo de la generación de energía por combustibles fósiles. «La reducción de costes en las energías renovables ha sido espectacular, ya sea en solar o eólica», confirma Cañete. La contribución del sector aumentó en el 2016 hasta los 8.511 millones de euros (0,76 % del PIB), pero el empleo cayó a la mitad respecto a las cifras del 2008. Es más, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) advirtió recientemente de que hay un millón y medio de empleos en el país que se verán afectados por el proceso de transición energética. Países como Holanda sopesan crear un «fondo de carbón» como red de seguridad, formación y capacitación para los afectados. Otros países vecinos seguirán sus pasos.

¿Qué retos tiene España por delante? En un informe de escenarios, la consultora Deloitte señala la necesidad de mayores inversiones y de lograr un «firme respaldo» gubernamental al proceso. El potencial de crecimiento económico que supone la transición energética es muy grande y transversal, alcanza a muchos sectores. Solo falta que el Gobierno lo sepa aprovechar. «Fomenta la actividad económica y reduce las importaciones energéticas y los precios (...) El escenario de transición es más barato que el continuista», indican. Además, apuntan al autoconsumo: «Será necesario que se permita el libre acceso y sin penalizaciones a esta forma de producción de energía», concluyen. Con ese escenario, la tarifa eléctrica media en el 2030 podría reducirse un 30-35 % y hasta un 55 % de cara al 2050. ¿En qué nichos pueden penetrar las energías hipocarbónicas? Los expertos señalan la importancia de cambiar el modelo energético en la fabricación de automóviles, industria vital para Galicia. Atraería inversiones facilitando la creación de polos industriales orientados a la fabricación de bienes de equipo. La penetración del vehículo eléctrico, las infraestructuras de recarga, el ferrocarril eléctrico y transporte marítimo y de carretera también están por explotar. También pueden surgir nuevas oportunidades para el sector de la construcción si se orienta a la innovación y rehabilitación de edificios para la mejora de la eficiencia energética.

Los expertos calculan que se podrían generar 24 millones de empleos en los próximos 10 años

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