«Empecei a facer cervexa para disfrutar e agora teño fábrica»


Redacción / La Voz

¿Quién le habría dicho a Alberto Curiel hace unos años que iba a acabar fabricando cerveza? La única relación que este joven administrativo lucense tenía con la rubia, o con la negra, era que le gustaba. Nada más. «Un día, hai uns oito anos, un amigo comentoume que era fácil facela na casa», recuerda. Y por qué no. Entonces todavía no había estallado el bum de la cerveza artesana, ni había tanta información como hay ahora por Internet, que ya hay alguna compañía que manda recetas hechas. Pero buscó y rebuscó hasta empezar a hacer algún que otro litro en casa.

«Foi toda unha investigación. Facíao por pracer. Mercaba o que me facía falta en Cataluña (malta, lúpulo e lévedo) porque nesa comunidade foi onde comezou toda a moda da cervexa artesá. Era un hobby que me facía pasalo ben no tempo libre. Empecei a facer cervexa por pracer e agora fabrícoa», dice.

Como el apicultor aficionado que el domingo sube a ver cómo están sus colmenas, Alberto empezó a hacer cerveza usando un principio fundamental de todo investigador: la técnica del ensayo-error. Los primeros lotes no salieron bien. Pero todo es cuestión de práctica. Y tesón. Pasó un tiempo practicando hasta que el resultado le gustó. Entonces, ¿por qué no ir un paso más allá?

1.000 litros al mes

«Empecei a facer lotes de 20 litros. Agora saco uns 1.000 litros ao mes», precisa. De ese modo nació Aloumiña, una cerveza artesana de la que ya hay una pequeña variedad que se distribuye por toda Galicia y que hace él mismo en la fábrica que ha abierto en Lugo.

Aquello de trabajar de administrativo es pasado. Hace cerveza rubia, negra... Y acaban de premiarla en el Barcelona Beer Fest. Va poco a poco. Con tiento. Tiene una tienda en Lugo y también un distribuidor que muestra su producto. «Estou moi contento porque a cervexa gusta», cuenta. El caso de este lucense es un ejemplo de que el germen de una empresa puede sembrarse o brotar en cualquier momento, incluso durante una charleta con un amigo que te mete el gusanillo de hacer algo para pasar el rato y que acaba convertido en un producto que la gente empieza a reconocer.

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