Mi «hobby» me dio un empleo

Una afición es un valor al alza en el mercado laboral; no solo porque las empresas la valoran a la hora de elegir a sus empleados, también porque a veces son una base para emprender

De izquierda a derecha, de arriba hacia abajo: Joaquín Martínez, Óscar Vales, Alberto Curiel, Jordi Grau, Evaristo González y Álex Rivas
De izquierda a derecha, de arriba hacia abajo: Joaquín Martínez, Óscar Vales, Alberto Curiel, Jordi Grau, Evaristo González y Álex Rivas

Redacción / La Voz

Hace unos años, en el 2012, el multimillonario norteamericano Warren Buffet tocó a dúo durante una conferencia en la ciudad de los rascacielos con John Bon Jovi. ¿Quién lo diría? Pero juntos se atrevieron con The glory of love. El inversor incluso bromeó con el rockero diciéndole que ya no tendría que volver a llamar al guitarrista Richie Sambora para tocar en su banda. Ahora lo tenía a él. La única diferencia es que el Oráculo de Omaha, como lo apodan, no la toca. Tampoco el bajo. Le va el ukelele, un instrumento del que, como confesó aquel día, aprendió a sacarle sonido hace más de sesenta años para conquistar a las chicas. Desde entonces es su hobby. Pero Buffet nunca dio el paso de convertir esa afición en un negocio, aunque le habría ayudado mucho en el hipotético, y remoto, caso de que el multimillonario tuviera que buscar un nuevo empleo.

Al contrario que Buffet, cada vez hay más empresarios o emprendedores que han convertido su hobby en una fuente de ingresos. No solo eso. En una época de constante crecimiento de start ups -la auditora Startup Explore ubicó el año pasado a Galicia entre las seis primeras comunidades españolas en número de esas compañías emergentes con base tecnológica-, un 76 % de los miembros de la generación Z sueñan con generar ingresos para vivir montando empresas basadas en sus hobbies, como recoge un artículo de la agencia NSB. Entre las razones que dan está la de que no quieren ser empleados de nadie.

Pero no son solo ellos los que apuestan por esa alternativa. Muchos han creado ya empresas que generan más de una decena de puestos de trabajo. En Galicia pueden hallarse varios ejemplos. Detrás, no solo hay jóvenes de menos de treinta años como Álex Rivas, uno de los CEOs de Gamerswalk.

La experiencia de los que ya han dado ese paso es fundamental para los que quieran seguir su camino emprendiendo algún proyecto empresarial. Por eso, Álex habla de meditar bien sobre el concepto time to market (la oportunidad o tiempo oportuno de lanzar algo al mercado). El fundador y director de Esmerarte, Joaquín Martínez, Kin, va más allá y da un toque de atención a los que quieran iniciar esa aventura: «No 2012 moita xente perdera o emprego. O problema tratouse de paliar co emprendemento, pero iso non o hai que facer cando toca, haino que facer cando o sintes. Hai que analizar ben as cousas, ter un plan de empresa porque a idea tense que traducir no mercado e neste momento moito máis. Está ben investir, pero cos pés no chan».

No es el único que llama a ser cauto. El consultor José Manuel Alarcón, director general y fundador, entre otras, de la empresa especializada en e-learning Krasis, apunta que al convertir en una fuente de ingresos principal un hobby, «muchas veces las personas que lo hacen pierden la función de válvula de escape que esa actividad implicaba para ellos. Además, no podrán hacerlo solo cuando les apetezca, y de la manera que les ayude, sino que al depender de ello, a veces tendrán que hacer cosas que no les gustan tanto, o nada, con lo que añadirán presión debido al hecho de profesionalizarse porque no hay actividades económicas para aficionados. No ocurrirá en todos los casos, pero a medio o largo plazo una actividad placentera puede convertirse en algo que ya no lo es tanto». La cuestión es, por tanto, meditar con calma lo que se hace para no acabar en fracaso.

Un punto en el currículo

Pero aunque esos hobbies no acaben convertidos o traducidos en una empresa, el hecho de tener amor por el desarrollo de una actividad, o más, fuera del trabajo ayuda, y mucho, a encontrar un empleo. De hecho, son cada vez más las compañías que valoran más a los candidatos con aficiones. Es más, no llegan ni a entrevistar a aquellos que no las tienen.

Lo sabe bien el fundador de SkyLab Coders, que trabajó catorce años en Infojobs. «La primera pregunta que les hago a las personas que quieren entrar en la escuela de programación que gestiono es: ‘¿Tienes alguna afición?’ ¿Por qué? Porque eso me va a decir muchas cosas sobre ellos, sobre todo muestran que son personas con ganas de aprender y con facilidad para la motivación. Eso es fundamental cuando alguien quiere dedicarse a programar, un puesto en el que hay que estar formándose constantemente». Pero no vale tener un hobby cualquiera. «Estar tirado toda una tarde viendo películas no lo es. Otra cosa es pintar figuras o hacer un trabajo creativo», añade. Y pone un ejemplo muy claro: un entrenador de un equipo modesto que hace esa actividad durante el tiempo libre, la información que transmite es que es una persona con capacidad de llevar equipos complicados.

Sea de una manera o de otra, es que tener un hobby resulta enriquecedor. ¿Convertirlo en un modo de vida? Depende. Solo hay que pensar bien lo que se hace. Estas personas lo han hecho. Son felices.

 

«Obrígache a estar creando sempre e quedas sen tempo»

María Cedrón

Joaquín Martínez Silva o Kin, como lo conoce todo el mundo, se autodenomina «un rapaz de aldea, como o de Neira Vilas». Desde la parroquia de Briallos, en el concello pontevedrés de Portas, ha logrado que sus proyectos crucen el Atlántico. El secreto es que su iniciativa empresarial, Esmerarte (una de las dos promotoras que organizan el festival O Son do Camiño), donde trabajan 17 personas, nace del amor a la música y a la tierra. El trabajar en algo que le gusta y en un sector como el de la industria cultural «dache ese fío de motivación que che obriga a estar creando sempre e buscando proxectos novos. Ao final déixate sen tempo».

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«No piensas que te tienes que levantar para ir a trabajar»

María Cedrón

Los videojuegos en línea fueron los que condujeron a Álex Rivas al mundo de la empresa. Lo bueno de trabajar en eso es que, como dice, por la mañana «no dices ‘tengo que levantarme para ir a trabajar porque vas a hacer lo que te gusta’». Cuando este joven de Arcade tenía 17 o 18 años, todavía no existían los eSports o deportes electrónicos. No importaba. En aquella época practicaba con otros juegos en línea como Counter strike, «que era el más famoso de la época. Luego llegó Call of duty, juego en el que despuntamos a nivel europeo. Ahora hay jugadores que pueden ganar entre 2.500 y 4.000 euros al mes más la esponsorización aparte», apunta. Pero cuando era adolescente era fan de los videojuegos como pasatiempo.

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«En Galicia non había nada disto. Entón ¿por que non...?»

María Cedrón

La culpa es de Félix Rodríguez de la Fuente. Fueron sus programas los que le metieron a Evaristo González el gusano en el cuerpo, o más bien el águila. «O meu hobby foron sempre os animais, sobre todo as aves rapaces. Encantábanme. Soñaba con ter algún día unha aguia real e un lobo. Houbo que esperar, pero mereceu a pena. Logreino aos 47 anos». Este cambadés, de Covas de Lobos, ha logrado trabajar con lo que más le gusta. Habla de las aves, sus aves, como un escultor que con un cincel ha ido labrando una pieza máster. Para él, Rapiñas do Salnés Cetrería, creada hace unos seis años, es también la obra de su vida, un negocio que ha ido levantando poco a poco a partir de un sueño que tenía desde joven y que empezó a visualizar a los 29 años, «cando fun a unha exhibición de rapaces e empecei a falar co encargado da mostra».

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«Llevo trece años saboreando un proyecto auténtico»

María Cedrón

Nació en el seno de una familia de futbolistas. Su padre Pepe había jugado en el Dépor, una tradición que continuó su hermano Marcos. Pero a Óscar, más que el balón, lo que le atraía cuando era niño eran las tablas de surf que veía en las revistas. Tuvo la primera a los nueve años, cuando en Galicia esta modalidad deportiva no tenía apenas tirón. Lo practicaban algunos veteranos, pero no los chavales. Óscar compitió sobre las olas, pero lo que le gustaba era disfrutar. La adrenalina que le generaba el surf es la que le daría el impulso, con 22 años, para crear Vazva, una marca de ropa inspirada en el surf y el skate que este año cumple trece años «llenos de autenticidad», como dice Óscar. Porque Vazva, recalca, «no nació de una moda, nació del amor por un deporte».

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«¿Qué más podemos pedir? Trabajamos entre flores»

María Cedrón

Elena Naveira es de Ferrol. Ánxela Rodríguez, de A Rúa. Las dos son Ai Carmiña!, un taller de arte floral que nació, en el fondo, de su afición a los paseos por la naturaleza disfrutando de cada estímulo que les daban las plantas o las flores. La enfermería fue la primera línea que unió a estas dos jóvenes emprendedoras nacidas en lugares totalmente opuestos de Galicia . Son el interior y la costa, son Galicia: son Ai Carmiña! «Nos conocimos estudiando Enfermería en A Coruña», recuerda Elena. Su segundo nexo fueron dos aficiones complementarias totalmente ajenas a la sanidad. El amor a las plantas y a la decoración. Y, por qué no, la idea de disfrutar con algo que realmente les gusta, un hobby convertido en modo de vida que ahora tratan de inocular a todos los que participan en cada uno de sus talleres. Porque no hay flor que se les escape. Sus favoritas: las anémonas, las papaver, las ranúnculas o la fritillaria.

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«Empecei a facer cervexa para disfrutar e agora teño fábrica»

María Cedrón

¿Quién le habría dicho a Alberto Curiel hace unos años que iba a acabar fabricando cerveza? La única relación que este joven administrativo lucense tenía con la rubia, o con la negra, era que le gustaba. Nada más. «Un día, hai uns oito anos, un amigo comentoume que era fácil facela na casa», recuerda. Y por qué no. Entonces todavía no había estallado el bum de la cerveza artesana, ni había tanta información como hay ahora por Internet, que ya hay alguna compañía que manda recetas hechas. Pero buscó y rebuscó hasta empezar a hacer algún que otro litro en casa.

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«Los pros son continuar ligado al deporte y contras tienes pocos»

María Cedrón

Ente 1986 y el 2000, Jordi Grau era un chico de la ACB. Jugó 267 partidos en esa categoría. Pero como a todo deportista le llegó el momento de terminar su carrera sobre la pista. «Cuando estás en activo te das cuenta cuándo va a ser tu última temporada y para continuar ligado al mundo del deporte o eres entrenador o pocas alternativas más puedes encontrar», explica desde una de las salas del edificio donde tiene su oficina en Oleiros. De hacer botar el balón dio el salto al sector inmobiliario, hasta que un día se le iluminó una bombilla y pensó en regresar al baloncesto, pero de una forma muy diferente a lo que lo había hecho antes. Porque Jordi Grau ha hecho de su hobby su profesión dos veces. Antes jugando en las pistas, ahora como tipster, un trabajo de nueva generación basado en dar consejos para realizar apuestas deportivas. «Los pros de ser tipster son que puedo continuar vinculado al mundo del deporte y los contras son pocos. A veces, aguantar comentarios que no son agradables o que no hay horario porque hay que interactuar con los seguidores a cualquier hora», dice.

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