Crisis económica y desigualdad

El período transcurrido entre los años 2008 y 2015 ha puesto en evidencia los desequilibrios del modelo económico español. La pérdida de poder adquisitivo del conjunto de los trabajadores y el incremento de las rentas del 10 % más rico se han agravado debido en parte a la falta o ineficaz gestión de las políticas públicas. En Galicia, el impacto de esta dinámica ha sido más acusado pues la recuperación se ha asentado en una mayor devaluación salarial que en el conjunto del Estado


Catedrático de Economía Aplicada de la Universidade da Coruña

El Defensor del Pueblo publicó, por vez primera en su historia, un amplio informe sobre las consecuencias de la crisis. El período que cubre los años 2008/2015 puso al descubierto gran parte de los fallos que venía arrastrando el modelo económico español. La recesión, intensa y rápida, se extendió desde el plano económico al social y al político, subrayando la injusta y desigual distribución de la renta personal a lo largo del período. El resultado final fue un retroceso del PIB de 7,5 puntos; la caída del empleo superó el 18 %; y el paro se triplicó. A estas cifras hay que añadir que el endeudamiento público y privado equivalió el 240 % del PIB. Es decir, se produjo una transferencia de rentas desde la parte inferior y media de la sociedad hacia la parte alta. Por ello, el bienestar de la mayoría de los españoles se ha visto menoscabado.

Las políticas públicas han intentado paliar dichos efectos negativos y desequilibradores. Sin embargo, la gestión de dichas políticas no fue suficiente y los instrumentos compensatorios de la política social resultaron ser poco poderosos, ya sea por los recortes presupuestarios y dotaciones puestas en marcha, como por una no muy brillante gestión de los responsables de los servicios.

El propio informe llama la atención sobre el gasto público y sus efectos. De una parte, enfatiza que hubo una caída en la prestación de los servicios públicos; y, de otra parte, se ha reducido la inversión pública hasta mínimos históricos. Asimismo, los gastos en vivienda, salud y educación que habían crecido hasta el 2009 (año en que significaron el 12,7 % del PIB) se desmoronan al 10,5 % en el 2016. Durante dicho período 2009-2016, el gasto público sanitario disminuye en 5.341 millones de euros y el gasto público en educación en 4.778 millones de euros.

La crisis económica ha agudizado, en consecuencia, el crecimiento de la desigualdad. La actual reactivación no está corrigiendo dicha situación. En el año 2013, el coeficiente de Gini había subido desde el 32,4 del año 2008, al 33,7; y en el 2016, vuelve a subir al 34,5; reflejando, por lo tanto, una retroalimentación negativa entre la distribución de la renta y la carencia de políticas redistributivas.

Al mismo tiempo que el defensor del Pueblo emitía su informe, un titular del Financial Times alertaba sobre «la amenaza de la desigualdad de rentas», al enjuiciar las declaraciones de la responsable del FMI, Christine Lagarde, atestiguando que la desigualdad de rentas es considerada como muy importante para el 60 % de la población mundial. Las estadísticas confirman dicha percepción, al reflejar que la participación del 10 % más rico sobre la renta total ha aumentado en la mayoría de las regiones del mundo y que el 1 % más rico captura en promedio el 10 % de la renta y hasta el 20 % en países como Estados Unidos e India.

El Foro Económico de Galicia, plataforma de conocimiento que agrupa a investigadores universitarios y empresarios, analizó recientemente el comportamiento de los salarios en Galicia y concluye con dos apreciaciones de relevancia. El peso relativo de las remuneraciones del factor trabajo registra una acusada tendencia decreciente desde el comienzo de la crisis que contrasta con los fuertes aumentos que muestran las retribuciones del capital, al punto de que el excedente bruto de explotación supera a la renta de los trabajadores a partir del año 2012. La segunda apreciación, siguiendo los datos de la Agencia Tributaria, es que Galicia se sitúa como la segunda comunidad autónoma española con mayor descenso del número de personas que reciben una retribución salarial desde el comienzo de la crisis y la cuarta región en lo tocante al descenso del importe total de las retribuciones.

Es decir, Galicia está apostando por un modelo productivo fundamentado por una marcada devaluación salarial. Esto es, hace pivotar la recuperación económica en un descenso prolongado y sostenido de los salarios; hasta tal punto, que el salario de los gallegos es el 87 % del español y el tercero más reducido del conjunto de las comunidades autónomas.

Todo ello apunta a que los gallegos, desde el año 2009, somos más pobres. Los asalariados que percibían menos de una vez el salario mínimo interprofesional ascendían, en el 2009, al 26,6 % del total; y, en la actualidad, alcanzan el 30,8 %. Además, el salario medio anual fue, en el 2009, de 18.217 euros, por los 18.114 euros del 2016. Es decir, apenas hemos mejorado, sino todo lo contrario.

Pero no solo somos más pobres, porque ganamos menos; sino que también hay menos ricos, aunque estos lo son cada vez más. Por ejemplo, aquellos que superaban las cinco veces el salario mínimo interprofesional representaban en el 2009 el 5,5 % del total de los asalariados en Galicia, mientras que en el 2016 se redujeron al 4,7 %. Y los más ricos de todos, los que superan las 10 veces el salario mínimo interprofesional, pasaron de contabilizar el 0,6 % del total de los gallegos, a suponer exclusivamente el 0,4 %.

Todo esto sirve para destacar que la salida de la crisis ha precipitado en Galicia una dinámica muy asimétrica y con una desigualdad mayor que la contabilizada en España. El análisis efectuado muestra una mayor divergencia con el modelo español y entre nosotros mismos. La remuneración por hora trabajada es un 15 % inferior a la media española y la retribución por asalariado, casi un 12 % inferior al conjunto español. O dicho en términos más coloquiales, los asalariados en Galicia han perdido poder adquisitivo a lo largo del período 2008/2016, en torno a un 1 %.

Es cierto que la economía gallega ha recuperado los índices del PIB al nivel existente antes de la recesión, pero ni los empleos (todavía un 20 % por debajo de lo que registrábamos antes de la crisis) ni los salarios (pérdida del 1 %) han vuelto a ser los de antes. Son, pues, auténticos desafíos y retos pendientes. De ahí que se concluya que no se puede mantener un modelo productivo castigando en exclusiva a los asalariados con menos ingresos y que, además, tengan que soportar los efectos de la recesión. Tiene que haber otras medidas.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
3 votos
Comentarios

Crisis económica y desigualdad