Un líquido que mueve millones

La ginebra es la bebida que más crece en el mercado español, con incrementos anuales que rozan el 10 %. El sector vincula su éxito a la continua innovación y a la variedad de sabores


La ginebra se ha convertido en una de las reinas de la barra. Aunque en sus orígenes, a finales del siglo XIX, sujetar un vaso de este líquido transparente era una maniobra vinculada a un público más bien poco refinado -gente de avanzada edad y algún que otro extravagante-, esta bebida espirituosa se ha ganado a pulso un hueco privilegiado. Las continuas y calculadas campañas publicitarias emprendidas por los productores en los últimos años han conseguido eliminar la imagen rancia que arrastraba tras de sí este producto. El gin tonic se asocia hoy en día a un perfil mucho más distinguido, lo que se traduce en jugosas cifras para la industria.

Según los datos que maneja la Federación Española de Bebidas Espirituosas (Febe), la ginebra es a día de hoy la bebida que más crece en el mercado, con un incremento del 9,9 % en el año 2016, el último del que se tienen cifras. Este líquido es el segundo preferido por los españoles, siendo solo superado por el whisky, rey absoluto de minibares y barras desde hace muchos años. La competencia entre los fabricantes de este destilado es voraz y hoy se juegan el pastel entre más de 200 marcas, donde las nacionales empiezan a ganar peso. Los estudios que maneja la Febe demuestran que las ginebras hechas en España crecieron un 20,2 % en el 2016 con respecto al año anterior y van pisándole los pies (con un 47 % de preferencia entre los consumidores) a las de importación (por las que optan el 53 %).

A los españoles nos gusta la ginebra. Tanto que, según una encuesta realizada por el International Wine & Spirit Research, nuestro país es el tercero del mundo donde más gin tonics se consumen: solo nos superan los filipinos y los estadounidenses.

Y entre toda esta exuberancia de marcas y variedades, una ginebra con regusto a morriña y acento gallego ha conseguido competir de tú a tú con los grandes nombres del sector. Hablamos de Nordés, un destilado premium que tras iniciar su camino de éxito en nuestra comunidad, acabó convirtiéndose en una de las grandes inversiones del grupo andaluz Osborne. El cheque no ha sido en vano. En los últimos cuatro años, esta ginebra ha duplicado sus ventas y se mantiene como la premium que más crece en España. Les ha ayudado lo que muchos ya conocen como el «efecto gin tonic»: «En los últimos años la ginebra ha sido la categoría que más ha innovado con el lanzamiento de nuevas referencias, nuevas propuestas de sabor, con el uso de diferentes botánicos, proponiendo nuevas alternativas a un consumidor que busca experimentar y disfrutar de nuevas sensaciones», explican desde esta compañía que tiene en España su principal mercado. Aunque las fronteras empiezan a diluirse, porque Nordés ya se sirve en los vasos de consumidores de más de 20 países, entre los que la empresa destaca Portugal, Italia, Bélgica, Colombia o Perú. Los números lo dicen todo: en el último año siguen creciendo a doble dígito y han vendido más de 200.000 botellas.

El último pelotazo es rosa

Empezaron siendo uno más de los pequeñitos del sector y ahora es una de las marcas de alcohol que debe tener en sus estanterías cualquier hostelero que quiera hacer caja durante las noches del fin de semana. La sevillana Puerto de Indias ha conseguido en tan solo cinco años unas cifras que muchos envidian. «El primer año que sacamos Puerto de Indias al mercado, el 2013, vendimos 2.000 botellas, el año pasado 6.000.000», sentencia Jose Antonio Rodríguez, socio fundador de este milagro económico rosa que salió de una pequeña destilería de Carmona.

En unos pocos años han conseguido no solo multiplicar sus ventas, sino también conseguir crear marca. Sus consumidores no se acercan a la barra a pedir ginebra rosa, piden un Puerto de Indias. Este negocio tan goloso consiguió captar la atención hace unos meses del fondo de capital riesgo HIG, que puso sobre la mesa 110 millones para hacerse con el 66 % de la compañía. Un conjunto de casualidades les había llevado hasta ese momento. La compra de una destilería en ruinas en el 2001 entre un grupo de amigos, la crisis del sector del ladrillo que obligó a los hermanos Rodríguez a reinventarse y un error. Sobre todo un error. Porque Puerto de Indias, como todos los grandes éxitos, nació de una idea fracasada. «En la destilería nos dedicábamos a macerar frutos con anís como uvas pasas y se me ocurrió macerar fresas en alcohol para probar. Pero con el calor que hizo ese verano se nos pasaron y se convirtieron en una especie de mermelada. En ese momento justo estábamos fabricando ginebra y se nos ocurrió intentar probar qué es lo que salía al mezclar una y otra». Salió un auténtico negocio que hoy se puede encontrar en países como Finlandia, China, Alemania o Colombia.

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