¿Cuánto se tarda en hacer un coche?

Avances como la realidad virtual y aumentada y la impresión 3D han reducido el proceso de fabricación de 60 a 16 horas; las plantas de automóviles concentran los robots industriales

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Redacción / La Voz

Los vehículos actuales son naves espaciales, un compendio de tecnología que abarca todos sus componentes, desde el chasis al motor, pasando por todos los elementos de confort, seguridad activa y pasiva, infoentretenimiento... Partiendo de esa base, cabría pensar que fabricar un coche en el 2018 debería ser una tarea más ardua que hace un cuarto de siglo, pero nada más lejos de la realidad. Las nuevas técnicas de producción y la robotización han conseguido que el tiempo de montaje de un nuevo automóvil se haya reducido de 60 horas a las 16 actuales.

«Cuando pisé por primera vez la planta de Martorell tenía solo 18 años y recuerdo que justo habían pasado los Juegos Olímpicos de Barcelona», explica Juan Pérez, responsable del equipo de Procesos Prensas en la fábrica de Seat. Ya entonces era una de las instalaciones más modernas de Europa, con 404.000 metros cuadrados que se han ido ampliando hasta ocupar 2,8 millones, el equivalente a 400 campos de fútbol.

En aquella época, los operarios andaban 10 kilómetros al día: «Cuando me tenía que ir a casa, no encontraba los vestuarios. Era muy habitual perderse», recuerda Juan Pérez. Esta es una de las cosas que han cambiado. Actualmente, los empleados conviven con 125 vehículos guiados automáticamente (AGV, por sus siglas en inglés), que se encargan de transportar 23.800 piezas al día hasta la línea a través de carriles invisibles por toda la fábrica.

En 1993 había 6.000 trabajadores en Martorell, mientras que ahora son el doble. Comparten los talleres con más de 2.000 robots, que se ocupan de ensamblar la estructura del coche y suponen alrededor del 10 % de los robots industriales que hay en España. Otras plantas de automoción, como la de PSA en Vigo, la de Opel en Figueruelas (Zaragoza), la de Volkswagen en Pamplona, la de Ford en Almussafes (Valencia) o las de Renault en Palencia y Valladolid concentran también el grueso de estos ingenios en nuestro país. «En aquella época montábamos manualmente los cristales de los coches entre dos personas. Eran muy pesados y aparatosos. Actualmente lo hace un robot y nosotros hacemos trabajos más llevaderos», explica Pérez.

Industria 4.0

La tecnología punta y la informatización abarcan todas las áreas. Un total de 84 robots aplican finas capas de pintura en una cabina y un escáner de última generación revisa la uniformidad de la superficie en tan solo 43 segundos. La producción actual, digitalizada y conectada, permite fabricar 2.300 coches al día en la fábrica de Barcelona, una cifra que se reducía a 1.500 hace 25 años. Actualmente sale de la planta un modelo cada 40 segundos. Realidad virtual, impresión 3D o realidad aumentada son otros de los avances que han aparecido con la llegada de la industria 4.0.

Pero la evolución no solo se ha notado en las cifras de producción. Después de más de dos décadas uno de los grandes avances ha sido la mejora en la ergonomía de los trabajadores. Víctor Manuel Díaz, responsable de Trabajo en Equipo, Estandarización y Shopfloor Management en Martorell, lo relata así: «Antiguamente tenías que cogerte un taburete pesado y meterte con él dentro del coche para montar los interiores, lo que no resultaba muy cómodo para los operarios». Actualmente, unas plataformas especiales denominadas Raku-Raku -fabricadas por la compañía japonesa Aikoku Alpha- facilitan el trabajo del operario, que puede acceder al interior del coche sentado y tener los materiales al alcance de la mano gracias a una especie de brazos artificiales que le ponen herramientas y partes del vehículo en bandeja.

Pero el lanzamiento de un automóvil no se limita a su fabricación en serie. Cada nuevo modelo tiene tras de sí un laborioso proceso que abarca alrededor de 1.400 días, más de mil bocetos, 5.000 kilos de arcilla y 1.000 litros de pintura que son necesarios para definir por completo el diseño. Todo empieza con lápiz y un papel y numerosas reuniones en las que se trazan las líneas maestras y el ADN (personalidad y hueco que ocupará en el catálogo de la marca) del vehículo. El bocetado, los modelos de arcilla, el diseño interior y exterior -trabajando con tendencias del mundo de la moda y la arquitectura- son otros aspectos en los que la tecnología ha contribuido para agilizar este proceso.

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