Donde el Sil vale un potosí

El Concello de Nogueira de Ramuín es el primero de Galicia en capacidad de generación hidráulica; Iberdrola le paga en impuestos medio millón de euros, pero el alumbrado público consume 200.000en nogueira de ramuín: líder en hidráulica


Redacción / La Voz

El lugar de Loureiro fue un día una gran ciudad. Durante los largos años que se emplearon en construir la central hidráulica de San Esteban, llegaron a vivir en ella unas cinco mil personas. La compañía Saltos del Sil -ahora, Iberdrola- construyó para sus trabajadores una iglesia, un poblado de viviendas, un cine, un hospitalillo y hasta un casino. Pero las obras acabaron -Franco inauguró la instalación en 1959- y la gente abandonó el pueblo. Hoy, ese lugar, perteneciente al concello ourensano de Nogueira de Ramuín, es víctima de la feroz despoblación que sufre Galicia.

No se ve ni un alma. Cierto es que hace un día de perros y que se acerca la hora de hacer la comida. En verano es otra historia. La Ribeira Sacra y los cañones del Sil son un imán irresistible para los turistas. Entonces, Loureiro revive. El casino es hoy un hotel, semivacío en invierno, atestado en verano. Presenta un aspecto muy cuidado, que contrasta con el viejo poblado. Las viviendas tienen aspecto de abandono. En algunas, muy pocas, parece que hay vida. Justo al lado, en lo que antes eran el hospitalillo y el cuartel de la Guardia, reside Bernardo Padrón, natural del cercano Chandrexa de Queixa. Llegó a Nogueira de Ramuín en 1986 para hacerse cargo del mantenimiento de la central. «Cuando vine éramos cincuenta familias, ahora quedan veinte», explica Bernardo, quien está jubilado desde el 2016. Se podría ir, pero no lo hace. Sigue allí, viviendo a seis kilómetros del embalse, como si no quisiese perderlo de vista. Sigue hipnotizado por los deslumbrantes Cañones del Sil. No hay cielo plomizo que pueda ocultar tanta belleza.

El río está a rebosar y las compuertas de la central escupen agua a mares. «El daño que la central le pudo producir al río no fue tan grande como los beneficios que proporcionó», resume Bernardo. Aunque para este trabajador jubilado de Iberdrola casi todo son bondades al hablar de la central, eso no quita para que reconozca lo paradójico de la situación. Y es que las hidráulicas de San Esteban (hay otra nueva, inaugurada en el 2013) y de San Pedro -también en el Sil y también de Iberdrola- han convertido a Nogueira de Ramuín en el concello con mayor capacidad de generación de energía hidráulica de Galicia, con casi 500 megavatios instalados. Solo la planta de San Esteban, reconoce el extrabajador, podría alumbrar gratis a los vecinos de la ciudad de Ourense (en torno a 100.000). No lo hace, claro, y aunque la energía les sale por las orejas, todos pagan religiosamente sus facturas. Incluido el Ayuntamiento y los 2.000 habitantes de Nogueira de Ramuín, cuna política del expresidente de la Diputación de Ourense, José Luis Baltar.

Bernardo reconoce que al menos las industrias gallegas deberían beneficiarse de algún tipo de descuento en la factura eléctrica. «Sí, yo creo que habría que favorecer de alguna manera a la industria, ya que tenemos un excedente tan importante de electricidad», admite. Hasta se atreve a destacar que Iberdrola gasta mucho dinero fuera que debería reinvertir aquí, en Galicia, donde se hace de oro con el agua de los ríos gallegos.

El sucesor de Baltar en la alcaldía de Nogueira de Ramuín es José César Parente. Relata que gracias a la contribución de Iberdrola a las arcas municipales -vía impuestos- el Concello maneja medio millón de euros más al año, dinero del que no dispondría si las centrales estuviesen ubicadas en otro municipio. Eso les permite asumir solitos los 120.000 euros al año que cuesta mantener un centro de día para 14 personas mayores. El bienestar social de los vecinos se come buena parte del presupuesto municipal: el 22 % de 2,4 millones de euros, explica el regidor.

¿Bonificaciones en la luz? ¿En el agua? «Claro que nos gustaría tenerlas, pero...», replica Parente. Durante el recorrido hacia el lugar de Loureiro y luego hacia el embalse de San Esteban, el alcalde va desgranando lo que considera todo lo bueno que ha traído al pueblo la energía hidráulica. Pero, al final, tiene que reconocer que el Concello se gasta al año casi 200.000 euros en la factura de la luz (hay 2.200 farolas, más que vecinos), y que tienen dificultades serias para estar al día con Gas Natural Fenosa, con la que tienen contratado el suministro.

«Hombre, la opinión de la gente es que al menos no deberíamos pagar el alumbrado», dice casi con timidez José César.

Bernardo Padrón ante la central de San Esteban, inaugurada por Franco en 1959, en la que trabajó durante veinte años. | miguel villar

«El daño que la central le pudo producir al río [el Sil] no fue tan grande como los beneficios»

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