La paradoja gallega: producir más energía que la que consume Madrid

La comunidad exporta el 33 % de la electricidad que genera; con la procedente de sus propios recursos naturales de agua y viento casi podría autoabastecerse. Un puñado de compañías en manos foráneas facturaron como poco 1.500 millones con el negocio


Redacción / La Voz

Galicia es una máquina de producir energía con una capacidad de generación equivalente a la de una decena de centrales nucleares juntas. En la comunidad no hay ninguna, pero suma 11.000 megavatios instalados, el 65 % de los cuales están en los ríos y en los montes en forma de centrales hidráulicas y eólicas, es decir, utilizan recursos autóctonos que no es preciso importar. Electricidad renovable 100 % galaica. Aunque sus dueños no son los gallegos. Lo son, en su gran mayoría, grandes compañías antes españolas, ahora en manos de fondos de inversión o empresas extranjeras, como lo son Iberdrola, Gas Natural Fenosa o Endesa. Solo Acciona, con la cartera de parques eólicos más abultada de la comunidad, sigue en manos de capital nacional, en este caso, de la familia Entrecanales.

Y la electricidad que producen estos monstruos empresariales con los dos principales recursos de Galicia, el agua y el viento, tampoco es de los gallegos. La tienen que comprar, y pagar a tocateja la factura cada que vez que encienden el interruptor, como el resto de los mortales. Si el sistema eléctrico no fuese como es (basado en el principio de solidaridad territorial), los 2,7 millones de habitantes de la comunidad casi podrían ser autosuficientes energéticamente.

Según cifras oficiales de producción por comunidades durante el 2016 -el último año todavía con datos cerrados- de Red Eléctrica de España (REE), operador del sistema, Galicia generó 17.100 gigavatios hora de hidráulica y eólica, cuando la demanda interna rondó los 20.000.

Vale, las renovables no serían suficientes del todo para satisfacer el 100 % del consumo de la comunidad, al menos en el 2016, pero si se incorporan al balance de producción las dos otras grandes tecnologías de generación, el carbón y el gas natural, resulta que Galicia produce un 33 % más de lo que necesitan sus empresas y sus residentes. La diferencia entre lo que produce y lo que consume, 10.500 gigavatios hora, lo regala al resto de España. Es el equivalente a la demanda interna de la vecina Asturias.

En total, las plantas instaladas en Galicia generaron 30.700 gigavatios hora, el 11,7 % del total nacional. Sobrepasan incluso los 27.700 que demandó la comunidad de Madrid, que apenas produce nada y depende energéticamente de las centrales repartidas por el resto de España.

Las compañías asentadas en la comunidad facturaron por esa electricidad 1.500 millones, tirando por lo bajo y teniendo en cuenta que el precio medio del mercado mayorista en el 2016 fue de 48 euros el megavatio hora. Por lo tanto, la energía que se exportó al resto del país estaba valorada en 500 millones.

88 millones de canon eólico e hidráulico

¿Qué saca Galicia a cambio de ese excedente de electricidad y de albergar tantas instalaciones de producción? Saca a las compañías un canon eólico, que recauda la Xunta y que revierte en los ayuntamientos en función del número de molinos que tienen instalados. En el 2016 ingresó 23 millones de euros, según datos de la liquidación del ejercicio facilitados por la Consellería de Facenda. Saca también un canon hidráulico. El que aplica la Xunta a los embalses, según el volumen de agua apresada, de la cuenca Galicia Norte sumó 14 millones; y el que cobra la Confederación Hidrográfica Miño-Sil (Ministerio de Medio Ambiente) ascendió a 51 millones, que no revierten en el territorio, sino que se los queda la Administración que los recauda. Entre uno y otro, 65 millones por sacar provecho de los ríos gallegos.

Van, de momento, 88 millones de euros aportados por las principales eléctricas en los dos grandes impuestos medioambientales que gravan la producción renovable. A estos hay que sumar, entre otros, las tasas municipales (IAE, IBI...) con las que las eléctricas contribuyen al cerca de un centenar de municipios con aprovechamientos hidráulicos y a los casi setenta con aerogeneradores.

Galicia fue la cuarta comunidad más productora de energía en el 2016; la primera en carbón; segunda en hidráulica y tercera en eólica. Y fue también la tercera que más electricidad aportó al sistema nacional.

As Pontes lidera

Sin tener solo en cuenta la generación renovable, el Ayuntamiento coruñés de As Pontes es el principal productor de Galicia, al menos en capacidad: 2.500 megavatios, recuerda orgulloso su alcalde, el socialista Valentín González Formoso El municipio tiene todas las tecnologías. Agua, viento, carbón y gas natural, estos últimos importados. En su territorio producen parques eólicos, una central hidráulica y dos plantas térmicas. Solo la central de carbón tiene una potencia de 1.200; y la de ciclo combinado, 800. Ambas son de Endesa, que contribuye a las arcas municipales con unos siete millones de euros al año. El también presidente de la Diputación de A Coruña explica que con esa aportación se pueden permitir tener deuda cero, los impuestos municipales más bajos de la provincia y la guardería más asequible de Galicia, según Formoso.

Solo las obras de reforma de la central de carbón -para reducir las emisiones contaminantes- que están en marcha se han traducido en el pago de 2,8 millones al Concello en tasas y licencias.

Cerceda es el segundo concello con mayor capacidad de generación, gracias a la otra térmica gallega de carbón, de 550 megavatios, cuyo futuro más allá del 2020 es incierto.

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El lugar de Loureiro fue un día una gran ciudad. Durante los largos años que se emplearon en construir la central hidráulica de San Esteban, llegaron a vivir en ella unas cinco mil personas. La compañía Saltos del Sil -ahora, Iberdrola- construyó para sus trabajadores una iglesia, un poblado de viviendas, un cine, un hospitalillo y hasta un casino. Pero las obras acabaron -Franco inauguró la instalación en 1959- y la gente abandonó el pueblo. Hoy, ese lugar, perteneciente al concello ourensano de Nogueira de Ramuín, es víctima de la feroz despoblación que sufre Galicia.

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