La corrupción no pasa factura

La constructora Odebrecht y la alimentaria JBS, cuyos dueños pasaron por la cárcel y figuran en el epicentro del gran escándalo político en Brasil por sobornos, recuperan sus negocios


Sao Paulo / La Voz

«El fin de la impunidad» es el mantra de una parte de la sociedad civil brasileña en un país asolado por los casos de corrupción. Y aunque la encarcelación del expresidente Lula da Silva ha saciado parte de esa ansia, la realidad de dos de las mayores empresas del país (y de Sudamérica), y que tienen mucho que ver con la crónica judicial de los últimos años, apunta a que la corrupción no sale gratis en Brasil, pero casi. La constructora Odebrecht y la alimenticia JBS, cuyos dueños salen con protagonismo destacado en los principales casos que implican a políticos brasileños, están rebotando en los negocios después de una rápida pero breve caída en desgracia.

Odebrecht acaba de adjudicarse su primer contrato de obra pública después de que el presidente de la mayor constructora de Latinoamérica, Marcelo Odebrecht, fuera detenido en el 2015. La empresa se ha hecho con una adjudicación para actualizar una planta termoeléctrica en Río de Janeiro por valor de 150 millones de euros. No es mucho para una empresa que en la cresta de la ola facturaba hasta 35.000 millones de euros y tenía 128.000 empleados en 25 países. Pero es un inicio para rebotar después de la encarcelación de Marcelo por comprobarse que ese crecimiento se basaba en un eficiente trabajo de engrasar la maquinaria pública de hasta 12 gobiernos latinoamericanos con jugosos sobornos.

Odebrecht fue condenado a 9 años de cárcel en el 2015, pero ya está en libertad después de ver reducida su pena sensiblemente por un acuerdo con la Justicia para tirar de la manta. Del escándalo cayeron políticos de medio continente, especialmente en Perú, donde el presidente Pedro Pablo Kuczynski tuvo que dimitir y sus precedentes están o detenidos o en búsqueda y captura. En Brasil, las delaciones de Marcelo Odebrecht echaron más fuego a la hoguera de Lula y la supuesta trama de conseguidores de contratos en la Petrobras. La constructora fue apartada de los concursos públicos en México y Perú, y cumplirá un año de veto en Argentina en julio. En Brasil ya vuelve a operar como si nada hubiera pasado.

Pero si hay una empresa que puede competir con Odebrecht en dimensión y alcance internacional es JBS, la mayor productora de proteína animal del mundo, el mayor frigorífico de Latinoamérica. Es una empresa familiar, creada con empeño por Zé Mineiro, apodo de José Batista Sobrinho, que nunca sospechó que tras darle el relevo a sus dos hijos gemelos, Wesley y Joesley, iba a meterse en semejante lío. Acusados los Batista de financiar ilegalmente las campañas electorales de media Cámara de Diputados, fueron detenidos y también acordaron con la Fiscalía soltar la lengua.

Eso fue en el 2014. Los gemelos Batista pasaron por la cárcel, el jubilado padre retomó la empresa y, tras vender algunas filiales, en el 2017 alcanzó un beneficio récord de 135 millones de euros. A diferencia de Marcelo Odebrecht, los Batista apuntaron al presidente Michel Temer y rápidamente su acuerdo judicial se rompió. Ahora, pelean cómo retomar el control de una empresa que vende carne y derivados a todo el mundo, intentando saber hasta qué punto el proteccionismo de Donald Trump y el papel de China en la ecuación afecta a la mitad de su negocio, que se factura en Estados Unidos.

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