Abrir el domingo: un telón de acero que divide a comerciantes y clientes

Los minoristas aseguran que en Galicia no salen rentables ni los de verano; mantienen un pulso con el consumidor, que pide ciudades cosmopolitas y dinámicas, pero sin rascarse el bolsillo

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Redacción / La Voz

«Seis días trabajarás y el séptimo descansarás». Este versículo del segundo libro de la Biblia es uno de los mantras de Juan Roig. El presidente de Mercadona se enfrentaba la semana pasada a la cúpula de la cadena de supermercados tras negarse a abrir varios de sus centros los domingos, convencido de que «se pierde dinero». El dueño del gigante valenciano no es el único al que no le salen las cuentas si piensa en abrir su negocio el último día de la semana. De hecho, en Galicia esta es la tónica general en el pequeño comercio y buena parte de la hostelería, que hartos de tropezar con la misma piedra domingo de verano sí, domingo de diciembre también, son claros: «Salvo en el período de Navidades, el resto de domingos los gastos se multiplican y las ventas caen».

Abonar horas extra

Lo explica el gerente de la asociación de comerciantes de la arteria comercial de Vigo, la calle Príncipe, Enrique Núñez: «No les compensa. Aquí la Xunta impulsó a los comercios a abrir los domingos que llegan cruceros para mejorar la imagen de la ciudad. Se intentó en varias ocasiones pero no funcionó. A los turistas les interesa sobre todo comprar tabaco, alcohol y alguna marca conocida. La mayoría de las tiendas se iban peor que si no hubiesen abierto porque no vendían y tenían que pagarle horas extra al empleado y darle un día y medio libre». Algo similar, explica Núñez, sucede con los dos primeros domingos de diciembre: «Ya hay muchas tiendas que no abren esos días porque no hay tirón. Creo que pasa en toda Galicia. Aquí el domingo es un día más familiar, en el que como mucho das un paseo, pero es que además Vigo, al ser una ciudad tan industrial, el domingo está desértica porque todo el mundo se va a sus pueblos o aldeas».

Ante la pregunta de si está reñido el disfrutar de una jornada dominical en casa con dejar a un lado el hábito consumista, ni hablar del peluquín. Los propietarios de pequeños establecimientos saben que el último día de la semana es tierra fértil para las compras por Internet -Amazon España aumenta exponencialmente sus ventas el domingo-, pero dan por perdida la batalla. Casi como ocurre con la conciliación, una palabra que repiten con frecuencia cada uno de los minoristas consultados, que creen que el cliente aplica con ellos la ley del embudo. «Yo entiendo que vas a dar una vuelta y quieres ver ambiente y tiendas abiertas, pero la mayoría de gente ese día entra a mirar y no compra; si a eso le sumas que tengo un hijo y que el local lo llevamos mi pareja y yo, no nos compensa». Así explica Sandra Mahía el motivo que le llevó a colgar el cartel de «cerrado» el último día de la semana. Cuando inauguró Oink en el 2013, una tienda de regalos situada en la calle Real de A Coruña, Mahía aprovechó que la ley le permitía abrir todos los domingos -pueden hacerlo los establecimientos que tengan una superficie menor a 300 metros cuadrados- para explorar el mercado. «Nos sirvió para darnos a conocer a los que entraban a curiosear, que todo hay que decirlo, algunos volvían entre semana y sí gastaban, pero poco más».

con el fútbol hay negocio

Ahora bien, cuando el fútbol hace acto de presencia las cosas cambian. «Aunque pueda parecer una tontería, los domingos que juega el Dépor en casa y vienen aficiones potentes como el Gijón sí mejoran las ventas», apunta Mahía. Esta explicación no es peregrina. Si no que se lo digan a Jesús Cebey, que no descansa el domingo porque sus clientes de Bótalle Outra, en A Barcia (Santiago), no le perdonarían eso de tener que ir a otro bar a ver el partido. «Es el día de más caja con diferencia y el local nació ya con la intención de tener este tipo de público. Además, el resto de locales de la zona también abren», puntualiza Cebey.

Algunos locales nuevos abren para darse a conocer, aunque pierdan dinero a corto plazo

En A Coruña las ventas aumentan los domingos que el Dépor juega contra equipos que traen aficiones

A LA COLA DE LA REALIDAD EUROPEA

LIBERTAD DE HORARIO

TeLa pescadilla que se muerde la cola en su máxima expresión: bares que no abren los domingos porque las calles están desérticas, y tiendas con la verja echada para no repetir errores de minoristas novatos. Hay ciudades en Europa que no lo creerían. Y no necesariamente grandes capitales, sino urbes como Lille o Viseu, donde la vida comercial termina a media tarde los días laborables pero hace las delicias de los más consumistas el último día de la semana.

Para Raúl Vázquez, propietario del local Grand Cru La Cantera, en A Coruña, este ritmo de vida es un vale todo en el que, como miembro de la hostelería, no va a participar. «Nosotros, que ofrecemos brunch los sábados, podríamos sacar rentabilidad al domingo, pero a corto plazo. En parte gracias a que el personal puede descansar ese día damos el mejor trato al cliente y nos aseguramos de que las cosas salen bien. Si abriésemos tendríamos que contratar a un extra, que probablemente no daría la talla en cocina ni sabría dibujar en los cafés». Vázquez vive ajeno a una presión que sí padece parte del pequeño comercio: la de ir a rebufo de las tiendas vecinas que quieren arañar clientes como sea y se decantan por no cerrar ningún día. No obstante, al revés de lo que ocurre en Madrid, donde la liberalización total de los horarios ha obligado a los negocios más modestos a adaptarse o morir, en Galicia esta situación es todavía excepcional.

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