Abrir el domingo: un telón de acero que divide a comerciantes y clientes

Laura García del Valle
Laura G. del Valle REDACCIÓN / LA VOZ

MERCADOS

MARIA PEDREDA

Los minoristas aseguran que en Galicia no salen rentables ni los de verano; mantienen un pulso con el consumidor, que pide ciudades cosmopolitas y dinámicas, pero sin rascarse el bolsillo

15 abr 2018 . Actualizado a las 05:10 h.

«Seis días trabajarás y el séptimo descansarás». Este versículo del segundo libro de la Biblia es uno de los mantras de Juan Roig. El presidente de Mercadona se enfrentaba la semana pasada a la cúpula de la cadena de supermercados tras negarse a abrir varios de sus centros los domingos, convencido de que «se pierde dinero». El dueño del gigante valenciano no es el único al que no le salen las cuentas si piensa en abrir su negocio el último día de la semana. De hecho, en Galicia esta es la tónica general en el pequeño comercio y buena parte de la hostelería, que hartos de tropezar con la misma piedra domingo de verano sí, domingo de diciembre también, son claros: «Salvo en el período de Navidades, el resto de domingos los gastos se multiplican y las ventas caen».

Abonar horas extra

Lo explica el gerente de la asociación de comerciantes de la arteria comercial de Vigo, la calle Príncipe, Enrique Núñez: «No les compensa. Aquí la Xunta impulsó a los comercios a abrir los domingos que llegan cruceros para mejorar la imagen de la ciudad. Se intentó en varias ocasiones pero no funcionó. A los turistas les interesa sobre todo comprar tabaco, alcohol y alguna marca conocida. La mayoría de las tiendas se iban peor que si no hubiesen abierto porque no vendían y tenían que pagarle horas extra al empleado y darle un día y medio libre». Algo similar, explica Núñez, sucede con los dos primeros domingos de diciembre: «Ya hay muchas tiendas que no abren esos días porque no hay tirón. Creo que pasa en toda Galicia. Aquí el domingo es un día más familiar, en el que como mucho das un paseo, pero es que además Vigo, al ser una ciudad tan industrial, el domingo está desértica porque todo el mundo se va a sus pueblos o aldeas».

Ante la pregunta de si está reñido el disfrutar de una jornada dominical en casa con dejar a un lado el hábito consumista, ni hablar del peluquín. Los propietarios de pequeños establecimientos saben que el último día de la semana es tierra fértil para las compras por Internet -Amazon España aumenta exponencialmente sus ventas el domingo-, pero dan por perdida la batalla. Casi como ocurre con la conciliación, una palabra que repiten con frecuencia cada uno de los minoristas consultados, que creen que el cliente aplica con ellos la ley del embudo. «Yo entiendo que vas a dar una vuelta y quieres ver ambiente y tiendas abiertas, pero la mayoría de gente ese día entra a mirar y no compra; si a eso le sumas que tengo un hijo y que el local lo llevamos mi pareja y yo, no nos compensa». Así explica Sandra Mahía el motivo que le llevó a colgar el cartel de «cerrado» el último día de la semana. Cuando inauguró Oink en el 2013, una tienda de regalos situada en la calle Real de A Coruña, Mahía aprovechó que la ley le permitía abrir todos los domingos -pueden hacerlo los establecimientos que tengan una superficie menor a 300 metros cuadrados- para explorar el mercado. «Nos sirvió para darnos a conocer a los que entraban a curiosear, que todo hay que decirlo, algunos volvían entre semana y sí gastaban, pero poco más».