Adiós al vertedero del mundo

El gigante asiático ha reducido drásticamente la importación de residuos para mejorar su medio ambiente Solo en el 2015 adquirió en terceros países 49.600 millones de toneladas


Pekín / La Voz

En la planta de reciclaje de Junexing de Tianjin, a unos 100 kilómetros de Pekín, el almacén nunca había estado tan vacío. A los lados se amontonan algunos sacos con restos de plástico. Según su director, Yan Taojun, el 40 % del que importaban procedía de España. Desde que el 1 de enero entró en vigor en China una nueva normativa para restringir la importación de 24 tipos de residuos, esta y otras empresas del país han visto golpeada su producción de forma severa.

«Antes importábamos unas 10.000 toneladas de plástico al año, pero después de la prohibición, nuestras importaciones han caído un 90 %. Además, los precios han aumentado entre un 30 y un 40 %. Si antes una tonelada costaba 5.000 yuanes (unos 640 euros), ahora cuesta 8.000 (unos 1.000 euros)», explica a La Voz Yan Taojun.

China comenzó a importar desechos sólidos del extranjero durante los años 80 del siglo pasado para reutilizarlos y compensar así su escasez de materias primas. Con el tiempo, se convirtió en el destino más común de la basura de otras partes del mundo. Según datos oficiales, en el 2015 importó 49.600 millones de toneladas de residuos. Muchos países optaban por enviarla a China debido a los costes baratos ya que aprovechaban los barcos chinos que transportaban manufacturas y que volvían vacíos a su país.

A pesar de que Pekín anunció esta nueva medida a principios de julio del año pasado, la mayoría de los países están sufriendo verdaderos quebraderos de cabeza para gestionar sus residuos. La Unión Europea exportaba la mitad de sus plásticos recogidos y clasificados, el 85 % de los cuales se vendían a China. Solamente Irlanda exportó el 95 % de sus desechos plásticos al gigante asiático en el 2016 y, ese mismo año, el 78 % del papel y cartón que exportó España fue a parar al mismo destino.

Preocupación medioambiental

La razón de ese giro radical de China en la importación de residuos es, según las autoridades, medioambiental. «Procesar este tipo de desechos supone generar altos niveles de contaminación en un país que ya tiene problemas graves en ese aspecto. Además, algunos países no limpiaban los residuos antes de exportarlos y eso implicaba un proceso aún más complejo y contaminante», explica Wang Wang, presidente de la Asociación de Empresas de Reciclaje de Plástico en China.

Para este experto, el mundo no puede continuar con el actual modelo de consumo y piensa que la medida de China será determinante para cambiar la situación. «Con esta medida, el resto de los países dejarán de depender de China y van a tener que implicarse en la gestión de sus residuos, como por ejemplo, generar menos, aprender a tratarlos para reutilizarlos y, en definitiva, favorecerá a la economía circular», asegura optimista Wang Wang.

Es ahí donde algunas empresas chinas siguen viendo una opción de negocio. «Aprovechando nuestra experiencia en el tratamiento y limpieza de los desechos, hemos abierto una planta en Estados Unidos y no descartamos abrir otra en Europa. Si los países no saben cómo hacerlo, nosotros podremos llenar ese vacío», argumenta Yan. Según Greenpeace, los países que en los últimos años han aumentado sus importaciones de basura, como Malasia, Vietnam o Kenia, «no tienen la misma capacidad que China» para lidiar con tal cantidad de residuos, por lo que la reconversión será ineludible.

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