Abertis, bajo la sombra de Endesa

Florentino Pérez asegura que el pacto de ACS y Atlantia para hacerse con la concesionaria española «es una alianza para toda la vida», pero no hay un compromiso de permanencia; la operación recuerda a la compra de Endesa por Acciona y Enel, que luego se hizo con el control total de la compañía

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Redacción / La Voz

«Este no es un acuerdo para trocear Abertis, es una alianza para que dure toda la vida». Con estas palabras, formuladas casi como si de unos votos matrimoniales se tratara, Florentino Pérez, presidente de ACS, sellaba hace una semana el pacto alcanzado con la italiana Atlantia para presentar una oferta conjunta por la concesionaria española.

El acuerdo abortaba la guerra de opas a la que parecía encaminada la carrera que ambos grupos mantenían para hacerse con el control de Abertis y que, a buen seguro, habría acabado encareciendo sensiblemente la operación para el que se llevara el gato al agua. Pero, a la vez, avivaba fantasmas del pasado, por las similitudes que la operación guarda con la venta de Endesa en el año 2007.

Entonces, la joya de la corona del sector eléctrico español, tras años inmersa en una guerra de ofertas, en la que tomaron parte gigantes nacionales como Gas Natural y otros foráneos, como E.On, acabó en manos de la italiana Enel, gracias a la alianza que esta había suscrito con Acciona y que, sobre el papel, garantizaba que se mantendría la españolidad de una compañía considerada estratégica. Así al menos se deducía de los términos del acuerdo, en el que el grupo de la familia Entrecanales se aseguraba la presidencia de la eléctrica (y, por tanto, el voto de calidad en un consejo de administración con representación paritaria) y el mantenimiento de la sede y de los centros de decisión de Endesa en España.

Pero la realidad fue que, apenas dos años después de consumarse la opa, y sofocado ya el revuelo que esta provocó (que llevó al presidente de la CNMV en aquel momento, Manuel Conthe, a presentar su dimisión), Acciona se hizo a un lado y cedió el timón de la eléctrica a su socio italiano, a cambio de un jugoso cheque de más de 11.000 millones de euros, entre el pago en efectivo y el reparto de activos. Desde entonces, Enel, en cuyo capital mantiene una importante participación el Estado italiano, ha hecho caja gracias a la que en su día también fue una empresa pública, imponiendo una política de reparto de dividendos de hasta el 100 % del beneficio anual de Endesa. Los cálculos del sector apuntan a que Enel ya ha recuperado siete de cada diez euros invertidos en la compra de la española, una cantidad a la que habría que sumar el valor que tiene el 70 % de las acciones de la eléctrica que aún controla, de forma que el coste de la operación ya estaría más que amortizado.

del bloqueo a la bendición

Con estos antecedentes, no es extraño que en Moncloa saltaran todas las alarmas cuando otro grupo italiano, en este caso Atlantia, se lanzó a la carrera por Abertis que, pese a haber vendido buena parte de sus activos más valiosos en los últimos años, todavía tiene un carácter estratégico por los que mantiene, entre ellos las concesiones de un buen número de autopistas españolas y su participación de control en Hispasat, el noveno operador de satélites del mundo, que además de distribuir contenidos es empleado por el Ministerio de Defensa español.

Ese fue el clavo al que se agarró el Gobierno español desde el primer momento para ralentizar la tramitación de las opas, primero la presentada por la italiana y la que luego puso encima de la mesa Hochtief, filial de ACS. Ambas, pese a conseguir un plácet rápido de Fomento, pasaron varios meses en el cajón de otro ministro, el de Agenda Digital, Álvaro Nadal, que no escondía en público sus dudas sobre la idoneidad de la venta de todo este paquete de activos estratégicos y en el que muchos ven la mano que acabó forzando la entrada en escena de un agente que garantizase la españolidad de la operación.

De hecho, una vez formalizada la alianza entre ACS y Atlantia, el discurso del ministro dio un giro de 180 grados y llegó la ansiada bendición pública. Tras negar cualquier intervención del Gobierno para concertar el matrimonio, Nadal dejó claro que la solución le parece «la más lógica del mundo, más que correcta». Y no ocultó que una de sus preocupaciones era evitar «alguna mala experiencia» del pasado, en clara referencia a la de Enel en Endesa, que «no invierte en nuestro país y se lleva el 100 % de los beneficios como dividendos; este tipo de actuaciones no ayudan a capitalizar la empresa ni colaboran con la política energética del país», le reprochó sin rodeos el ministro. Y advirtió: «Cuando alguien viene a invertir a España tiene que tener un proyecto que tenga en cuenta la política económica y los intereses generales de los españoles».

Sede «española»

Conscientes de las dudas que la operación genera, los fantasmas también quisieron espantarlos los que, si nada se tuerce, serán los nuevos dueños del grupo concesionario español, que en su primera comparecencia no concretaron dónde se ubicará la sede de la compañía (que se trasladó de Barcelona a Madrid en pleno pulso independentista), pero garantizaron que seguirá siendo «española». Eso sí, en la sociedad conjunta creada para controlar Abertis será la italiana Atlantia la que tendrá el control, con una participación del 50 % más una acción. ACS y su filial Hochtief se quedan el resto, lo que les permitirá compartir la gestión pero sin apuntarse los 7.000 millones de deuda de la empresa opada.

Y es que, de momento, más allá de la alusión a la alianza para toda la vida, el acuerdo no explicita un plazo de permanencia en el que ACS deba mantenerse en Abertis y garantice así el factor español de la operación. Tampoco el Gobierno parece haberlo requerido, aunque esas exigencias pueden venir ahora. El ministro de Fomento, Íñigo de la Serna, ya ha deslizado que la operación deberá volver a pasar por los trámites de autorización que ya superaron por separado Atlantia y ACS y quizás sea ahí, cuando se presente el nuevo folleto de la opa, cuando se exijan esas garantías.

«Cuando alguien invierte en España debe tener en cuenta los intereses de los españoles», advierte el Gobierno

La italiana Atlantia tendrá el control sobre la gestión de la concesionaria de autopistas. | Juan Medina, reuters

«en Abertis nos Falta un pizarro», se lamentan los pequeños accionistas

La otra cara de la operación

Toda operación que tiene ganadores, en este caso ACS y Atlantia, también tiene perdedores. Y así es como se sienten los pequeños accionistas de Abertis, que se frotaban las manos ante la perspectiva de una guerra de opas que iba a calentar el precio de los títulos de la concesionaria española y que, formalizada la alianza entre los antiguos competidores, tendrán que conformarse con un precio de venta bastante modesto. Aunque desde el Gobierno aludían a la «lógica» económica de la operación, que ahorrará mucho dinero y evitará «llenar el bolsillo» a los fondos que se habían posicionado en los últimos meses en el capital de Abertis, para no perderse su parte del pastel, los minoritarios también se sienten perjudicados y mostraron su malestar durante la última junta de accionistas del grupo, celebrada el pasado día 13, y en la que criticaron la «pasividad» y la «neutralidad» de la dirección de la compañía frente a las opas. «Falta un Pizarro», dijo uno de ellos en referencia a la posición que el entonces presidente de Endesa tuvo en la guerra de opas por la eléctrica.

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