«Me ofrecí a trabajar gratis, pero ni así me llamaban»


Redacción / La Voz

Tatiana Regueira (Arteixo, 1986) salía de la UdC en el 2012 como flamante arquitecta. Había terminado uno de los grados «duros» en uno de los peores momentos. «Solo conseguí hacer unas prácticas en un estudio de tres meses. Por supuesto, no remuneradas». Después llegaron una panadería y una tienda. «Lo intenté, envié cientos de currículos, pero sin éxito. Solo me llamó una empresa, pero nada. Y eso que no me importaba el dinero. He llegado a ofrecerme para trabajar de becaria, pero ni gratis me llamaban». Recién empezado el 2013 llegó la aventura. Se fue con su novio a Reino Unido -él llevaba dos años en paro- y lo hizo sin trabajo. Su primer destino: Birmingham. «Tenía ilusión, pero también desconcierto. Empecé a trabajar de nanny por las tardes. Por la mañana limpiaba tres casas. En noviembre me llamaron de un estudio mediano». Era su primera experiencia de lo suyo en Birmingham. Y sí, le pagaban. «’Yo vengo gratis’, le dije a mi jefe. Y él me contestó ‘menos de 9 libras la hora no puedo darte’. Era más de lo que esperaba». Recuerda esa experiencia como algo maravilloso. Muy similar es el recuerdo del segundo estudio: «Era una de las firmas más conocidas de la ciudad. Fui muy afortunada. Me enseñaron muchísimo». ¿Cómo llegó entonces Tatiana a Nueva Zelanda? «Tras el brexit se empezó a respirar incertidumbre». Tatiana envió solicitudes al otro lado del mundo. En Canadá o Nueva Zelanda buscaban arquitectos. «¡Me respondieron cuatro empresas!» Y así terminó en Auckland. «Trabajo en una de las firmas más conocidas. Modelo en 3D usando herramientas BIM, coordino y gestiono proyectos. En lo económico he dado un salto, pero la vida aquí también es más cara». Tatiana se plantea, como todos, volver. Se da cinco años. «No voy a exigir un salario igual, pero sí proporcional. Me gustaría un empleo fijo, flexible, en el que pueda organizar mis horarios».

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