Posibilidades y perspectivas del «brexit»

Europa afronta un momento decisivo. La salida del Reino Unido de la UE ha puesto sobre la mesa varias opciones que habrán de determinar las relaciones futuras entre ambos socios. Acuerdo bilateral, de libre cambio, unión aduanera, adhesión a la OMC... La delicada negociación tiene fecha límite: el 29 de marzo del 2019. Paralelamente, el bautizado como Plan Juncker deberá hilar fino para afrontar los retos de la cohesión territorial y los desafíos socioeconómicos y tecnológicos de la Unión


Aunque representa una proporción cada vez menor de la población mundial (25 % en 1900; y el 6 % en el 2017), Europa sigue siendo muy atractiva tanto para sus socios como para el resto del planeta, pues es el mayor mercado único del mundo y con la segunda moneda más utilizada. A pesar de los vaivenes de su diplomacia y de los interrogantes sobre su futuro, Europa concentra el 22 % del PIB mundial, proyectando estabilidad y seguridad a lo largo de sus fronteras,

Sin embargo, el actual estatus europeo se debilita por momentos, debido a su debate interno y a la acumulación de problemas derivados de no saber encauzar y reaccionar ante algunos de dichos interrogantes. Así las cosas, la Comisión Europa publicó el pasado año un Libro Blanco sobre el futuro de Europa en el que se reflexionaba sobre los cinco escenarios posibles para el 2025.

Dichos escenarios son los siguientes: a) seguir igual que hasta el momento; b) promocionar únicamente, y concentrarse exclusivamente, en el mercado único; c) adoptar la geometría variable, con varias escalas de funcionamiento y competencias; esto es, los que desean hacer más, hacen más; d) hacer menos, pero de forma más eficiente; y e) hacer mucho más, y de manera conjunta.

De estos análisis se podría desprender la dificultad de articular proposiciones conjuntas de cara a la definición de los nuevos objetivos, sobre la determinación de los procesos de toma de decisiones, y sobre el nuevo rol de la Comisión y el Parlamento Europeo, en lo que respecta a la evaluación y niveles de cumplimiento de las acciones llevadas a cabo.

En suma, después de la inteligente propuesta de Jacques Delors, enunciada en el siglo pasado, Europa ha estado anclada en los debates sobre la soberanía, el gubernamentalismo y el federalismo, sin llegar a decantarse por un único sistema.

Ante estas incertidumbres, los planteamientos actuales nos obligan a centrarnos en dos temas de gran envergadura. El primero, hace referencia a cómo abordar la salida del Reino Unido de la Unión Europea; y el segundo, radica en cómo afrontar el denominado Plan Juncker, o los retos de la cohesión territorial junto a los desafíos socioeconómicos y tecnológicos.

En lo que respecta al primero de los temas planteados, el pilotaje político referido a la negociación con el Reino Unido abre muchas dudas y nuevos posibles escenarios sobre los modelos a escoger. Los escenarios abiertos van desde apostar por la inclusión del Reino Unido en el Espacio Económico Europeo (tipo Noruega) o por un acuerdo bilateral (tipo Suiza). También se abren otras perspectivas, como suscribir una unión aduanera (tipo Turquía), un acuerdo de libre comercio (tipo Canadá) o un acuerdo de adhesión a la Organización Mundial del Comercio (OMC), tipo China.

Sin duda alguna, el modelo económico más integrado y que tendría las menores consecuencias económicas es el correspondiente al Espacio Económico, aunque no es el favorito de la ciudadanía inglesa, ya que no pone en cuestión la libre circulación de las personas e implica una participación en el presupuesto de la UE, sin poseer la posibilidad de intervenir. El modelo tipo Suiza responde a un acuerdo bilateral negociado, en el que se podrían mantener los grandes principios de libre circulación de los capitales y bienes, pero admitiendo una restricción en materia de circulación de personas. Ello supondrá que el Reino Unido abandone el mercado común, siendo el período de negociación muy largo y abierto a muchas posibilidades intermedias a lo largo de los próximos años.

Respecto a los otros modelos, tendríamos lo siguiente. El de la unión aduanera supondría restringir la libre circulación de trabajadores y prohibir la circulación de capitales. Tendría consecuencias muy limitativas para el Reino Unido y, sobre todo, para la City. El establecimiento de un acuerdo de libre comercio restringiría no solamente la circulación de bienes y servicios, instaurando derechos de aduanas para ciertos bienes, sino que no habría participación del Reino Unido en el mercado único, ni en lo concerniente a la circulación de capitales. La posibilidad de una simple pertenencia a la OMC supondría para el Reino Unido una total soberanía; pero, en contrapartida, los derechos de aduana se aplicarían en la casi totalidad de los bienes y servicios, teniendo un impacto económico muy fuerte en la economía de las islas.

Aunque la posición de la UE es firme, por el momento, habrá que pensar en analizar las distintas opciones derivadas de un soft brexit (consecuencias limitadas) y las de un hard brexit (cambios mayores en la Unión Europea). Los últimos pasos empiezan a modificar la jerarquía de las urgencias. Se ha fijado la fecha final de la transición (29 marzo del 2019) y empiezan a cruzarse documentos de negociación, aunque sean a nivel muy básico y con tonos generalistas. Por la parte europea, la persona encargada de la negociación, Michel Barnier, ya ha declarado que la prioridad es mantener el mercado único y la solidaridad y unidad de los europeos. Por la parte británica, se abren diversas opciones dado el actual conflicto entre partes, colectivos y estamentos. De ahí las constantes paradojas en lo que atañe al proceso negociador y las fuertes tensiones en torno a las tentaciones separatistas.

El segundo desafío es la formulación del Plan Juncker sobre las regiones y áreas periféricas. Los planteamientos del diseño de las Redes de Transportes Europeas ponen en cuestión los niveles de conectividad y accesibilidad de las regiones atlánticas. Las hipótesis incluidas en los cuadernos de la cohesión territorial no contribuyen a reducir las disparidades territoriales, al no garantizar mecanismos de nivelación y contribución que permitan paliar las actuales desigualdades. Finalmente, los nuevos desafíos vinculados con los desarrollos tecnológicos y la digitalización ponen a prueba las nuevas dependencias y marginación de las regiones periféricas y atlánticas frente a las regiones centrales y motores del crecimiento económico europeo.

Entramos en la hora de los planteamientos y los desafíos. Debemos plasmarlos de forma rigurosa, de inmediato y con participación inclusiva, so pena de caer en una nueva fase de atraso y marginación. Como siempre, la respuesta es de todos, para todos y con todos.

El «Libro Blanco sobre el futuro de Europa» reflexiona sobre cinco escenarios posibles hasta el año 2025

Autor Fernando González Laxe Catedrático de Economía Aplicada de la Universidade da Coruña

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