Un país a la caza de empresarios

Puerto Rico, estado asociado de EE.UU., intenta captar inversión para salir de una crisis sin precedentes; la posición de Trump ha generado la airada reacción de varios congresistas


Nueva York / La Voz

Después del impacto de uno de los peores huracanes de su historia y de una década de contracción económica, la isla de Puerto Rico afronta una crisis sin precedentes que, sin embargo, es también vista por muchos como una ocasión inmejorable para el desarrollo de talento y la búsqueda de oportunidades. Este es precisamente uno de los principales objetivos del Puerto Rico Investment Summit, el congreso que arranca mañana en la también conocida como isla del encanto, y que busca seducir a los inversores. «Antes del huracán María, mucha gente no sabía que Puerto Rico es territorio estadounidense y que sus ciudadanos son americanos», explica el empresario Jeff Carmichael.

Él es uno de los participantes en la cumbre y, como otros ejecutivos, trata de sacar el lado positivo del ciclón de categoría 4 en la escala de Saffir-Simpson que arrasó el país en septiembre y cuyas consecuencias siguen notando un tercio de la población, que continúa sin electricidad.

Aunque parezca mentira, esa exposición global que el ciclón dio a la isla del Mar Caribe ayudó a que mucha gente la supiese situar en un mapa. Y es esta misma exposición la que muchos ejecutivos piden que se capitalice para explicar por qué es bueno hacer negocios en Puerto Rico. «Los beneficios ya no son solo en cuanto a su relación con EE.UU., sino también a nivel geográfico con respecto a sus vínculos con América Latina», declaran desde la organización del congreso.

La cumbre contará con la presencia de distintas figuras del sector público y privado para dar a conocer las leyes existentes, que buscan incentivar la inversión y así reducir los tiempos de recuperación. Y es que recientemente, diarios como The New York Times confirmaron que el deterioro de la crisis económica del país provocado por la devastación de María (que causó 90.000 millones de dólares en daños) supondrá que la isla no pueda pagar sus 70.000 millones de dólares de deuda hasta dentro de cinco años.

Un escenario al que no ayuda la posición del presidente de EE.UU., quien no parece que esté por la labor de asistir a la isla a pesar de que Puerto Rico está pasando por una de sus peores crisis humanitarias. Donald Trump hizo una escueta mención al respecto en su discurso sobre el estado de la Unión. Para muchos, su silencio fue la confirmación de que no tiene intención alguna de aprobar una tercera resolución de asignaciones suplementarias para mitigar desastres naturales, una propuesta que continúa estancada en el Senado.

«Es vergonzoso», declaró la congresista demócrata por Nueva York Nydia Velázquez, tras recordar que la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA, por sus siglas en ingles) había cortado la ayuda destinada en forma de agua y alimentos para los damnificados. «Puerto Rico es una metáfora de cómo este presidente ve a todos los latinos y personas de color. No nos ve como iguales y no nos ve como seres humanos», añadió a modo de denuncia el congresista por Illinois Luis Gutiérrez.

El manejo de la crisis por parte de FEMA ha sido recientemente criticado tras conocerse que la agencia contrató por 156 millones de dólares a una empresa sin experiencia en situaciones de desastres -y con una sola empleada- para repartir 30 millones de porciones de comida, pero solo entregó 50.000. Este y otros contratos han provocado que los legisladores cuestionen la capacidad de gestión del desastre por parte del propio Ejecutivo.

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