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Llega el cajero automático que funciona con personas

La empresa asturiana ARPPA diseña, fabrica y pone en marcha de atención personal


¿Se imagina ponerse frente a un dispositivo similar a un cajero automático, tocar la pantalla para solicitar un servicio bancario, un billete de avión o de autobús y que en la imagen que reciba aparezca y le conteste una persona para resolver el encargo que precise? Pues sí, esa tecnología existe y está operativa. La empresa asturiana ARPPA (Asistentes Remotos para Puntos de Atención) lleva más de una década investigando y desde entonces dispone de equipos operativos por distintos puntos de la geografía española que se caracterizan por la tecnología de asistencia a distancia.

Su centro logístico está en Oviedo y en Gijón, donde cuenta con sus face center, que aglutinan a agentes, ingenieros, técnicos y todo el personal al servicio de esta tecnología, hasta 150 empleos, que aglutina la compañía.

La empresa se encarga de todo el proceso, de principio a fin, tal y como comenta Eladio Junceda, ingeniero y uno de los fundadores de ARPPA. Diseña, fabrica, pone en marcha el dispositivo y lo mantiene, con toda la tecnología que conlleva, incluido el software y los operadores que asisten a los usuarios. Nadie hasta el momento dispone de una propuesta similar y eso les da una ventaja significativa en el mercado. Sobre todo después de que Liberbank, la entidad financiera que ha probado con éxito esta tecnología con elevado niveles de satisfacción, le haya dispensado de la exclusividad que le exigía en su contrato de servicio.

El dispositivo de la empresa asturiana está preparado para dar los servicios propios de una entidad bancaria. Es decir, se puede ingresar dinero, pagar recibos, abonar impuestos, actualizar libretas, e incluso retirar efectivo. Una opción que hasta ahora no estaba operativa porque los equipos habitualmente estaban colocados al lado de cajeros que ya desempeñaban esta función.

Tal y como explica Eladio Junceda «nuestros equipos se pueden instalar en zonas, como las rurales, donde se han cerrado oficinas bancarias tradicionales y que podrían recuperar el servicio para sus clientes», asegura. También personas poco familiarizadas con las nuevas tecnologías -y que ahora han de enfrentarse a terminales programadas con amplios menús de funcionamiento- verían reducidas las dificultades, pues quien les resuelve sus operaciones es otra persona. Les indica dónde introducir la tarjeta, recoger un certificado o un recibo, por ejemplo. Es una conversación, sin más, como la que podría mantener con un empleado de una sucursal.

Y surge en un momento en que la inteligencia artificial desarrolla dispositivos más sofisticados, pero que no resuelven las dudas que, en ocasiones, tienen los clientes.

Con unos cifras de facturación que este año podrían alcanzar los tres millones de euros, ARPPA orienta su proyección hacia el sector bancario, pero no es el único. Ya trabaja con compañías de transporte como ALSA, o la naviera Fred Olsen, que venden billetes, informan de conexiones con rutas, anular reservas, etc. Las máquinas asturianas se adoptan a cualquier servicio de cualquier empresa.

Su crecimiento está tanto en el mercado nacional como internacional, con proyectos en Escocia y México.

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