¿Guerra o pacto de divisas?

análisis ? Las consecuencias y el impacto que la guerra de divisas, desatada entre euro y dólar y su repercusión en las exportaciones, se analiza en este artículo, donde se aportan las claves de la política monetaria fijada por la Reserva Federal y el BCE. Más que un conflicto, los efectos para las exportaciones se evalúan en el marco de procesos de fabricación globales.


Durante la crisis económica que hemos atravesado han ocurrido algunas anomalías, tanto en los campos de la teoría como en el de la historia económica. Un buen ejemplo tiene que ver con el mercado de divisas. En crisis anteriores, las tasas de cambio se utilizaron para abaratar las exportaciones, encarecer las importaciones, sostener el nivel de empleo y ralentizar las caídas en la producción nacional. En otros términos, exportar la crisis interna a los vecinos, empobreciendo a los socios comerciales.

En la crisis que se inicia en el 2007 esto no ha sucedido. En primer lugar, una gran mayoría de países carecían ya de ese instrumento de destrucción masiva. El euro engloba a un número creciente de economías en Europa y las grandes economías de América latina y del sudeste asiático, tienen sus divisas ancladas al dólar americano. En segundo lugar, cada vez parece más evidente que ha existido un acuerdo (todavía vigente) entre los bancos centrales -el de la eurozona y el de Estados Unidos- pacto que consistiría en una política de brazos caídos frente a la evolución que pudiera tener la tasa de cambio entre el euro y el dólar. En otras palabras, el BCE y la Reserva Federal miran para el techo y dejan que el mercado determine los precios libremente.

La polémica sobre la adecuada fortaleza que debería tener el dólar, sobre todo frente al euro, ha sido uno de los temas de trabajo en la reciente reunión en Davos del Foro Económico Mundial, en donde se volvió a plantear otra vez esta cuestión, pero ahora en forma de anomalía. Veamos.

Con una inflación semejante entre las dos áreas monetarias, los tipos de interés son muy dispares. Mientras en Europa se están moviendo sobre el 0,25 %, en Estados Unidos lo hacen ya en la banda del 1,00 al 1,25 %. Esta diferencia podría parecer menor en términos absolutos pero, en términos relativos, debemos considerar que en EE. UU. los tipos son cinco veces más elevados. Y este diferencial está fundamentado en mayores tasas de crecimiento, en una economía al borde del pleno empleo y con algunas tendencias inflacionistas ya en el horizonte.

En un contexto así, el precio del dólar tendría que estar aumentando para beneficiarse los inversores europeos de los mayores tipos de interés en Estados Unidos. Pero sucede lo contrario. Desde marzo del 2014 a marzo del 2017, el precio de un dólar estaba estabilizado alrededor de 0,92 euros. A partir de ese último mes, el precio del dólar disminuye hasta colocarse a principios del 2018 en 0,82 euros (es decir, 1,22 dólares por un euro). En otras palabras, el dólar se abarató cerca de un 15 % en estos últimos meses. Cuando tendría, al menos teóricamente, que encarecerse.

Esta anomalía se explica fácilmente al tener en cuenta el enorme potencial exportador de la economía europea y la fragilidad de la economía americana en este terreno. Unos datos: La diferencia entre lo que Europa vende en el exterior y lo que compra (el saldo por cuenta corriente) asciende a un 3,4 % del PIB europeo, una cifra positiva y gigantesca. Sin embargo, la situación en Estados Unidos es la contraria: compra en el exterior mucho más de lo que es capaz de vender en el extranjero y esa diferencia alcanza el 2,4 % del PIB americano, cifra también gigantesca, pero ahora con signo negativo.

En Davos también se utilizó otro argumento: la cotización actual del dólar (expresado en euros) no es nada excepcional. Si tomamos una serie larga -por ejemplo, desde 1999 a la actualidad, casi 20 años-el valor actual del dólar (entre 0,80 y 0,85 euros) está dentro de los márgenes de fluctuación habituales en ese mercado y, en términos generales, se corresponde con el precio de equilibrio en el largo plazo. Dicho de otra forma, el precio del dólar está hoy en donde ya tiene estado varias veces antes. No sucede nada raro.

Lo que sí es llamativo es el efecto casi despreciable que la tasa de cambio del euro está teniendo sobre el comercio exterior europeo, español y gallego. Veamos. En primer lugar, debemos tener en cuenta que, desde el 2007 a la actualidad (excepción hecha del 2009), el comercio mundial sigue expandiéndose a tasas superiores al 4 % anual, sobre todo debido al empuje de las economías del sudeste asiático. En este contexto, el peso de la eurozona en el comercio mundial ha pasado de un 17,1 % en el 2007 a un 15,4 % en el 2017, a pesar de que en el primer año se exportaron más de 1,23 billones de euros y en el segundo algo más de 1,81 billones de euros. Cifras muy superiores a la totalidad del PIB español. Esta pérdida de peso en el comercio mundial se distribuye de forma muy desigual en la zona euro. Mientras Alemania y España baten máximos anuales de exportación, Italia y Francia se quedan rezagadas perdiendo posiciones en el comercio mundial.

El caso español es espectacular. En el 2007, España exportó por valor de 185.000 millones de euros, que eran ya 270.000 en el 2017, multiplicando sus exportaciones por 1,5 % en el período. Al mismo tiempo, España pasa de representar el 1,75 % de las exportaciones mundiales a superar ligeramente el 2 % en el 2017. En este desarrollo tan acelerado de las exportaciones españolas, el papel de Galicia ha sido muy relevante. A finales de los años noventa (antes de la entrada en el euro), Galicia no llegaba a aportar un 7 % de la exportación española y, dos décadas después, se sitúa ya entre el 8 y el 9 %. Hasta el año 2007, el saldo comercial exterior de Galicia era deficitario. A partir de ese año, las exportaciones superan a las importaciones, arrojando saldos positivos cercanos a los 5.000 millones anuales en la región.

Ahora bien, ¿cómo es posible que la tasa de cambio frente al dólar americano afecte tan lateralmente a las exportaciones europeas? La explicación no es simple. Por un lado, algo más de la mitad del comercio exterior no se ve afectado por la tasa de cambio ya que ese realiza dentro de la eurozona. Por otro lado, una parte muy importante del comercio mundial no son bienes finales sustituibles entre sí (por ejemplo, naranjas) sino que, por el contrario, son partes, piezas, y componentes que se fabrican en un país y se ensamblan en otro. Por ejemplo: las transmisiones de las furgonetas Chrysler fabricadas en Estados Unidos se exportaban desde una empresa en Vigo. En este sentido, la globalización de los procesos productivos neutraliza las distorsiones que se pudieran derivar de alteraciones en la tasa de cambio. Quizás esta sea la explicación al pacto ente la Reserva Federal y el BCE para dejar las tasas de cambio fluctuar a su antojo.

La fortaleza que debería tener el dólar frente al euro fue analizada en la reciente reunión de Davos

Julio Sequeiros es catedrático de Economía por la UDC.

ILUSTRACIÓN: MABEL RODRÍGUEZ

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