Las subestaciones de Carballo que iluminan Los Andes

Garaysa se ha especializado en las energías limpias y renovables; hace cinco años la firma  dio un salto cualitativo al introducirse en el mercado internacional


Carballo / La Voz

Diseño y técnicas en tres dimensiones, empleo de las últimas tecnologías constructivas en el sector, un elevado valor añadido en sus proyectos y productos finales de altas prestaciones. Y, sobre todo, puntualidad alemana para entregar los trabajos a sus clientes. Con estas cinco premisas básicas, el grupo carballés Garaysa Montajes Eléctricos ha logrado hacerse con un importante hueco en el siempre competitivo mercado de las energías renovables, en la actualidad, su principal nicho de actividad, que parece haber tomado aire después de cuatro años de capa caída tras la famosa supresión de las primas por parte del Gobierno central.

La empresa, con sede en el polígono empresarial de Bértoa, nació hace ahora 22 años. Lo hizo en Malpica, a 19 kilómetros de Carballo. Pero a los cuatro años de entrar en funcionamiento, su fundador y gerente, Pablo Echegaray Busto, decidió el traslado al área industrial de Bértoa, una de las de mayor crecimiento de toda Galicia en los últimos años, para aprovechar las sinergias de un buen nudo de comunicaciones, una red próxima de proveedores y clientes, y cerca de Alvedro y el puerto exterior. La actividad de Garaysa se circunscribía básicamente al mercado local y autonómico hasta que hace cinco años dio un gran salto estratégico, con una incursión a nivel internacional, que tan buenos resultados le está dando.

El primer proyecto surgió en Perú, en plena cordillera central de Los Andes. Se trató de la construcción de una central eléctrica. Garaysa Montajes Eléctricos tardó solo cinco meses en finalizar dos subestaciones de alta tensión y una central hidroeléctrica en una de las zonas más complicadas del país andino, en lo que a orografía y comunicaciones se refiere. Este primer trabajo en el exterior sirvió de base para acometer otros muchos más, relacionados, en su mayoría, con las energías renovables.

Pero esa apuesta por la tecnología ha servido también para llevar a cabo otras iniciativas, como la construcción del párking robotizado más grande de Europa de uso residencial. Fue levantado hace tres años en la Gran Vía madrileña, en la plaza de Callao. Este aparcamiento tiene capacidad para 600 vehículos.

Imagen de la construcción de una subestación de un parque eólico en el departamento de Maldonado, Uruguay.

Una cartera de pedidos ya comprometida por valor de 16 millones

Lo que empezó siendo una apuesta por lo novedoso, se ha convertido en el gran filón de Garaysa Montajes Eléctricos. Aquel proyecto del 2013 en Perú dio paso a muchos otros, como una central en Costa Rica, dos parques eólicos en Uruguay, dos subestaciones en Punta del Este, en el departamento de Maldonado, y el desarrollo del cupo canario asignado a Gas Natural-Fenosa Renovables, con nueve parques eólicos, ocho en Las Palmas y otro en Fuerteventura, que se completan con dos subestaciones de alta tensión y líneas subterráneas para su conexión con Red Eléctrica.

Pablo Echegaray tiene encima de la mesa de su despacho nuevas propuestas. Otras ya las tiene valoradas, presupuestadas, firmadas y ya comprometidas. Algunas pendientes de meros trámites para su inicio y otras en fase ya de ejecución. En total, 16 millones de euros de facturación, lo que, a juicio del fundador del grupo, supone «un colchón importante, pensando en el medio y largo plazo». Todos estos proyectos están relacionados directamente con las renovables, que, según el gerente de Garaysa, empiezan a moverse después de la ralentización de los últimos años.

De forma paralela, la compañía cuenta con un aula propia de formación para mejorar las capacidades de los trabajadores en aspectos tan dispares como la tecnología, la seguridad en el trabajo y el medio ambiente.

«A veces los negocios funcionan por gravedad, la supresión de las primas nos llevó a América latina»

Toni Longueira

Pablo Echegaray Busto (Carballo, 1962) se define como emprendedor. Apenas había cruzado la barrera de la treintena cuando se decidió a embarcar en un proyecto, que ahora es una referencia en el sector de los montajes eléctricos. Dice que Garaysa surgió de una actividad que conoce desde que se incorporó al mercado laboral.

-La empresa nació en Malpica, pero se trasladó a Carballo.

-Sí, habían transcurrido unos cuatro años y decidimos venir para Carballo porque empezaron los desplazamientos asiduos en coche, en avión... Y queríamos ampliar. De ahí que comprásemos una nave en Bértoa, hace 18 años.

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