Los titanes de Internet sacan la bandera blanca en busca de paz fiscal

Maquillan sus cuentas con las haciendas europeas para convencer a Bruselas de su buena voluntad; solo España se calcula que dejó de recaudar 500 millones entre el 2013 y el 2015


Bruselas / La Voz

«Tenemos una oportunidad real de reformar el impuesto de sociedades para hacerlo más justo». Con estas escuetas palabras, la comisaria europea de Competencia, Margrethe Vestager, consiguió el pasado mes de octubre poner los pelos de punta a las multinacionales digitales. Bruselas lleva una década vigilando los pasos de estas empresas e intentando, sin éxito, que se sometan a las mismas reglas fiscales que cualquier empresa tradicional. La presión social, los problemas financieros de algunas economías de la UE y la perseverancia de Vestager amenazan con acorralarlas. Pero, ¿Se aproxima el fin de las trampas fiscales con las que lograron esquivar las garras de Hacienda por tanto tiempo? No a corto y medio plazo. Los esfuerzos por conseguir una base imponible común están siendo «saboteados» por los países que más recaudan en impuesto de sociedades, como reconocen en Bruselas. Son los sospechosos habituales: Luxemburgo, Irlanda, Bélgica, Chipre y Malta. La competencia fiscal desleal que orquestan contra sus vecinos les reporta enormes beneficios. No quieren renunciar a esa enorme porción del pastel.

Francia, España, Alemania e Italia lideran la ofensiva para ajustar cuentas con las multinacionales. De nada les ha valido la presión política que ejercieron para conseguir sacar adelante la propuesta de gravar la facturación y no los beneficios. Sus vecinos no quieren ceder privilegios. Bruselas sigue maquinando una salida al bloqueo de seis años con dos fórmulas: o articular un impuesto a la publicidad online o una tasa a algunos pagos efectuados por bienes y servicios adquiridos online fuera de las jurisdicciones nacionales.

La UE también ha elevado el debate a nivel de la OCDE, donde no existe apetito por bajar las armas. Estados Unidos camina en dirección opuesta y Reino Unido podría hacerlo si no consigue un buen acuerdo de divorcio con los Veintisiete. «No dejaremos que el Reino Unido nos haga competencia desleal cuando nos deje», insistió recientemente el negociador europeo del brexit, Michel Barnier. La incertidumbre política y la proximidad de las elecciones europeas no ayudan a acompasar los esfuerzos por domar a las multinacionales más rebeldes, pero el clima hostil en Bruselas les ha obligado a replantearse sus estrategias a sabiendas de que, tarde o temprano, los países miembro tendrán que reformar por completo sus sistemas tributarios, según apuntan los expertos. Desde el think tank Bruegel aseguran que el momento es el propicio gracias a la dinámica económica de la UE y la reconciliación entre el eje franco-alemán: «Sería vital incluir una base impositiva europea común para desalentar el traslado de beneficios, emprender una estrategia ambiciosa contra la evasión fiscal», sostienen.

Algunos de estos titanes ya se han adelantado a las posibles reformas fiscales que se están cocinando en la UE. Microsoft fue el primero en dar el paso adelante y enseñar la bandera blanca. Que la declaración le saliera a devolver en el 2011 despertó tanta indignación como perplejidad. Pero solo cuando la empresa detectó movimientos serios de la UE para luchar contra la elusión fiscal accedió a maquillar sus cuentas, simular buena voluntad de cooperar y limitar el expolio legalmente permitido a los contribuyentes europeos. Aunque mínimos, la compañía estadounidense paga más impuestos hoy que hace cinco años y será la primera en blanquear su imagen rindiendo cuentas a la Hacienda del país en el que ejerza actividades, no en Irlanda como venía haciendo para adelgazar su factura. Lo hará a partir del primer trimestre del 2018. Su estela será seguida por la también norteamericana Facebook. La empresa de Mark Zuckerberg anunció por sorpresa el 12 de diciembre que renuncian a la impunidad fiscal. Desarrollarán estructuras locales para pagar impuestos allá donde facturen. Eso sí, se lo tomarán con calma. Hasta el 2019 estudiarán cómo urdir un plan mejor para cubrir los mínimos de exigencia de la UE y pasar desapercibidos para Bruselas, que sigue blandiendo la espada con el fin de someter a las «piratas tecnológicas».

Perspectiva de sanciones

Durante la última legislatura, la Comisión Europea trató en vano de dialogar con las corporaciones para persuadirlas, pero solo la perspectiva de las sanciones ha logrado romper sus resistencias. Lo sabe bien Apple, que todavía debe abonar a las arcas irlandesas 13.000 millones de euros que el país le perdonó de forma ilegal durante una década, según Bruselas. Vestager también se cobró este año en forma de multa a Facebook 110 millones de euros por información engañosa en la compra de Whatsapp, otros 2.424 millones a Google por abuso de posición dominante y 250 millones a Amazon el pasado mes de octubre por recibir ventajas fiscales ilegales en Luxemburgo. Ninguna de las sanciones tiene que ver con la ingeniería fiscal y la elusión de impuestos, porque, sobre el papel, es legal. La danesa ha buscado fórmulas para forzar a las multinacionales a compensar sus trampas y plegarse. ¿Lo harán? ¿Seguirán los pasos de sus competidoras? Algunos expertos en Competencia como Mario Mariniello apuntan que la UE tiene herramientas para dar un giro de timonel: «Un sistema eficiente en el cual las compañías puedan anticipar con mayor facilidad cuánto les costará ubicar sus inversiones en varios países europeos podría hacer a Europa más atractiva, a pesar de sus niveles impositivos», sostiene.

¿Cómo meterlas en cintura?

«Un puesto de salchichas paga más en Austria que una empresa multinacional como Amazon». El dato lo daba el canciller austríaco saliente, Christian Kern, el pasado año, en pleno debate sobre qué hacer con los «piratas» de Internet. Pagan menos de la mitad en términos impositivos que los negocios tradicionales. Entre el 2013 y el 2015, la UE dejó de ingresar 5.200 millones por las trampas de Google y Facebook. España dejó de ingresar 482 millones de euros, según estima un informe de los socialdemócratas holandeses. El agujero fiscal que deja el fraude y la elusión de impuestos asciende, de acuerdo al cálculo de algunos expertos, al billón de euros anuales en el conjunto de la UE. «No podemos aceptar que los gigantes de Internet puedan crear valor a partir de datos de europeos y no pagar por ello. Cómo podríamos explicar a las pymes que deben pagar religiosamente sus elevados impuestos mientras Google, Apple, Facebook, Amazon y otros pagan impuestos extraordinariamente bajos. Es inaceptable», se quejaba en septiembre el ministro francés de Economía, Bruno Le Maire. Los lamentos se repiten en otras cancillerías europeas, pero nadie tiene claro qué camino seguir para lograr que paguen su parte: crear un marco fiscal específico para las compañías digitales o asumir que la digitalización y la economía colaborativa es transversal y alcanza a todos los sectores productivos. Si optan por la segunda vía, los Veintiocho deberán replantear de arriba a abajo sus sistemas tributarios.

«Un puesto de salchichas paga más en Austria que una multinacional como Amazon», critica el canciller austríaco saliente, Christian Kern

ilustración: maría pedreda

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