La eterna infelicidad del millonario

Un estudio de Harvard revela que las grandes fortunas vinculan su satisfacción en la vida a tener más dinero y propiedades; más de 3.000 participantes en la encuesta lo confesaron


Nueva York / La Voz

El dinero no da la felicidad, pero ayuda. Esta es una de esas frases tan manidas y recurrentes para buena parte de la población mundial, que suele posicionar el que ‘me toque la lotería’ como uno de los deseos de Año Nuevo. Lo curioso ahora es que entre el grupo de personas que cree que con un poco más de dinero serían más felices están los que ya cuentan con millones y millones en sus cuentas corrientes. Así lo ha desvelado un nuevo estudio de la Escuela de Negocios de Harvard en el que han participado 4.000 millonarios de varios países del mundo y cuya conclusión principal es que la mayor parte de las personas ricas consideran que su felicidad es directamente proporcional al dinero que ganan.

Los datos no dejan lugar a dudas. Un 27 % de los millonarios encuestados aseguraron que para ser felices necesitarían que su riqueza aumentara un 1.000 %. En la misma línea, un 25 % defendieron que para sentirse completamente bien, precisarían un incremento de su fortuna de al menos un 500 %, mientras que tan solo un 13 % (menos de 600) manifestaron que podían ser felices con el dinero que ya tienen. Todos ellos fueron millonarios de Arabia Saudí Brasil, Catar, Emiratos Árabes Unidos, España, Estados Unidos, Hong Kong, India, Irlanda, Mónaco, Reino Unido, Singapur, Sudáfrica y Suiza, que tuvieron que evaluar su nivel de felicidad en una escala del 1 al 10. Además, y para poder formar parte de la investigación, los seleccionados tenían que tener un mínimo de un millón de dólares de riqueza.

Sin poder dar cifras para delimitar la cantidad exacta de dinero para que una persona sea feliz, el investigador jefe del estudio, Grant Donelly, sí desveló ciertas tendencias. «Los ganadores del premio nobel de economía Daniel Kahneman y Angus Deaton sugieren que un ingreso anual de 75.000 dólares es lo ideal. Nuestros descubrimientos dicen que la felicidad aumenta cuando la riqueza crece, incluso entre los más ricos», explicó Donelly tras asegurar que «en la medida en que las personas tienen un trabajo que consideran significativo y que incrementa su riqueza, pueden experimentar más felicidad».

Pero, ¿qué pasa con todos aquellos que son ricos por fortunas heredadas y en cuya producción no han tenido nada que ver? En este caso, el estudio también muestra datos significativos que evidencian que este tipo de situaciones dejan a los millonarios menos satisfechos. Es decir, aquellos que hicieron su fortuna por sí solos, son más felices que los que no.

El umbral de los 8 millones

Eso sí, la eterna pregunta de si el dinero puede o no comprar la felicidad se encontró también con varios interrogantes. Fue el caso de la barrera económica que pusieron los encuestados para marcar su punto de inflexión. «Los que tienen un patrimonio de más de 8 millones de dólares son significativamente más felices que los que tienen uno», reveló Donelly. Los investigadores sin embargo, no lograron averiguar por qué ocho y no menos o más.

Los resultados del estudio no solo evidencian la famosa frase de que uno «cuanto más tiene más quiere», también que los millonarios, a pesar de sus mansiones, coches de lujo, diseños exclusivos o viajes por todo el mundo, acaban sufriendo como el resto de los mortales. La paradoja en su caso es que se atormentan no por lo que tienen, sino por lo que quieren tener.

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