Los gallegos que nos libraron de los grupos de WhatsApp

Con solo tres años de vida, la plataforma de comunicación viguesa TokApp cuenta con 500.000 usuarios, más de 2.000 clientes y ya está presente en Latinoamérica; Abanca acaba de sumarse al proyecto

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Redacción / La Voz

Abra el WhatsApp y haga un rápido recuento de los grupos activos. Calcule a ojo cuántos mensajes de las conversaciones colectivas recibe al día, cuántos son útiles, cuántos simplemente soportables. Haga balance de los chats necesarios y de los que le aportan algo; después, de cuántos tiene silenciados, de quién le ha incluido sin su permiso -práctica desde hace unos días ilegal- y de cuáles abandonaría si el portazo no fuese público para el resto de la sala y sinónimo de aislamiento, nada por otra parte demasiado importante salvo en ciertos casos. ¿Cómo va a enterarse si no de la rutina de sus hijos en el colegio, de las actividades que organiza el polideportivo municipal o de que mañana el profesor del gimnasio no impartirá clase? El vigués Javier Romero lo vio venir ya en el 2013: algo fallaba en las comunicaciones en masa, especialmente en las oficiales, en la relación de las instituciones -clubes, asociaciones, centros educativos, administraciones públicas- con sus usuarios -socios, alumnos, vecinos-. ¿De qué manera hacían llegar sus informaciones a sus cientos de destinatarios? ¿Cómo sabían si sus avisos eran recibidos?

Romero coincidió un día con Edelmiro Justo, amigo de unos amigos, y le habló de este problema. Un año más tarde, gracias al respaldo económico de conocidos y familiares, TokApp estaba más que desarrollada y lista para salir al mercado. Fue ahí, en el salto mortal, cuando ambos aparcaron sus respectivos negocios para sacar adelante una plataforma de comunicación que hoy usan 50 ayuntamientos gallegos, 2.000 instituciones a nivel nacional y más de 500.000 usuarios; que ya ha dado el salto a Latinoamérica y que, desde el mes pasado, cuenta con Abanca en su accionariado.

TokApp se ha hecho indispensable en un terreno en el que apenas hay competencia, no al menos tan eficaz como ellos. Tampoco tan completa. La herramienta es una potente plataforma de mensajería instantánea que permite el envío de mensajes ilimitados a los que además se les pueden añadir archivos. Incluye confirmación de lectura, cumple la ley de protección de datos -WhatsApp no-, tiene validez legal de burofax y ofrece la opción de solicitar respuesta. Porque la información aquí, si no se especifica lo contrario, circula en sentido único: de institución a usuario. Es un altavoz. Un lugar donde el socio, el vecino, el padre y el alumno recibe.

Y aunque la startup nació orientada a las empresas, de nuevo la identificación de una necesidad le hizo virar el rumbo, enfocarlo. «Ya en marcha, parte de nuestros desarrolladores, que eran padres, sugirieron que nos centrásemos en educación -recuerda Justo-. Los centros y los profesores tenían un problema grande a la hora de comunicarse con los padres e incluso con los alumnos; recurrían a notas de papel, páginas web, Intranet... soluciones poco eficaces y obsoletas». En la mayoría de los casos, el mensaje no llegaba a tiempo, no llegaba bien o, directamente, no llegaba. . De aquí nació TokApp School, hoy su niña bonita. Ahora, son ya los propios centros, las propias asociaciones y administraciones las que reclaman su servicio. Y no solo eso, también las que exigen nuevas funcionalidades, las que le marcan el paso. Sus últimos proyectos lo demuestran: una pasarela de pago -sugerencia de las anpas catalanas para que sus socios puedan hacer transferencias desde la propia herramienta- y el desarrollo de aplicaciones personalizadas que, con la base de TokApp, incorporan funcionalidades a demanda. Ya han hecho cinco.

Para todas las cosas para las que no valen las redes

Hace un año y medio, el alcalde de Ponte Caldelas levantó el teléfono y marcó el número de Edelmiro y Javier. Atento a los cuatro colegios del concello pontevedrés que ya utilizaban TokApp School para comunicarse con padres y alumnos, Andrés Díaz quería implementar también en su gestión municipal la herramienta de la firma viguesa. Y eso que no las tenía todas consigo: «Pensamos que iba a tener menos aceptación de la que tuvo finalmente -reconoce el regidor- porque hay que bajarse la aplicación, instalarla en el móvil... y aquí hay mucha gente mayor». Pero los mayores se adaptaron pronto. «Nos preguntan, nos piden que se la descarguemos, que les enseñemos cómo funciona». Hoy, sus avisos, sus informaciones sobre actividades, incidencias o servicios llegan a 3.000 vecinos. Especialmente útil resultó este otoño, cuando el fuego se ensañó con el sur de Galicia. «En Ponte Caldelas había una alarma social muy grande porque una persona estaba con una moto prendiendo focos -relata Edelmiro Justo-. El alcalde desde su propia casa envió un comunicado oficial a todos los vecinos a través de aplicación, haciendo un llamamiento a la calma e informando de la situación».

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