Mi vida después de mi empresa

¿Qué pasa después de vender una empresa por millones de euros? ¿Llega el retiro? Muchos empresarios optan por reinvertir en nuevos negocios o ser incluso «ángeles» de otros


Redacción / La Voz

Dicen los que están en el mundillo que quien es empresario lo es para toda la vida. Es lo que piensan nuestros protagonistas. Cinco hombres de diferentes generaciones y sectores cuyas operaciones de éxito no solo no les detuvieron sino que crearon un efecto multiplicador.

¿Volvería usted a invertir después de haber ganado millones de euros con la venta de su compañía? Cuando decimos millones de euros hablamos desde un par hasta cientos.

En una Galicia con 49.294 empresas (el 93 % micro), las referencias de empresarios que siguen invirtiendo y ampliando sus negocios, o incluso aportando capital a los de otros, son pocos. O más bien, son pocos los nombres que le suenan al gran público. Manuel Jove es siempre una de las referencias. Vendió su participación en Fadesa a Fernando Martín por más de 2.200 millones de euros. De forma inmediata, ese dinero sirvió para arrancar Inveravante, una compañía con un capital invertido hasta el 2012 de 4.000 millones y que ahora está viviendo una segunda juventud a través de sus negocios inmobiliarios, renovables o bodegas.

Diferente es el modo de proceder de las tecnológicas. La multiplicación de las startups ha generado también un entorno inversor muy diferente. Son los conocidos como business angels o inversores ángel. En Galicia existe una red amparada por la Administración pública, pero también hay iniciativas de otro tipo. Es el caso de InnoBAN, una red que nació en Galicia en el 2008 y que facilita el encuentro entre inversores y emprendedores. «Buscamos proyectos innovadores, con alto potencial de crecimiento y que están en su fase inicial. Muchos tienen componente tecnológico, pero no es un requisito», explica Luis Ángel Fernández de la Vega, director InnoBAN. No es imprescindible, pero sí es cierto que la inversión en startups se ha disparado en los últimos años. En el 2015 atrajeron hacia España 589 millones. En el caso de esta red en Galicia, y en el mismo año, 125 startups recibieron tres millones de euros de sus ángeles. ¿Pero quiénes son ellos? «Hay empresarios, directivos, emprendedores de éxito. Personas con dinero suficiente para asumir una potencial pérdida». El retorno no llega hasta «5 o 7 años después», pero la rentabilidad « a medio plazo puede superar el 25 % anual. Con su inversión devuelven a la sociedad parte de lo que han recibido».

«¿Reinvertir? Siempre estamos en ello. No sabemos hacer otra cosa»

G. Vázquez

Manuel Añón es uno de esos hombres serios. Muy serio. Su agenda está siempre cargada de citas, así que no le van las preguntas que considera superfluas. ¿Se puede definir como empresario?, se le plantea. Y se hace un silencio eterno. «¿Como empresario? Pues cómo voy a ser, muy normal. Soy más industrial que empresario». Así se define una persona que aparece en la lista Forbes por sus más de treinta años de carrera al frente del Grupo Hierros Añón. Mucho han cambiado las cosas desde que fundó la compañía con su padre en 1985. «No soy un empresario tan grande. En mi sector soy muy conocido, pero para el público general no. Eso es bueno».

Seguir leyendo

«Quiero que los nuevos retos superen a La Nevera Roja»

G. Vázquez

José del Barrio, madrileño de familia viguesa, sigue lanzándose al campo de la inversión

El ejemplo de La Nevera Roja sigue siendo recurrente al hablar de los mayores «pelotazos» de las startups españolas. Íñigo Juantegui y José del Barrio vendían su plataforma de comida a domicilio en el 2015 a Rocket Internet por 80 millones de euros. Empezaron con 20.000 euros, recibieron diversas inyecciones financieras, pero solo estuvo en sus manos cuatro años. ¿Qué sucedió después? José del Barrio, madrileño de familia viguesa de solo 33 años en aquel momento, siguió adelante lanzándose al campo de la inversión. Es socio fundador de Samaipata Ventures. Así le gusta definirse, «no como empresario». Su objetivo: «Convertir Samaipata en el fondo de inversión líder en marketplaces en el sur de Europa». Dice ser una persona «de centrar el foco en una sola tarea en cada momento». Lo que hace a través de esta compañía con nombre de ciudad boliviana (estuvo allí en un proyecto de cooperación internacional hace años) es invertir en startups y ayudarlas en la primera fase de su negocio.

Seguir leyendo

«Quiero seguir en el riesgo, un empresario lo es toda la vida»

G. Vázquez

Era junio del 2013. Se anunciaba en una rueda de prensa en María Pita. Lorenzo López volvía a tomar la riendas de su proyecto más emblemático: Electrodomésticos San Luis. Lo hacía siete años después de que la cadena pasase a manos francesas. «Ni Darty ni Comet unidos en todo el mercado europeo consiguieron aguantar ». Lorenzo López, fundador de la firma, reabría diez tiendas del grupo en Galicia y Castilla y León. «Recuerdo la venta como un momento de culminación y valoración del trabajo realizado durante muchos años. El arraigo gallego era mucho, pero éramos ya una empresa internacionalizada, con siete tiendas en Portugal y resto de España. Había necesidad de crecer». Aún así, San Luis no aguantó y acabó en concurso de acreedores con una deuda de más de tres millones. «Era una operación de altísimo riesgo, pero para mí era más importante volver y apoyar a los compañeros que me habían ayudado a llevar a la empresa al sitio en el que la dejé». En ese momento San Luis facturaba más de 200 millones y tenía 70 tiendas. López no da rodeos. Ante ese fracaso dice que «le vale» que algunas personas sepan que él lo intentó, pero «siempre existe quien se alegra de tus errores».

Seguir leyendo

«Con la venta de mi startup pude empezar de nuevo»

G. Vázquez

Óscar Anzola volvió a empezar a los 48 años. Lejos en kilómetros y tiempo quedaban Silicon Valley o la Universidad de Berkeley. Este ingeniero informático sabe que su caso no es el más habitual. Usa para definirse la palabra entrepostneur -haciendo un juego con la global entrepreneur-. Sí, Óscar Anzola usó el capital de la venta de su primera compañía para arrancar otro proyecto, pero saltando al vacío de otro continente.

 

 

Tras sus inicios en la prestigiosa 3Com Corporation, decide emprender. En el 2001 funda Ogangi en Miami cuando todavía no se sabía cuánto iban a pintar los móviles en nuestras vidas. «Ofrecíamos servicios de valor añadido para operadoras móviles, por ejemplo las descargas de tonos y juegos, y servicios de mensajería SMS para empresas. Es difícil pensarlo ahora pero no se podía enviar un mensaje de un operador a otro». Más de una década después vendía Ogangi en su mejor momento. «Acabábamos de cerrar el proyecto más grande de nuestra historia, pero era necesaria una gran inversión en el área de márketing y comercial para catapultar su crecimiento». En el caso de Óscar, y como le sucede a exitosísimas startups, un grupo inversor compró Ogangi. Como también es habitual, se quedó como CEO un año y firmó todos esos documentos que blindan el proyecto: acuerdo de permanencia, no competencia y confidencialidad. «No sabía qué vendría después, pero tras varias entrevistas que no condujeron a nada, mi mayor oportunidad era arrancar otro proyecto». Esa nueva aventura empezaba hace solo un año en A Coruña. Se llama WayApp. «Gracias a la venta tenía seed capital para empezar. En el caso de Ogangi había cometido un error desde el principio buscando capital en las tres FFF’s (friends, family & fools). WayApp es una herramienta de márketing móvil para empresas de cualquier tamaño. El teléfono sigue siendo el centro. Los comercios pueden ofrecer sus tarjetas regalo sin plástico ni complicaciones, los bonos descuento aparecen en tu móvil cuando entras en un hipermercado o desaparece la clásica tarjeta de fichar».

Seguir leyendo

«Haré una o dos inversiones al año: quiero involucrarme»

G. Vázquez

«Quien dice que soy un empresario de éxito tiene pocas referencias de lo que es el éxito». Es la carta de presentación de Diego Mariño. Un catalán de 35 años con raíces en Monforte que está poniendo en marcha su tercer proyecto. En este caso en A Coruña.

Como hombre tecnológico, su primera aventura arrancó en el 2003. Tenía solo 23 años. Abiquo nació de un grupo de investigación. «Buscábamos soluciones asequibles para potenciar la computación distribuida». Hace 15 años no tenían muchas opciones para ejecutar algoritmos complejos. «Hablamos de usar ordenadores para buscar patrones de pliegues de proteínas o renderizar películas en 3D. Buscábamos formas baratas de aprovechar la potencia de los ordenadores». Ésa era la idea y así se gestó Abiquo, una startup en la que Diego estuvo siete años. «La empresa sigue activa. Me fui en el 2010 para dar paso a un equipo gestor profesional. En mi último año abrimos oficinas en Londres y San Francisco. Tras Privalia fuimos la empresa española que más inversión recibió, unos 15 millones de euros».

Seguir leyendo

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
3 votos
Comentarios

Mi vida después de mi empresa