30 años: ¿Becados y hundidos?

El 16 % de los becarios de España ya no son veinteañeros; los expertos les recomiendan que, pese a su formación, no teman dar el salto al mercado laboral en puestos menos cualificados

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Redacción / La Voz

Es la generación más cualificada de la historia. Pero dar el salto al mercado laboral se convierte para muchos en un triple mortal sin red que los lleva a encadenar contratos en prácticas, engrosar su currículo con varios másteres, y a vagar por unas empresas que, a la hora de la verdad, les dan pasaporte en pro de los recién licenciados: más lozanos y con más idiomas. Tienen 30 años y, según un informe del portal de empleo Infojobs, representan al 16 % de los becarios que hay en España. Ya lo dijo Al Pacino: «El reloj no se detiene», y con el tiempo en contra a la hora de conseguir una solidez económica que les permita conseguir metas vitales como comprar una vivienda o tener hijos, la mayoría se pregunta: ¿Debo seguir siendo becario a mi edad?

Ventajas: la experiencia adquirida. Contras: la falta de versatilidad. Y una virtud es tan importante como la otra. Si bien los expertos consultados explican que lo importante es estar en el mercado laboral a la hora de conseguir un contrato en condiciones, recuerdan que muchos llegan a los treinta superados por un síndrome de avestruz que los lleva a evitar enfrentarse a la realidad laboral, pensando que a más formación más oportunidades, cuando la realidad demuestra que las empresas quieren candidatos con habilidades. Se trataría de poner por delante la experiencia, aunque esto implique aceptar puestos menos cualificados.

Maruxa Amieiro, directora de la consultora viguesa de RR.HH. QTalento, advierte de la conocida como «burbuja de la formación». «Es un problema real, ya que por mucho que hayas hecho cursos o másteres apenas puedes aportar nada a una empresa y compites con la siguiente generación». Y añade: «Es un error obsesionarse con la especialización cuando uno todavía no sabe qué le va a ofrecer el mercado. El mejor máster es estar trabajando, así que yo recomiendo hacer prácticas en cuanto se pueda y comenzar a asomar la cabeza pronto».

Otro de los problemas a los que se enfrentan estos «adultos emergentes» - término que, por cierto, acuñó el psicólogo Jeffrey Arnett para referirse a aquellos que, como consecuencia de la competitividad en el mundo laboral, no pueden llevar la vida que les corresponde por su edad- es la precariedad salarial. Desde luego, no es lo mismo cobrar 400 euros (por ser optimistas, ya que el 58 % de los becarios no percibe retribución económica) a los 30 que a los 22. Pero, según Alejandra Mosteiro, socia directora de Extend, una consultora especializada en la gestión de personas, hay que tener claro, a esta edad más que nunca, en qué condiciones se está en la empresa: «La mayoría cogen a becarios por una cuestión de responsabilidad social, y esto les sirve como método de reclutamiento. Es el caso de muchas empresas del sector IT -informática y tecnología-. Otras compañías lo dejan claro desde el principio y advierten a los becarios de que no se van a quedar. Es importante tenerlo en cuenta y no hacerse falsas ilusiones».

No ponerlo en el currículo

Pero no hay que desesperar. «Soy de las que cree que tener una beca es estar dentro del mercado laboral. De hecho, yo animo a no especificar en los currículos que la experiencia laboral ha sido una formación en prácticas porque muchas empresas tienden a menospreciar este tipo de contratos cuando, seamos honestos, la mayoría de becarios realizan el mismo trabajo que cualquier empleado. Ya tendrán tiempo para explicarlo si pasan a la entrevista personal», añade Mosteiro.

Los prejuicios

Habla esta experta de prejuicios. Pero muchas veces son los propios becarios los que tienden a echar leña al fuego y encadenar contratos de prácticas porque solo encuentran un trabajo estable en puestos para los que están sobrecualificados. Otro error de peso, apunta Amieiro. «Aunque un empleo no esté a priori a la medida de la formación de uno, es importante planteárselo si se ven opciones dentro de la compañía. Cada vez más empresas hacen rotaciones horizontales y se adquieren competencias imprescindibles para ser contratado por otra entidad o ascender en esa misma compañía».

Más allá del pozo sin fondo en el que se ven muchos becarios al reciclar contratos y contratos precarios, estos no tan jóvenes deben plantearse si la compañía en la que trabajan les aporta «el perfil soft que necesita un buen candidato a un puesto de trabajo». Según Mosteiro, además de la formación y la experiencia, es básico «tener un encaje cultural y una capacidad de adaptación». «Por eso no es tan importante la edad que se tiene siendo becario, sino el hecho de haber pasado por diferentes puestos, esto es precisamente lo que le dará tablas al becario para saber cuándo toca oír, callar y tragar. Es, en parte, lo que marcará la diferencia entre que una empresa te quiera o no».

«A veces se valora más una estancia en el extranjero que unas prácticas de empresa»

L. G. V.

«Es una barbaridad que gente tan mayor encadene contratos de prácticas». Es la primera respuesta de Belén Varela al enterarse de que casi el 20 % de los becarios españoles tienen más de treinta años. No obstante, esta profesora de Dirección y Gestión de RR.HH. en el grado de Relaciones Laborales de la UDC explica que, «mientras se aprenda trabajando, es un bagaje que uno se lleva». Ahora bien, si tenemos ya una edad y seguimos encadenando contratos de prácticas es básico tener claro que con esa beca «vamos a ser más eficaces y atractivos para el mercado. Que vamos a adquirir habilidades en la toma de decisiones y en el campo de la comunicación. Si esto no pasa quizás debamos plantearnos salir fuera de casa e irnos al extranjero... Las empresas a veces valoran más estas competencias y muchos jóvenes no lo tienen presente».

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