La despensa de pollo ecológico de la que disfruta Galicia

La compañía con sede en Vilalba produce en la actualidad todas las aves de este tipo que comercializa Coren; opera con una red de 22 granjas en régimen de integración, en la búsqueda de un producto diferenciado


Lugo / La Voz

Vilalba, la cuna del capón, lo es también de la empresa que suministra al grupo ourensano Coren todos sus pollos de producción ecológica. Caponcito, con una red de 22 granjas en las provincias de Lugo, Ourense y A Coruña, produce anualmente 700.000 ejemplares que se comercializan en cadenas de alimentación y tiendas especializadas de toda España y Portugal. Es el fruto de un acuerdo de colaboración entre la compañía lucense, que factura anualmente tres millones de euros y que este ejercicio espera rondar los cuatro, y la cooperativa ourensana.

La empresa que pusieron en marcha Pedro Vidal y su esposa Dolores Lozano en 1994, con producción convencional y que se convirtió en 1999 en la primera de carne certificada en Galicia por el Craega, en una época en la que solo lo estaban productos vegetales, cuenta con fábrica de pienso propia en el parque empresarial de Vilalba. De ella salen mensualmente 500 toneladas de alimento para sus propias aves. Vidal reconoce que la puso en marcha inicialmente con el objetivo de satisfacer el 50 % de las necesidades del negocio. Por rentabilidad y, sobre todo, por el deseo de tener controlado el 100 % de lo que comen los animales, ahora muelen y hacen las mezclas de maíz, trigo y soja en la planta chairega.

Caponcito empezó criando 12.000 pollos al año bajo el control del Craega , en la búsqueda de un producto diferenciado y de calidad, para satisfacer una demanda creciente del mercado. Inicialmente lo hizo compaginando este modelo empresarial con el convencional, que abandonó hace poco más de un año para centrarse en la producción certificada.

La compañía cuenta con una red de granjas con las que funciona en régimen de integración, en una cadena en la que no hay lugar para la improvisación. Los controles son muy estrictos desde el mismo nacimiento de los pollos en las incubadoras de Coren hasta que llega la carne a los lineales de los supermercados.

Pedro Vidal reconoce que no fue fácil encajar todas las piezas del puzle hasta conseguir la estabilidad actual del negocio. Empezaron en el año 1998 con pruebas para seleccionar la estirpe, en un proceso que duró un año y en el que se decantaron por la label, de origen francés por su mejor adaptación al medio gallego y por su rusticidad, que lleva aparejados menos problemas sanitarios. Han conseguido de hecho que sean inexistentes gracias al seguimiento constante.

Un convenio con la cooperativa ourensana facilita el reparto de las tareas

La base de todo el proceso, según Vidal, es el seguimiento constante de las explotaciones integradas. Una experta en calidad visita las granjas para controlar los pesos y el crecimiento de las aves y asesorar en todo el proceso de producción. Supervisa desde la humedad de las naves, a la temperatura, el estado de las camas, la alimentación y el agua que le suministran a las aves. Son detalles de gran importancia que, según Vidal han llevado a Caponcito a la inexistencia de patologías en los animales.

El convenio suscrito con Coren en el año 2002 garantiza el reparto de tareas en el proceso productivo y le ha permitido a la vilalbesa crecer de forma exponencial. El grupo ourensano suministra los pollos recién salidos de las incubadoras a las granjas de la compañía vilalbesa y se encarga de su comercialización una vez transcurridos los 90 días de crianza en las explotaciones. Son nueve días más del mínimo establecido en la normativa.

Los pollos de Caponcito, libres de productos químicos y antibióticos, viven los tres meses en un ambiente que respeta la normativa de bienestar animal, tanto dentro de las naves como en los espacios exteriores vallados a los que salen durante el proceso de engorde.

Para garantizar que el producto llegue fresco al consumidor realizan cuatro sacrificios semanales durante todo el año. Ahora, han logrado controlar los picos de demanda.

«Ampliaremos el número de granjas porque se necesita más producción»

Dolores Cela

Pedro Vidal reconoce que desde que introdujo la cría ecológica en su negocio y se somete a los estrictos controles de este tipo de producción ha incorporado esta filosofía a su vida familiar diaria. La aplica no solo en el consumo de pollo, sino también en que el 90% de los alimentos que entran en su nevera están sujetos a los dictados del Craega.

-¿Cómo ve el futuro del pollo ecológico?

-Es bastante esperanzador y creemos que tiene todavía bastante recorrido porque el consumidor busca cada vez comida más sana. De hecho, tenemos proyectado ampliar el número de granjas en cinco o seis más, porque en Galicia necesitamos una mayor producción. De hecho, ya se están construyendo dos, una en Lugo y otra en Pontevedra.

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