Trump disfruta de la herencia

A la espera de su prometida reforma fiscal, el neoyorquino se ha beneficiado de la senda alcista que la economía estadounidense emprendió en el ocaso del mandato de Obama

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Nueva York / La Voz

 Hace poco más de un año, el mundo sufría el shock que había supuesto la victoria de Donald Trump en las elecciones de EE.UU. Contra todo pronóstico, el magnate sacudió el orden nacional e internacional y casi todos quedaron en evidencia. Doce meses más tarde de aquel terremoto político y social, el presidente no se cansa de atribuir a su Gobierno la buena salud de la economía como consecuencia de la confianza generada tras su llegada a la Casa Blanca. Pero... ¿Es esto cierto? ¿Son las buenas cifras cosechadas una consecuencia de las recetas trumpianas? Para aportar luz sobre este asunto es importante recordar que la recuperación económica ya se había consolidado durante el mandato de su antecesor, Barack Obama. Lo que ha hecho el magnate en cierta manera es mantener esa tendencia.

Con Trump en la avenida Pensilvania, el desempleo se ha situado en mínimos no alcanzados desde el año 2000 y la bolsa de Wall Street se ha disparado. «El mercado financiero alcanzó hace unos días un nuevo récord histórico. Hay una gran confianza en las medidas que mi Gobierno está adoptando», dijo Trump desde Corea del Sur (el segundo país que visitó en su gira asiática), refiriéndose a la jornada bursátil del lunes 13 de noviembre, donde sus tres principales indicadores alcanzaron de nuevo máximos históricos. Es cierto también que desde el 2014 no ocurría que el PIB estadounidense encadenase dos trimestres subiendo alrededor de un 3 %, o que el S&P acumulase una rentabilidad del 21 %, situándolo en la tercera mayor subida de la historia desde la II Guerra Mundial y superada solo por los presidentes John Fitzgerald Kennedy y George H.W. Bush, con un 27 y 22,2 %, respectivamente. Con respecto al desempleo, los datos registrados por Trump (la tasa está en el 4,1 %) son mejores que los de Obama, pero esta positiva coyuntura ya era previa a la llegada del neoyorquino.

Según los expertos, tanto el ritmo de crecimiento como las condiciones del mercado laboral no son un reflejo de las políticas económicas implementadas por el neoyorquino, sino una consecuencia de las instrumentadas años atrás. «Trump tuvo el beneficio de heredar una economía que estaba ganando impulso desde finales del 2016», explica Ryan Sweet, analista de Moody’s. «La economía ya era bastante saludable. Lo que ha hecho Trump hasta ahora es no arruinarla», añade Justin Fox, de Bloomberg.

Una promesa en el aire

Para ser justos, parte de la euforia creada es avalada por la reforma fiscal prometida por Trump, que prevé recortes de impuestos que llegarían a los 1,5 billones de dólares. El camino, eso sí, en ningún caso será fácil, teniendo en cuenta que la división en el seno de las filas republicanas ya hizo fracasar la derogación y reemplazo de la reforma sanitaria, conocida como Obamacare. Es más, la desconfianza llega hasta tal punto que algunos como el banco estadounidense Goldman Sachs han cifrado en un escaso 65 % las posibilidades de que el proyecto de ley tributario sea aprobado en el primer trimestre del próximo 2018.

Sea como fuere, serán las consecuencias de su propuesta impositiva, así como las acciones desde la Reserva Federal, las que permitan realmente hacer un juicio pormenorizado de la Administración Trump en materia económica porque hasta ahora, el crecimiento registrado es resultado de años de políticas expansivas, tanto a nivel monetario como a nivel fiscal.

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