Agroamb, mucho más que residuos

La empresa lucense se ha convertido en un referente gracias a su modelo integral de negocio a partir de la valorización de los desperdicios que se generan en en el sector agroalimentario

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Redacción / La Voz

Sostenía Henry Ford que «la única historia que tiene algún valor es la que nosotros hacemos». Los territorios, sin ir más lejos, se construyen con pequeñas historias que, agregadas, dan sentido al presente. La de la empresa lucense Agroamb es una de ellas, el resultado de décadas de trabajo y esfuerzo que hoy dan forma a uno de los grupos industriales gallegos vinculados al rural más innovadores y con mayor reconocimiento internacional.

La crónica de esta compañía es, como tantas otras, un recorrido por la biografía de una familia. Todo comenzó a mediados del siglo XX con Severiano Ónega Ramberde, un emprendedor que con solo 14 años, allá por 1943, compraba y vendía un producto tan gallego como la patata. Severiano, un adelantado a su tiempo, se hizo con uno de los primeros tractores de Lugo con la intención de prestar servicios a la comunidad en la que residía, al extremo de que toda su vida estuvo dedicada al cultivo de las tierras de otros, a los que ofrecía sus servicios agrarios.

Severiano inculcó su carácter en sus hijos, Severiano y Álvaro Ónega Ares, quienes dieron un impulso innovador a la actividad que había iniciado su padre. El primero se convirtió en su día en el primer gestor autorizado por la Consellería de Medio Ambiente para el uso de restos orgánicos en la agricultura. Su idea era aplicar un fertilizante orgánico de alta calidad en los cultivos de la familia. Aquello fue el germen de Agroamb Prodalt, que vio la luz con el siglo XXI y en poco tiempo se había convertido en una aventura empresarial de notable magnitud. La empresa se centraría en buscar una solución a los restos orgánicos de las explotaciones agrarias, apoyándose en toda su experiencia previa en la aplicación de fertilizantes respetuosos con el medio ambiente.

Así, de los cultivos de la familia pasaron a los de terceros y si en el 2006 la empresa ya facturaba 1,3 millones, solo un lustro después la cantidad se había quintuplicado. Por el camino, los hermanos impulsores de Agroamb habían estimulado una productiva colaboración con el campus universitario de Lugo. ¿Su objetivo? Trufar de I+D+i toda su actividad y llenar de valor añadido el campo gallego.

Agroamb Prodalt fue la primera empresa en Galicia autorizada para gestionar y valorizar residuos orgánicos agrarios, lo que dio pie a la planta de Ponte de Outeiro, en Castro de Rei, donde cada año se procesan y reciclan 250.000 toneladas por medio de un proceso pionero y totalmente salubre. La empresa da en estos momentos servicio a numerosas explotaciones agrarias y ganaderas y a grandes industrias agroalimentarias de Lugo, Vigo, A Coruña, Burela, Vilalba...

Ocurre que esta idea de valorizar, de poner en práctica ese mantra económico de esta era que es la economía circular, ha llevado a la dirección de la empresa a crear un grupo con capacidad para ofrecer un servicio integral a sus clientes. Si Agroamb Prodalt transforma los residuos orgánicos en un fertilizante, la marca Tresamb realiza el transporte de estos materiales, además de distribuir y aplicar el fertilizante obtenido por la compañía lucense.

Paralelamente, Trobo Agrícola (fundada en el 2001) es una cooperativa de explotación común de la tierra para la producción de forraje que actualmente gestiona 500 hectáreas de superficie tanto propias como arrendadas. El cuarto pilar del grupo es Ónega Ares (2004), que oferta servicios agrarios avanzados a los agricultores y a las cooperativas de la Terra Chá en el segmento de la maquinaria agrícola profesional. En estos momentos opera en unas 5.000 hectáreas.

Reconocimientos

Con estas cuatro firmas, el grupo Agroamb ha conseguido convertirse en un claro exponente de economía circular, lo que le ha reportado múltiples premios y reconocimientos tanto en España como a nivel internacional. El último, el de la Business Europe, uno de los grupos de trabajo de la Unión Europea focalizado en el crecimiento y la competitividad sostenible del tejido empresarial. La entidad comunitaria ha anunciado que divulgará en los distintos foros en los que esté presente todos los proyectos de la empresa lucense por ser un claro exponente «de la economía circular».

Más allá de este trabajo, Agroamb realiza una intensa labor en el ámbito de la responsabilidad social corporativa. Además de patrocinios y actividades formativas, la compañía chairega es la única empresa gallega que pertenece al comité ejecutivo del Pacto Mundial de Naciones Unidas, es vocal de la Red Española y mantiene en funcionamiento la Fundación Blas da Ponte de Outeiro, impulsada por los hermanos Ónega Ares en memoria de su padre para la conservación y puesta en valor del rural. Un trabajo coral que, de alguna forma, sintetizó en su día Jacques Diouf, ex director genera de la FAO: «Necesitamos empresas como Agroamb para mantener la buena salud del rural gallego».

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