«A un padre cuesta más convencerlo que a un jefe, exige más»

Ana Villar es uno de los corazones de Distribuciones Villar. Sin ella, puede que una las empresas líderes en hostelería y restauración de Galicia siguiese latiendo, pero con menos fuerza, eso seguro. Pocas personas saben más que ella sobre el sector en el último cuarto de siglo


Redacción / La Voz

Dice que no se siente cómoda con las entrevistas, pero resulta imposible adivinarlo. Ana Villar (A Coruña, 1969) habla con soltura, con conocimiento de causa y con una simpatía y sentido del humor que despejan cualquier duda sobre por qué Distribuciones Villar sigue creciendo imparable desde hace cuatro décadas.

-Dicen en su web que la empresa ha cambiado mucho en los últimos cuarenta años. ¿Cómo era entonces?

-Cuando nació era Juan Manuel Vilar López, la fundó mi padre. En 1988 coge una nave en Pocomaco y monta la SL. Y en 1992 empiezo yo ya a trabajar con él. Es una empresa familiar, soy la segunda generación.

-¿Es más difícil convencer a un padre o a un jefe?

-A un padre siempre (ríe). Porque para tu padre lo tienes que hacer mucho mejor, sin tacha y es mucho más exigente, por lo menos el padre que me tocó a mí. Porque cuando empiezas ya quiere que seas como él, y te hace falta el rodaje, la experiencia, la formación... Yo empecé muy jovencita aquí y hasta lograr llegar donde estamos fueron momentos muy duros y muy intensos, y a nivel personal no es lo mismo trabajar con un padre que con un jefe, que después te lo tienes que llevar a casa (ríe).

-Uno se lo tiene que llevar a casa pero, ¿también se lo trae? La capacidad de decisión, de análisis, ¿se aprenden en casa?

-Sí, sí, eso es muy importante, porque ya lo ves desde pequeña. Se habla de la empresa, sabes lo que supone tener una, los sacrificios que conlleva, que aunque tienes una madre que a veces ya no quiere oír hablar más de trabajo en casa, se habla, porque si hay una preocupación no cierras la puerta y te vas hasta el lunes. Te la llevas. Si hay una alegría también la compartes. En las empresas que son familiares es muy difícil separar el tema empresa del familiar. Hay familias que quizás lo hagan pero en la nuestra se vivió siempre muy intensamente.

-¿Y también se traslada el cambio de roles al revés, de la empresa a casa?

-Mi padre cumplió con creces. Empezó a trabajar muy joven, sacó la empresa de la nada sin ninguna ayuda, hacemos este año, en el 2018, treinta años en distribución en A Coruña. No hay muchas que tengan tanta edad, y que sigamos funcionando para él tiene que ser un orgullo y un legado.

-En el 2005 se creo AV Nadal, ¿Fue una apuesta firme por la diversificación, o el sueño de una vida, como dice la web?

-(Ríe). Esa es una ilusión que siempre tuve yo, por eso es un proyecto tan personal AV Nadal. La empresa no contempló nunca meternos en el tema de los lotes de navidad, y yo tenía clarísimo que esto iba a salir. Teníamos los clientes, el producto y ¿qué era lo que faltaba? Un proyecto claro, y yo lo tenía muy claro. La primera vez que se lo dije a mi padre me dio un no rotundo: ‘Pero si ya tenemos bastante lío, ¿dónde te vas a meter? ¿No te llega lo que tenemos?’ Y le dije: ‘Sí, lo tengo claro’. Y la verdad es que me ha dado muchísimas satisfacciones. Primero, porque era lo que notaba como más mío también, incluso en momentos duros de mucha crisis. Y empezar en un momento en el que gente habla de cómo recuerda esos grandes lotes... Yo no me acuerdo, yo empecé muy poquito a poquito, sin histórico, así que el primer año ya me pareció fantástico, el segundo muy bien, y fíjate tú, vamos a hacer la campaña del 2017 sin parar de crecer.

Ana Villar comenzó a trabajar hace 25 años en la empresa gallega | césar quián

«intento caminar una hora al día, siempre junto al mar»«Siempre tenemos una vena más artística o bohemia, alguna ilusión»

el detalle

«Camino, intento caminar una hora diaria. Me gusta mucho ir por Santa Cristina, siempre cerca del mar. Creo que no podría vivir en una ciudad que no fuera esta». Amable y decidida, Villar reconoce que no siempre puede, «pero lo intento porque me sabe a gloria y merece la pena». Es uno de sus pequeños lujos cuando necesita desconectar. Y leer. «El premio Planeta del 2016 fue el de Dolores Redondo, Todo esto te daré, basado en la Ribeira Sacra, y me encantó porque, además, si ya conoces alguna de las viñas o bodegas de allí es impresionante. Y ahora me acabo de comprar Las piedras que hacían vino, de Luis Alejandro Padín. No podemos tener mejores embajadores que este padre e hijo para estos vinos nuestros». Hace trampa. La pregunta era cómo desconecta. Vuelve a reír: «Fue casualidad, no sabía que fuera sobre la Ribeira Sacra», explica, y confiesa que es de las que relee los libros las veces que haga falta. De Cien años de soledad lleva ya tres. Y las que quedan.

Una vigilancia intensiva de los viñedos ayuda a prevenir plagas, y de esta forma, a ahorrar.

-AV Nadal fue uno de ellos, pero, ¿cuántos sueños más le quedan por cumplir a Distribuciones Villar?

-Mira, desde que cogimos la empresa tenemos un proyecto cada año: un año sacamos un vino propio, un ribeiro, Avó Martín, que nos ha dado muchísimas satisfacciones, y podemos decir que estamos en muchísimos clientes de A Coruña, y gustando el vino. Otro de los proyectos que tuvimos fue que Bodegas Sentai comprara un cuadro del pintor Jorge Peteiro e hiciera una etiqueta con un vino de ellos, y ha sido un éxito también rotundo. Tener un vino de Somontano con el cuadro de Peteiro, que además es tan querido en A Coruña. Todos los años tenemos algo, hay veces que no son tan visuales en el exterior, como cosas que necesitamos en la empresa, como programas informáticos o una máquina para algo, porque esto es una empresa pequeña y tenemos que mirar mucho los gastos y las inversiones que hacemos. Pero siempre tenemos una vena más artística o bohemia, alguna ilusión.

Soy de las que leo y luego pasan los años y releo. Mi autor preferido es García Mázquez. ‘Cien años de soledad’ cayó tres veces y volverá a caer»

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