La factura del agua solo cubre el 33 % del coste del ciclo de la depuración y del suministro

La sequía obliga a abrir una reflexión sobre la sostenibilidad del servicio, las políticas de ahorro y la reutilización del abastecimiento


Santiago / La Voz

La Xunta de Galicia decretó la semana pasada la alerta por sequía en seis de los 19 sistemas de la cuenca hidrográfica Galicia-Costa. De momento, no ha sido necesario restringir el suministro de agua a la población, aunque sí tomar medidas de ahorro como limitar el riego de los jardines o el baldeo de las calles. La sequía que arrastra Galicia desde hace meses tiene un indudable coste ambiental, pero también económico. Los sindicatos agrarios estiman en torno a los dos millones las pérdidas ocasionadas en el sector, y la falta de agua en los embalses -están al 55 % de su capacidad, un 12 % menos que el año pasado-, unida a la falta de viento para mover los generadores eólicos, ha provocado llamativos incrementos en el importe del recibo de la luz, que tiene que echar mano de otras fuentes de energía más caras para garantizar el suministro. Curiosamente, esos efectos que la sequía provoca en el bolsillo de los ciudadanos quedan reflejados en el importe de la luz pero no en el del agua, que es el quid de la cuestión.

Sobre ese aspecto, y sobre otros muchos que afectan a un problema que ha llegado a Galicia para quedarse, se habló en una mesa de redacción organizada por La Voz de Galicia a la que asistieron Alfredo García Rodríguez, presidente de la Federación Galega de Municipios e Provincias (Fegamp); Roberto Rodríguez Martínez, director de Augas de Galicia; Francisco Marín Muñoz, presidente de la Confederación Hidrográfica Miño-Sil, y Julio Masid Bande, director de Viaqua.

De entrada, «el agua no se cobra», como recordó Francisco Marín. «El agua es gratis. Lo que se cobra es disponer de agua en un punto determinado». Pero incluso ese coste no incluye la totalidad de los gastos que conlleva la depuración y el abastecimiento del agua que llega a todos los hogares. Es más, la factura supone solo el 33 % del coste. Una depuradora como la que se acaba de construir en Vigo o como la que se prevé para Santiago no se financia con esa tasa. Ese desfase está ahora en revisión. De hecho, el director de Augas de Galicia cree que esta nueva situación a la que aboca la sequía obligará a replantearse muchas cosas respecto a la gestión del ciclo del agua. «Es necesario aplicar una estructura tarifaria que promocione el uso razonable, que premie al que haga un buen uso porque favorece las condiciones medioambientales», dijo Roberto Rodríguez. Como ni siquiera en Galicia el agua es ilimitada, «habrá que plantearse, no a corto plazo, pero sí a medio plazo, el reto de la sostenibilidad del ciclo del agua, sobre todo teniendo en cuenta la renovación de las infraestructuras. No es solo un problema de Galicia o de España, es el gran reto en Europa». Las redes de suministro en la mayor parte de las ciudades tienen una antigüedad superior a los 30 años, y si ya crean problemas habitualmente por sus materiales obsoletos y sus averías, la necesidad de gestionar un bien cada vez más escaso obligará a replantearse no solo las conducciones sino también la tecnología que se emplea. Y eso es dinero, mucho dinero.

La situación plantea cuestiones tan inquietantes como que los técnicos no son capaces de garantizar que el día de mañana, los 33.000 núcleos de población que tiene Galicia y que en buena parte se surten de manantiales, puedan tener suministro. Y eso implicaría su despoblación. Julio Masid, que como director general de Viaqua conoce la realidad hidrográfica no solo de Galicia, sino de otras comunidades en las que trabaja la empresa, admite que es así. «No es imposible garantizar el suministro, porque imposible no hay nada, pero no será sostenible. Si hablamos de sostenibilidad, no es económicamente viable, y seguramente habrá poblaciones y explotaciones que no sean viables por falta de agua». Un ejemplo muy gráfico lo clarifica todo: «Lo primero que buscan los de la NASA cuando quieren saber si hay vida en otro planeta es el agua; sin agua no hay vida».

Medidas de ahorro

Parece un futuro a largo plazo, pero la sequía que padece Galicia hace pensar que quizás no está tan lejos el problema. Por eso ya se están tomando medidas que se incluyen en el protocolo de la alerta decretada y que revisa el comité permanente del consejo rector de Augas de Galicia. Según Alfredo García, presidente de la Fegamp, los ayuntamientos están concienciados. «Se ha ordenado evitar los baldeos y en algunos casos ya se ha prohibido el riego de jardines; se están mandando mensajes de que hay que ser prudentes con el uso del agua, que se reduzca el consumo y que, siempre que se pueda, se busquen alternativas como los manantiales». A los concellos, a los colegios y a las empresas se les está haciendo llegar folletos divulgativos y se está dando charlas para que hagan un uso racional del agua como bien limitado. «Basta con reflexionar sobre gestos diarios; ducharse en el menor tiempo posible, no llenar la bañera de agua; utilizar la lavadora con la carga completa, cerrar el grifo mientras nos lavamos los dientes... Y por parte de las administraciones, reducir los baldeos a aquellos casos estrictamente necesarios por razones de salubridad o bajar la presión nocturna, lo que reducirá las fugas de agua... Convencer, en fin, a los ciudadanos de que apliquen el sentidiño», indicó Francisco Marín.

Esas son las medidas inmediatas. Teniendo en cuenta que los meses más secos ya se superaron, si todo va como se prevé y se sigue garantizando el suministro a los ciudadanos -aunque en algunos casos haya sido con cisternas- no se cree que haya que tomar más decisiones con carácter urgente. Pero a largo plazo habrá que plantearse otras cuestiones, porque el cambio climático es una realidad y Galicia no va a quedar al margen de ese fenómeno. Al presidente de la Confederación Hidrográfica Miño-Sil le llama la atención que todavía haya dirigentes, como Donald Trump, que lo nieguen. «Supongo que lo harán para defender intereses económicos, pero la realidad es la que es. El clima siempre ha sido cíclico, y cuando se dice que este es el año más seco en cuarenta años es porque entonces hubo otro todavía más seco y por lo tanto lo debieron pasar mal en esa época en la que no había las infraestructuras que hay ahora. Pero sí tenemos que empezar a acostumbrarnos a que cada vez se va a repetir más, los ciclos van a ser más cortos, no vamos a esperar otros cuarenta años sino que a lo mejor dentro de cuatro tenemos otro episodio de sequía», advirtió Francisco Marín.

Nuevas tecnologías

Pero a medio y largo plazo habrá que adoptar otras prevenciones para adaptarse a un nuevo escenario. La renovación de la red es una de ellas, así como la aplicación de nuevas tecnologías en sistemas de suministro que no están adaptados para garantizarlo en caso de que bajen los caudales del agua embalsada. Galicia tiene muchas presas, pero la mayoría son pequeñas y sin capacidad de regulación. «En la Confederación Hidrográfica Miño-Sil tenemos 3.000 hectómetros cúbicos de capacidad de almacenamiento de agua en las 76 presas que hay, pero una sola de las que hay en el Guadiana tiene esa misma capacidad», explicó Marín. También está la cuestión de la reutilización del agua, un asunto en pañales en Galicia, más allá del tradicional sistema de recogida de la que cae de los tejados para dar de comer al ganado. Julio Masid llamó la atención sobre una circunstancia con la que convivimos a diario pero que precisamente por eso no nos da en la vista: «Las ciudades están impermeabilizadas, se han construido sobre terrenos que no retienen el agua que captan, la mandan directamente a los ríos y a los mares, y la desperdiciamos. Ahora ya hay tecnologías de drenaje urbano sostenible que buscan que esas aguas se queden ahí y puedan ser reutilizadas, y entiendo que en Galicia habría que hacerlo. Lo mismo pasa con el agua de las depuradoras, que se puede utilizar para usos para los que no sea necesario potabilizarlas, como en la agricultura, en el baldeo de las calles o en la industria».

Los responsables de las administraciones no quieren que la población piense que ellos se limitan a mirar al cielo a ver si llueve. Las medidas descritas son la prueba de que se están tomando precauciones, pero lógicamente, llover tiene que llover, aunque los expertos no prevén que ocurra hasta mediados de noviembre y que la situación no se normalizará hasta la próxima primavera. Sin embargo, ellos quieren mandar un mensaje de optimismo y mirar el vaso medio lleno. Alfredo García destaca que se ha asumido que hay que hacer pedagogía con el tema del agua; Roberto Rodríguez cree que la crisis se está solventando con eficacia; Francisco Marín recuerda que cualquier medida que adopta la población va en beneficio del medio ambiente y Julio Masid indica que, pese a la situación actual, Galicia juega con ventaja: «Tiene una gran oportunidad, porque posee un bien como el agua que va a ser estratégico en el futuro».

Solo el 2 % de los terrenos son de regadío, lo que no garantiza el riego de pastos y fincas

La sequía no llegó a ser un problema para el suministro de la población, pero sí para la agricultura, con pérdidas millonarias en el cultivo de la patata, en el cereal, las vides, la cosecha de miel y, como consecuencia de ello, también en el sector agropecuario; la producción de la leche se resiente y las truchas escasean en el país de los mil ríos, que ya no son tan caudalosos. Por eso es evidente que en ese ámbito las reformas urgen.

El campo gallego jamás tuvo falta de agua, por eso la mayoría de los cultivos son de secano. La ingeniería de los sistemas de riego nunca cuajó en Galicia, los agricultores no tenían necesidad de gastar dinero en semejante inversión. En el año hidrológico 2015-16, la demarcación Miño-Sil registró un 25 % de precipitaciones por encima de la media; sin embargo, en el que acaba de cerrarse, se contabilizó un 38 % menos de precipitaciones. «Y las que hubo en el 2016 se concentraron en cinco meses, lo que da lugar a fenómenos extremos como las inundaciones; tenemos que convivir con eso, estar preparados y saber gestionarlo», advirtió Francisco Marín.

Y sobre todo, deberá hacerlo el sector primario. «Seguramente en el arco Mediterráneo no hay ni una hectárea de secano, mientras que en Galicia, los cultivos son fundamentalmente de secano. Habrá que pensar en infraestructuras de riego para un sector que es básico», adelantó el presidente de la confederación hidrográfica. «En Galicia el aprovechamiento hidroeléctrico está condicionado por los ríos, porque llovía. Una cuenca del Miño-Sil, que puede ser cinco veces más pequeña que una del Duero, tiene la misma aportación de agua, los mismos hectómetros cúbicos. La mayor parte de esa lluvia que baja por el Umia o por el Miño acaba en el Atlántico». Aprovecharla es uno de los retos futuros ante unos cambios que no solo afectarán a los tipos de cultivos. «Hay estudios que indican que incluso habrá cambios en el tipo de alimentación», puntualizó Masid.

Al no haber por ahora riesgos en el suministro a los ciudadanos, la prioridad, como indicó Roberto Rodríguez, «es proteger el agua que tenemos, ya que también preocupa que ese escaso caudal pueda tener efectos medioambientales, que al llevar ahora los ríos poca agua pueda afectar a la calidad de la que consumimos».

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
2 votos
Comentarios

La factura del agua solo cubre el 33 % del coste del ciclo de la depuración y del suministro