A los españoles les pierde la bollería

La pastelería se lleva cada año el 4,21 % del presupuesto de los hogares dedicado a la alimentación; una persona consume una media de 14,13 kilos de estos productos

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Redacción / La Voz

La bollería es nuestra perdición. Los productos de pastelería, las galletas y los cereales se están comiendo una importante porción de nuestro presupuesto anual dedicado a la alimentación. Y cada vez se llevan una mayor parte. Según los datos publicados en el último Panel de Consumo en el hogar elaborado por el Ministerio de Agricultura, la partida destinada a este tipo de alimentos ha aumentado un 2,4 % en los últimos doce meses.

La traducción es llamativa. Los españoles ya dedicamos un 4,21 % de nuestros fondos reservados a llenar la despensa a una de las zonas menos saludables del supermercado. Y si hablamos de dinero la cosa se pone interesante. Porque cada uno dedica de media 64,41 euros del bolsillo para llenar el estómago con este tipo de alimentos.

Desde abril del 2016 hasta marzo de este año, los españoles adquirieron 619 millones de kilos de dulces, que se quedaron con un total de 2.807 millones de euros de las carteras de los consumidores. O lo que es lo mismo, cada ciudadano consumió una media de 14,21 kilos al año de estos productos siendo los hogares formados por parejas con hijos de todas las edades así como las casas monoparentales de clase media y alta los más asiduos a meter en el carrito de la compra estos alimentos.

Entre los consumidores, los asturianos, gallegos y castellano-manchegos son los más golosos. Estas comunidades copan los primeros puestos del ránking y se convierten en las que más consumo relativo realizan de este tipo de viandas. Al otro lado se sitúan andaluces y catalanes, que son los españoles que menos dinero destinan a estos víveres.

Otro reciente estudio realizado por EAE Business School ha puesto el foco en la influencia que tienen la edad, el nivel económico y cultural en la compra de productos más o menos saludables. Según los datos recabados por esta entidad, los hogares que más frutas y verduras frescas consumen son aquellos en los que el responsable de llenar la despensa es una persona mayor de 50 años residente en ciudades pequeñas (con menos de 2.000 habitantes).

Además, las familias con rentas más altas y vinculadas a zonas con rentas per cápita altas son las que más se decantan por vestir la mesa con alimentos beneficiosos para el cuerpo.

Y, como no podía ser de otra forma, los hábitos de consumo tienen sus consecuencias. El informe de EAE y los datos del ministerio demuestran la realidad. Las comunidades que más se pierden por la bollería son las mismas que registran menores ingresos. Las Islas Baleares, Extremadura y Galicia tienen los ratios de obesidad infantil más altos, mientras que Cataluña, La Rioja y el País Vasco, los menores.

Los datos llaman la atención. Porque de los comestibles que conforman este grupo -bollería, pastelería, productos navideños, cereales y galletas-, estos dos últimos no son los más consumidos.

Bollos y pasteles son los favoritos entre los ciudadanos. Con una representación del 43,52 % en el total invertido en estos piscolabis, los españoles devoran un total de 6,15 kilos de estos tentempiés por persona y año. De cerca le siguen las galletas, con 5,47 kilos de media y un 38,71 % del consumo mientras que los cereales se quedan en la tercera posición con apenas 1,7 kilos por persona al año y un 12 %. La estacionalidad de los productos navideños los relega al último lugar, con tan solo 0,82 kilos y un 5,8 %.

galletas, en segundo lugar

Los hábitos de compra también cobran cierta importancia. Y es que el 90,1 % de estos productos se compran en lo que se conoce como el canal dinámico, o lo que es lo mismo, supermercados, hipermercados y tiendas de descuento, siendo los primeros los grandes favoritos para llenar la cesta.

Los datos demuestran que todavía queda mucho trabajo por hacer. La obesidad se está convirtiendo a un ritmo vertiginoso en uno de los problemas más importantes de la sociedad. Los expertos inciden cada vez con más ahínco en la necesidad de educar a las próximas generaciones para que apuesten por dietas saludables.

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