Energía con cáscaras de cacahuete

Una empresa familiar de Córdoba da una vuelta positiva a un problema industrial y venderá electricidad para abastecimiento a particulares reutilizando este producto

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Buenos Aires / La Voz

«De la necesidad, virtud». Una empresa familiar que es responsable de casi un tercio de la producción de cacahuete de la provincia argentina de Córdoba, verdadero peso pesado del abastecimiento mundial de este fruto seco, ha conseguido encontrar una solución con rentabilidad económica y compromiso ambiental a un problema industrial: ¿qué hacer con las cáscaras?

La marca Prodeman posee 42.000 hectáreas en el centro del país y cosecha cada año unas 140.000 toneladas de cacahuetes. Emplea a más de 550 personas. Un negocio rentable que va en aumento y que envía la mayor parte de su producción al mercado internacional. Sin embargo, uno de los problemas históricos del sector también crece con el éxito. Cómo deshacerse de las 50.000 toneladas de cáscara de maní descartadas cada año en la industrialización. Un verdadero quebradero de cabeza.

Desde el 2012, la firma avanza en el proyecto de una planta generadora de energía para transformar esa biomasa en electricidad. Con una inversión de unos 18 millones de euros, entre fondos propios y los de un crédito de la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica, la iniciativa está en la fase final de pruebas. Con ella podrán autoabastecerse y vender el excedente, un 65 %, a través del Programa Renovar del Gobierno central.

Los técnicos estiman que la planta comenzará con su actividad real en los primeros días del 2018, inyectando toda su producción a la red eléctrica, desde donde obtendrá lo necesario para su funcionamiento. La turbina de vapor de 10 megavatios puede generar 78.840 MW por hora, lo suficiente para alimentar el consumo anual de 20.000 hogares.

El coordinador de la central, el ingeniero Jorge Ciravegna, pondera la transformación de este desecho en biomasa y asegura que están estudiando el uso de otros residuos agrícolas como los que quedan en el campo después de la cosecha del maíz, trigo o sorgo. «Antes la cáscara del cacahuete se incineraba, no sabíamos qué hacer con ella. Nosotros creemos que poder administrar un recurso industrial sin un uso concreto y transformarlo en energía, favoreciendo la matriz eléctrica nacional, es impresionante», asegura.

Además de resolver la cuestión de los desechos del proceso productivo, el desarrollo de la planta viene a atajar el alza creciente de costos por la compra de energía para las fábricas. La luz de las cooperativas locales es un 40 % más cara que la de distribución provincial y la alternativa del gas natural se esfuma a causa del alto consumo doméstico en épocas invernales. Hasta que, previsiblemente a fines de año, se termine la construcción del «gasoducto manisero», como se conoce la obra de unos 142 kilómetros de extensión financiada por el Estado para abastecer la producción del maní en la provincia, las fábricas recurren al gas propano, que cuesta casi cuatro veces más que el natural.

Córdoba es Eldorado de la producción de maní en Argentina. En el 2016, pese a las inundaciones, la cosecha alcanzó las 600.000 toneladas, el equivalente al 98 % de toda la producción nacional. Casi un cuarto de esa cantidad es de Prodeman. La Unión Europea es el principal cliente del «clúster manisero», que reúne a unos 1.600 productores de fruto seco, muchos de ellos con bienes de valor añadido como confitura o procesados, pasta de maní y aceites. China, Rusia y Argelia son los siguientes en una lista de mercados importantes.

Aunque las previsiones de la Cámara Argentina del Maní marcaban un crecimiento del 30 % en la cifra de negocio de este año, las lluvias excesivas de estos meses han rebajado las expectativas. Se calcula que se perderán entre 40.000 y 50.000 hectáreas de producción y que se mantendrán los niveles del 2016.

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