El 40 % de los trabajadores gallegos sufren una alta precariedad laboral

Pese al descenso del paro, la tasa de temporalidad en Galicia es de un 26,7 %, y la del empleo a tiempo parcial, de un 15 %; algunas personas han llegado a encadenar hasta 30 contratos


Redacción / La Voz

En su último informe, el Consello Económico e Social (CES) se congratulaba por la recuperación de la economía gallega a lo largo del 2016, con un incremento del PIB superior al 3 %. Pero lo hacía con matices, dado que, como ese mismo documento recogía, el 92,5 % de los contratos que se firmaron el año pasado fueron temporales (872.891) frente al 4,5 % de indefinidos (42.737). Por eso el CES subraya que «mellorar a calidade do emprego, especialmente no que atinxe á taxa de temporalidade e á duración dos contratos, o que comporta uns baixos ingresos, debe ser prioritario para conseguir que o incremento da economía galega sexa máis inclusivo e permita mellorar o benestar».

Porque esa es la realidad; el empleo crece, pero es, sobre todo, un empleo temporal, a tiempo parcial o en precario, que condiciona el bienestar de los trabajadores que lo ejercen. Y si bien la situación mejoró relativamente este año, en el que también creció la economía gallega, lo cierto es que la tasa de temporalidad actual es de un 26,7 %, por encima de la media española. De enero a julio del 2017, el paro bajó en 30.207 personas, y la Seguridad Social ganó 32.863 cotizantes, pero el número de contratos que se firmaron en ese tiempo fue de 582.500, lo que quiere decir que rotaron entre los 32.863 empleados que consiguieron un trabajo en esos siete meses; o sea, una media de 18 contratos por cotizante. A esa elevada tasa de temporalidad se suma, tal y como advirtió recientemente la consultora Randstad, que un 15 % del trabajo que se genera en Galicia es a tiempo parcial, lo que -sumando el trabajo temporal al parcial- sitúa la tasa de precariedad en algo más de un 40 %.

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No hay duda de que la economía española muestra cierta mejora en relación al empleo. Las cifras de ocupados y afiliados van en aumento. Pero este cambio se basa en el número, no en la calidad del empleo, por lo que la situación laboral no resulta tan positiva como algunos insisten en señalar. El problema de la temporalidad sigue presente, lo estaba antes de la crisis y lo sigue estando, aunque España esté creciendo a un ritmo superior al 3 % en términos de PIB.

La Comisión Europea lleva avisando hace muchos años al Gobierno de España de la alta temporalidad del empleo, lo que se está traduciendo en una mayor polarización laboral y salarial y una menor productividad, con efectos muy importantes en la redistribución de la renta. Esta temporalidad también genera una menor recaudación para las cuentas públicas y un proyecto de vida personal y familiar más limitado para los trabajadores. Esta situación corre el grave riesgo de convertirse en estructural, a no ser que se actúe correctamente.

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El año pasado la situación fue todavía peor. Como indicaba el CES, solo el 4,6 % de los contratos que se firmaron fueron indefinidos, y de los 872.891 temporales que se registraron, 311.030 duraron menos de una semana. Es decir, que esa precariedad afectó a uno de cada tres contratos, y las condiciones de los demás tampoco mejoraron mucho; si el 34 % duraron menos de una semana, un 10 % fueron de una semana a un mes, y un 25 % se firmaron por obra y servicio, con una duración determinada que, de media, no superó los 50 días.

La situación fue peor cuando la crisis atacó con dureza, por lo que la precariedad laboral, que impide a los jóvenes que la padecen planificar su futuro y que dio lugar a la figura del pobre con empleo, es ya una larga tendencia en Galicia. Un informe elaborado por el economista y diputado de En Marea Manuel Lago constata que en esos años se firmaron en Galicia 7.702.290 contratos, y que la media de trabajadores fue de 850.000 personas, lo que da una media de 9 contratos por persona. El dato tiene trampa, porque hay que tener en cuenta que la mitad de esos trabajadores son indefinidos, por lo que la rotación de contratos se limitó a los 220.000 temporales; es decir, que, de media, cada uno de los asalariados con empleo temporal firmó 30 contratos en la última década.

No es solo un problema de la privada. El plan de austeridad que impidió a la administración contratar personal obligó a echar mano de la contratación temporal, que afectó a todos los sectores, pero sobre todo, a sanidad y educación. Javier Martínez, responsable de Sanidad en UGT-Galicia, dice que el Gobierno reconoció que en el Sergas había 7.660 plazas vacantes. «Está claro que se cubren con empleo precario, si no el sistema habría reventado». Según CC.OO., unos 3.600 docentes que empezaron el curso hace unos días son interinos y sustitutos.

La Xunta tiene activados cuatro planes para fomentar los contratos fijos

La Xunta de Galicia recuerda que en el último año la contratación subió casi un 10 %, con un incremento tanto en los contratos indefinidos como en los que son a tiempo completo. Para fomentar el empleo estable, desde la Administración autonómica se han puesto en marcha cuatro programas. El primero tiene como objetivo específico incentivar la contratación indefinida con ayudas de hasta 10.000 euros para quienes hayan agotado la prestación y para personas en riesgo de exclusión social. Otras líneas apoyan el empleo juvenil, ya sea para la contratación de menores de 30 años -con incentivos para las empresas de más de 17.000 euros- como para beneficiarse del novedoso programa Emprega Xuventude, que por primera vez combina la formación con la contratación «para mellorar a situación profesional da mocidade», indica la Xunta. A mayores, también hay ayudas para la contratación de desempleados mayores de 45 años que van de los 10.000 a los 25.000 euros.

«Empecei con 13 anos e creo que firmei uns 20 contratos»

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El estallido de la burbuja del ladrillo lo dejó en el paro, pero hasta hace poco, el compostelano Ángel Ferro no sabía lo que era estar de brazos cruzados. Eso sí, siempre acumulando un trabajo detrás del otro, porque en su sector, los contratos son por obra. «Empecei a traballar con 13 anos e se mal non recordo, creo que firmei uns 20 contratos». Los más largos, de cuatro años. «En Arzúa, en Melide, en Santiago... Sempre na construción de edificios e cando remataba un xa empezaba con outro, teño traballado os sábados e se me apuras, tamén os domingos». Esa buena racha a la que estaba acostumbrado y que le permitía sacar adelante sin problemas a sus tres hijos finalizó cuando llegó la crisis. A partir de ahí, empezó a compaginar temporadas trabajando con otras en el paro. «Pero ao principio o paro eran tres meses ou así, sempre aparecía algo, o tempo máximo que estiven sen traballar foi seis meses, ata agora, que xa non aparece nada, aínda que non perdo as esperanzas, porque estar sen traballar é aburridísimo».

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«Podes estar un tempo, pero non vas pasar a vida así»

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Finalizó la carrera de Derecho en el año 2007 y luego tuvo varias becas para hacer el doctorado. Cuatro año después, cuando acabó el tercer ciclo, Natalia Pérez Rivas empezó a encadenar contratos dependiendo siempre de la disponibilidad académica y de las posibilidades financieras de la Universidade de Santiago, sin saber nunca si el curso siguiente seguiría. Como profesora visitante de Criminología, como profesora interina a tiempo parcial en Derecho Administrativo, como profesora interina en su especialidad, Derecho Penal... «Esa é a situación na que estou desde o ano 2015, compatibilizo as clases de Dereito Penal coas de Criminoloxía, cobro 380 euros polas de Dereito e sobre 400 polas de Criminoloxía, pero non sempre, depende do mes, porque é por conferencias». Sabe que puede emigrar como hicieron otros muchos investigadores a los que se les cerraron las puertas en Galicia, «pero hai unha chantaxe, porque se marcho fóra perdo a miña antigüidade, e todos os anos din que se vai sacar a praza de Dereito Penal pero é unha promesa que se repite de ano en ano e non se cumpre».

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«Pasei por tantas que me da igual traballar no que sexa»

S. L. L.

Primero estudió Laboratorio de Imagen y después, Fotografía Artística. José Chazo, vilanovés de 27 años, lleva trabajando donde puede y como puede desde que en el año 2011 finalizó sus estudios. Y no es que se le caigan los anillos. «Traballei dando clases, como fotógrafo, facendo colaboracións, contratado para festivais de música, de camareiro, na Festa do Albariño, en hoteis nos meses de verán...» Si hace la cuenta, le dan catorce contratos, siete en el régimen de espectáculos y otros siete en otros sectores. En lo suyo, en fotografía e imagen, solo trabajó dos años y pico. «O contrato de maior duración foi en Carballo para unha empresa de produción de vídeos, e outro que tiven tamén en Vigo para outra de creación de fotografía para páxinas web. Foron as únicas veces que atopei traballo do meu, ademais das prácticas que fixen en varias empresas».

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«Me cansé de rezar para que me llamaran e hice la maleta»

S. L. L.

Es de A Rúa, tiene 31 años y es enfermera. Cuando finalizó los estudios entró en ese bucle de los contratos temporales para el Sergas. «Estuve en O Barco y en el Bierzo, siempre con contratos temporales, sustituciones de verano y de Navidad, a veces de lunes a viernes y no te pagaban los días de descanso». Tuvo más trabajos. «Hice de todo, de dependienta, de camarera, en restaurantes de comida rápida... Luego tuve un contrato fijo de teleoperadora en A Coruña, estuve tres años, pero no estaba satisfecha y pensé que si mis padres habían hecho el esfuerzo de pagarme una carrera tenía que buscar un trabajo digno de enfermera, así que me cansé de rezar para que me llamaran e hice la maleta».

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