Caolín de Vimianzo para carmín en Francia o un coche en México

La mina soneirana se ha reinventado con materiales que se desechaban en los 80 y los 90; el agua de sus lagunas se emplea para consumo humano


Carballo / La Voz

El granito, como se estudia en el colegio, está compuesto por cuarzo, mica y feldespato. Cuando se encuentran en descomposición, como ocurre en la mina de Vimianzo, este último elemento es en realidad caolín, una arcilla de color blanco con múltiples aplicaciones que ha sido la base histórica de Caolines de Vimianzo (Cavisa). La empresa fundada en 1981 por Río Tinto Minera, que hoy tiene como socio único a la italiana Veneta Mineraria, ha sabido reinventarse a base de tecnología e inversión, hasta tal punto que actualmente vive de los depósitos de materiales inservibles de los años 80 y 90.

Lo que antes no tenía salida comercial y rellenaba los huecos de la explotación, es la base de una gama de materiales que se pueden encontrar en una barra de carmín en Francia, como excipiente de una aspirina en Reino Unido o en los frenos de un coche en México. La industria de la automoción, las pinturas, la cosmética, la farmacopedia, la cerámica, los plásticos, las pistas de los caballos de carreras o las camas en las que duermen las vacas en la Costa da Morte tienen componentes que nacen de este yacimiento, donde además se destierran muchos mitos sobre el carácter contaminante de la minería, hasta el punto de que el agua que sale de sus lagunas se utiliza para abastecer a la población.

«El buen minero es el que sabe guardar en cajitas digamos, porque lo que hoy no me vale a mi quizás mañana le sirva a otro y al igual que ahora estamos viviendo con lo que guardó mi antecesor Jesús Pais, igual dentro de 20 años viene alguien que pueda utilizar lo que guardamos nosotros», explica Juan José López Muñoz, el actual director de la factoría, que detalla cómo han conseguido mantener la empresa después de dos épocas muy malas, que implicaron EREs drásticos sobre todo a raíz de que la industria papelera cambiase en gran medida el caolín por los mucho más baratos carbonatos cálcicos. Lo han hecho a base de innovación, eficiencia, productividad e inversión, porque están en el ritmo de los tres millones de euros al año, una cantidad nada desdeñable para el tamaño de la empresa, que cuenta con 30 trabajadores directos y genera al menos otra decena de indirectos.

Además, no trabajan con grandes excavadoras y camiones como antaño, sino que utilizan un método que ya usaban los romanos y que se puede ver en los programas televisivos sobre la fiebre del oro. Básicamente relavan los yacimientos ya explotados en los que saben exactamente lo que hay, qué granulometría tiene y cómo tratarlo. Una lluvia lava los pies de los taludes y convierte la arena, fina como la de la playa de Laxe, en una pulpa que es bombeada hasta la planta de tratamiento, todo controlado con cámaras y ordenadores sin que los trabajadores estén físicamente allí, lo que minimiza riesgos, costes y permite que se aproveche todo porque no hay caminos para el paso de maquinaria. A partir de ahí, la clave está en separar muy bien los diferentes materiales, que ya no salen a granel por Laxe o Cee, sino perfectamente clasificados en contenedores por Vigo y Marín con destino a Centroeuropa, América Latina, Oriente Medio o, de manera incipiente, a Europa del Este, o incluso a países en el otro extremo del mundo como Tailandia.

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