Las 20.000 manos necesarias para cortar la uva gallega

Todos los septiembres, la vendimia se convierte en un motor de empleo; bodegas y viticultores contratan a miles de personas para procesar y elaborar sus vinos

Marga es mariscadora. Irene se dedica a las tareas de limpieza. Y Silvia va trabajando en lo que buenamente le surge. Pero en el mes de septiembre, las tres tienen desde hace años un destino común: la vendimia. La recogida de uva se ha convertido en Galicia en una forma de generar ingresos extra para algunas familias. Amas de casa, estudiantes y parados de larga duración encuentran en el sector vitícola un empleo que les permite aliviar sus economías. «Hai un pouco de todo, dende xente que estuda e quere gañar un diñeiro a xente que está noutro traballo», explica José Manuel Rodríguez, presidente del consello regulador de la Ribeira Sacra. En total, un vendimiador puede sacarse entre 600 y 1.000 euros, dependiendo del tiempo que trabaje y de la labor a desempeñar.

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¿Cuánta gente pueden contratar las bodegas gallegas en esta época? La pregunta tiene difícil respuesta. En la Consellería de Traballo informan que se suelen registrar una media de entre 1.600 y 2.000 contratos de vendimiadores, dependiendo de la cosecha. En los consellos reguladores, en cambio, utilizan una fórmula que multiplica por cinco esas cifras. «Cada vendimiador recoge una media de entre 300 y 400 kilos de uva al día», explica Ramón Huidobro, secretario del consello regulador de Rías Baixas. Teniendo en cuenta que la cosecha de este año se estima en el entorno de los 37 millones y que cada jornalero está contratado una media de quince días, el resultado dice que hacen falta seis mil personas para vendimiar el albariño, cerca de diez mil en toda Galicia si la cosecha es la misma que el año pasado.

Pero esta todavía no es una cantidad definitiva. «A metade son viticultores, a outra metade contratados», explica el presidente de Ribeira Sacra, lo que reduce los jornaleros de esta denominación a medio millar. «Aproximadamente, 3.000 hectáreas son de viticultores pequeños, que vendimian ellos mismos», insisten en Rías Baixas. En el otro lado de la balanza encontramos que no solo son vendimiadores lo que contrata el sector en estas fechas. Hacen falta mozos de almacén y personal para las bodegas.

El vino, vida en Galicia

Juan Vázquez Gancedo

Pocos sectores pueden presumir de un pasado con tanta vida en el presente como la viticultura. En Medeiros, el vino ya era industria hace más de 2.200 años. Testimonio de esta importancia son los 32 lagares rupestres que en la actualidad se conservan en la ladera del castro del Muro de Medeiros. Su recuperación es de vital importancia para hacernos conscientes de la importancia histórica y cultural del vino en Galicia.

Con altos y bajos en su comercialización dictados por la propia historia, entre los siglos IX y XVII nuestros vinos se exportaban a toda Europa. Guerras y plagas de la vid pusieron en letargo en diferentes ocasiones esta actividad que hoy en día, gracias a la apuesta por la calidad y la innovación, es sustento y orgullo de numerosas familias. Así, el potencial vitícola de nuestra región es ahora indiscutible. Sus cinco denominaciones de origen (Monterrei, Rías Baixas, Ribeira Sacra, Ribeiro y Valdeorras) son ampliamente conocidas por la riqueza y variedad de sus uvas. Y es que Galicia supo apostar siempre por la recuperación de varietales autóctonos más minoritarios que, poco a poco, están siendo reconocidos por su calidad en todo el mundo.

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Sistemas de contrato

En la denominación de origen del albariño hace tiempo que las peonadas de la vendimia están en manos de empresas de trabajo temporal. «Muy pocas se arriesgan a contratar directamente», añade Huidobro. En las denominaciones ourensanas, en cambio, las altas las realizan las propias bodegas. «Nós preferimos contratar directamente», aseguran en Viña Meín, bodega de O Ribeiro. «Contratamos por día ou co salario pechado», añaden en Crego e Monaguillo, de Monterrei. Porque todo depende del método de trabajo de la bodega. «Hay empresas que solo quieren recoger todo cuanto antes mejor, trabajando ocho o nueve horas al día. Hay otras que se pasan un mes de vendimia, que solo trabajan por la mañana e incluso paran los fines de semana», insiste Huidobro. Le dan la razón en Viña Meín, donde echan de menos mano de obra cualificada. «Non é moi doado atopar xente cualificada, con experiencia», añaden.

También hay diferencia en los salarios. En Rías Baixas, por ejemplo, las peonadas se pagan por hora, entre seis y siete euros. Teniendo en cuenta que las jornadas son de ocho horas y que se trabajan unos quince días, la media que puede conseguir un vendimiador está entre los quinientos o seiscientos euros. Más ganan los que son empleados en la bodega, para la recepción de la uva. Sus salarios son más altos y hacen más horas, de ahí que el jornal pueda llegar a los mil euros por temporada. «Hay gente que empieza vendimiando en O Condado, donde se inician antes los trabajos, y cuando terminan se sube a O Salnés o al Ulla», sostiene Huidobro. Otra empieza con las grandes bodegas y termina colaborando con los pequeños viticultores. También en Ribeira Sacra un vendimiador se saca entre 50 y 60 euros por jornada. «Pódese pagar ata 90 ou 100 euros aos que teñen que sacar as caixas», explica José Manuel Rodríguez. En esta denominación hay que cargar con la uva recogida por los bancales, porque hasta ahí no llegan los tractores. Y no es tarea sencilla. Así que los que se echan al hombro las cajas de veinte kilos tienen un sueldo superior. «Moverse por esas pendentes con unha caixa ás costas é difícil», insiste el presidente.

En todo caso, la contratación de personal temporal será menor durante esta campaña, pues las heladas y el granizo han mermado las cosechas en las cuatro denominaciones del interior. Aún así, muchos serán los gallegos que volverán a recibir una paga extra en septiembre gracias a la recogida de la uva. 

«Non é doado atopar xente cualificada»

M. A.
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En Viña Meín (O Ribeiro) no vendimian buscando la cantidad, sino la calidad. De ahí que para esta labor busquen profesionales cualificados. No les resulta sencillo. «Xente realmente cualificada, que teña experiencia no campo non é doada de atopar», explica Andrés Pena, responsable de la bodega. «A maioría é xente que quere gañar uns cartos e hai determinados traballos que son físicos, pero hai outras cousas que requiren un pouco de precisión», añade.

Al contrario que en otras denominaciones de origen, las contrataciones, en esta bodega, se hacen directamente. «Recibimos algunha chamada dalgunha empresa de traballo temporal, pero así non coñeces á xente. Nos preferimos contratar directamente e que veñan falar con nós», asegura. Y argumenta que los salarios son buenos. «A xente está contenta e intenta volver todos os anos», sostiene.

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«En vendimia nada puede esperar»

M. A.
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Patricia Presas empezó en el mundo del vino como temporera. Cuando todavía era estudiante, «siempre iba a vendimiar, porque te podías sacar un dinero extra y, además, era muy divertido», relata. Ahora, como enóloga de la empresa Tecnología Enológica, se pasa el mes de septiembre recorriendo las cinco denominaciones de Galicia para ayudar a varias bodegas con la elaboración de los primeros vinos. «Todas las analíticas que hacemos no tienen espera, nada puede esperar», explica. Así que se pasan el día recogiendo muestras, de una bodega a otra, para saber si la uva está madura o si hay que corregir la acidez. A pesar de ese caos, «es un momento muy chulo». En su laboratorio tampoco son suficientes para sacar adelante todo el trabajo que se genera en esta época del año. «Siempre acabamos contratando a gente, por lo menos para la recogida de las analíticas», afirma.

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«Se podo carretar, non vendimo»

M. A.
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Vendimiar cobra otro significado en la Ribeira Sacra, donde las vides cuelgan en las orillas del río. Eso lo sabe muy bien Alberto Pérez, temporero en esta denominación gallega. Él vive siempre del viñedo, aunque en forma de temporero. «Cada tempada ten o seu. Primeiro a poda, despois o sulfato e despois a vendima», explica. Para todas esas labores lo contratan las bodegas. Reconoce que este «é un traballo intenso», pero también considera que le merece la pena.

En esta denominación suelen pagar más por cargar con las cajas que por vendimiar. Y Alberto prefiere esa primera tarea. «Se podo carrexar non vendimo», asegura, aunque eso implique pasar todo el día cargando cajas de veinte kilos. Se gana más. Además, esta tarea no puede hacerla cualquiera. «Hai que saber andar polas fincas, que non é o mesmo a ribeira co llano. Hai que andar máis paseniño, con pes de plomo», concluye.

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«Es un trabajo duro, pero no complicado»

M. A.
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Este es ya el tercer año que Carmelo García, de veinte años de edad, se pone debajo de las parras para recoger uvas en Valdeorras, en la bodega Roandi. Es estudiante, de ahí que aproveche estos días para sacarse un dinero extra que le permitirá afrontar el próximo curso. Además, como tiene experiencia, ahora ya le asignan también tareas en la bodega, lo que le permite «sacar bastante dinero», explica.

«Es un trabajo duro, porque estás al sol durante ocho horas, pero complicado no es», relata este joven natural de O Barco de Valdeorras. Acudir a la vendimia es algo natural para él, aunque asegura «que no hay muchos jóvenes de mi edad» bajo las parras. A él no le importa. «Empiezas a las siete y media de la mañana y terminas a las cuatro de la tarde», explica. Es una labor intensiva, porque hay que sacar las uvas del viñedo. Pero compensa. Lleva ya una semana de trabajo. Y confía en que, por lo menos, le queden otras dos.

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«Este ano farémola co persoal fixo»

M. A.
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No pintan muy bien las cosas en la denominación de origen Monterrei. Explica Ernesto Rodríguez, responsable de la bodega Crego e Monaguillo, que este año apenas precisará contratar ayuda externa para la labor. «Hai unha merma considerable e a vendima farémola co persoal fixo», sostiene. Como mucho, tendrá que emplear a una o dos personas, «cando o ano pasado din de alta a 25», añade.

Ya no es solo que en esta ocasión haya menos cantidad de uva, sino que «temos máis marxe para facer a vendima. Agora estamos recollendo a uva á que non lle afectou a xeada. A finais de setembro recolleremos o resto», explica este bodeguero. Eso le permitirá ir disponiendo del personal que tiene en bodega, sin necesidad de recurrir a jornaleros. Aquí, como en la mayoría de las bodegas de la provincia de Ourense, los contratos se hacen directamente. «Pagamos por día ou a salario pechado. Hai outras adegas que pagan por quilo. Hai mil sistemas», concluye.

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